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“La infancia está hecha de miedo”, asegura Miguel von Dangel

El artista irreverente por antonomasia afirmó que la infancia es violenta y desolada en el bautizo del libro sobre su niñez escrito hace años por Victoria de Stefano

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En la presentación del libro  Miguel von Dangel, niño,  resultado de conversaciones que sostuvo en 1991 y 92 con la escritora Victoria de Stefano y que se nutre de los aportes literarios y existenciales de cada uno de ellos,  no hubo anécdotas cursis de la infancia del artista. Lo más tierno podría ser la foto de  Von Dangel, niño a caballo, que estaba impresa en el afiche del evento. El discurso a dos voces de la noche vertió en temas más propios de la adultez y giró en torno a las reflexiones en retrospectiva y sin edulcorantes, del propio artista sobre su niñez.

En el marco de  “La mesa está servida” de Miguel von Dangel, una muestra de dibujos acompañada por actividades colaterales  instalada  en la Librería Lugar Común de Altamira recientemente, el viernes 4 de febrero a las 7 de la tarde tuvo lugar el bautizo del libro biográfico del artista. A manera de introducción del encuentro, el protagonista de esta hermosa edición, leyó un texto suyo:

–A lo largo de mi vida hubo momentos durante los cuales el encuentro con otros devino despedidas, situaciones curiosas por un especie de carga melancólica y de cierta nostalgia, no siempre explicable o comprensible; algo similar a encontrarse a aquello que en realidad habíamos ido a despedir, pues antes, sin saber cuándo ni cómo, no habíamos tenido  tiempo de hacerlo.  Especie de Déjà vu esta sensación, especie de intuición más bien, me sirvió para pensar, que otro tanto nos sucede con la memoria de la propia infancia, cuando la entendemos o recordamos que es lo mismo, desde  la instancia que nos separa de ella, en mi caso, me temo que casi demasiado tarde, y sin embargo me atrevo a agregar hoy  y aquí, que se trata probablemente del tiempo exacto para develar las conclusiones.

A continuación Miguel von Dangel  refiere la presencia de los niños en la vida y en los Diarios de 1988-89 de Victoria de Stefano, y de cómo ella involucraba a los pequeños a la dinámica de su jornada, repleta de actividades exigentes, como docente que era, en un tiempo “tan lleno de incertidumbre  y revueltas sociales ciertamente no menos graves a las que de nuevo nos amenazan a la vuelta de la esquina”.

–Entre líneas hay un  color de imágenes de cierta domesticidad – lee el artista mirando de reojo a su compañera en el panel – que van componiendo, por decirlo de algún modo, la trama de  la narración de algún cuento que les dice o les cuenta al llevarlos a dormir, para luego retirarse a dormir cansada no sin antes añadir alguna página a su diario.

En este punto Miguel von Dangel establece un símil entre el poeta Reine María Rilke en su obra Las historias del Buen Dios con la costumbre de la escritora de contarle relatos a los niños,  y se detiene en el propósito de Rilke  de hablarle a los pequeños de la presencia de Dios de tal manera  que ellos pudieran entenderlo y concebirlo. Sobre el mismo orden de ideas, y esta vez apelando al  Evangelio, el artista  hace un llamado a rescatar y reunirnos  con el niño que dejamos de ser y a reconciliarnos con él.

A distancia de años, Von Dangel se disculpa con Victoria De Stefano por la aspereza que mostró en algún momento de la entrevista que dio lugar al libro hace años. Le agradece a la autora de parte de su biografía, haberle sensibilizado con el tema de la infancia entre otros asuntos  y haberle contado su versión de algunos aspectos de su niñez que él mismo desconocía.  Admite que  “esas reflexiones dieron paso a consideraciones sobre la infancia de nuestra sociedad y cultura, en especial de la niñez frustrada  de nuestra experiencia democrática, tan traumática como toda insipiencia vital, al punto de reconocerla injuriada como para sentir e intentar transmitir, la misma urgencia de recuperar lo que nos ha sido arrebatado, miserablemente, por las fuerzas del mal”.

A continuación toma el micrófono De Stefano y a manera de inciso, aclara que los niños que aparecen en sus diarios y que menciona el artista, son sus nietos. Señala además que a finales de los 80 y comienzos de los 90,  ella daba clases en la Escuela de Arte a grupos de hasta 130 alumnos que a veces acudían en compañía de hijos, amigos o con sus parejas  al área del anfiteatro de la escuela y eras clases muy exigentes.

–El primer libro de la colección que incluye la primera edición de  Miguel von Dangel, niño – señala De Stefano –  fue Jesús Soto,niño escrito por José Balza, luego se publicó  Manuel Cabré, niño de Alberto Mengual, y despúes el mío. Yo elegí a Miguel,  porque había  estado en su casa  con cierta frecuencia, conocía su ambiente, conocía su obra, fui a visitarlo varias veces con Roberto  Obregón, Álvaro Sotillo y otros amigos. Yo sentía  que una aproximación literaria mía a un artista debía ser interesante y  además tenía a mi favor el hecho de que Miguel estaba a la mano. Un día me preguntó por qué no tenía una grabadora.  Yo pensé que era porque tenía la cabeza muy bien afinada. Siempre, he tenido muy buena memoria y desde el comienzo conversando con Miguel, me di cuenta cómo se expresaba  claramente; no tenía ninguna ambigüedad y puede ser escritor, porque su pensamiento está organizado sintáctica y gramaticalmente. Entonces  me era fácil escucharlo  y si no reproducía sus palabras textualmente, en esencia sí.

–Cuando el curador de La mesa está servida, Álvaro Mata, me dijo que esta noche teníamos que hablar de Miguel von Dangel, niño – continúa De Stefano -yo estaba asustada porque  no lo había leído en muchos tiempo pero lo hice y me gustó muchísismo.  Hicimos bien el trabajo. Es que hubo una vibración empática, nos abrimos mutuamente, creo que fue un verdadero diálogo. Todo lo que me dijo de su padre, y de su madre… Yo reviví la belleza del Petare, natural, rural. De la Hacienda de La Urbina, donde ellos se instalaron. Esa relación de él con la naturaleza, de ese  amor de él por la naturaleza, e incluso de cuando habla de su padre y de la habilidad manual y curiosidad por la materialidad de los elementos  que él hereda y  pasan a  a formar parte de su obra plástica y de todos los trabajos que hizo posteriormente.

–El libro – revela su autora –  no salió  hasta el año 1994. La explicación que yo encuentro es que el éxito de Von Dangel se hace tangible del 90 en adelante. Para entonces ya está  La Batalla de San Román, él recibe el Premio Nacional de Artes Plásticas, participa en la Bienal de Venecia. Significa que  el libro se publica solo cuando el artista ya ha logrado el reconocimiento social. Alberto Márquez corrigió el original  y asegura que el retraso de años en su publicación se debió a problemas presupuestarios en la editorial, pero  lo extraño es que de los mil ejemplares de la edición nosotros apenas llegamos a ver dos. El libro no se distribuyó.

–Perdona, no quiero interrumpirte – dice Miguel von Dangel –  pero son demasiadas coincidencias como para no pensar mal de algún modo. Ese libro sin duda  anticipa el Premio Nacional, La Batalla de San Román, anticipa la importancia de un autor y anticipó hasta este momento en el cual lo estamos bautizando. Pero, ¿qué pasó con ese libro? Es posible que los malos de la película que siempre existen, no permitieron que e circulara a tiempo. Además, gracias a una persona que prefiero mantener en el anonimato, nosotros conseguimos 300 libros de éstos en un depósito de la GAN  y no me extraña que 500 o 600 se echaran a  la basura. Esa es la situación cuando los artistas son incómodos a ciertas esferas. Lo digo porque los dos libros precedentes de la misma colección, no corrieron la misma suerte. Es por eso que celebro estar aquí, en este encuentro, al margen de la mala fe de quienes  lo quisieron censurar.

–Hay algo de misterioso en este libro– le dice el artista irreverente a la escritora y al  público –  por ejemplo; yo no de dónde sacaste esa caterva de datos históricos  de la edad media alemana. Creo que es  absolutamente excepcional que en nuestro medio, incluso académico,  alguien tenga tantos conocimientos y de tanta profundidad en relación a ciertos tópicos, sobre todo en un país también católico, en tanto que yo soy luterano, lo cual es una complicación adicional  en la comprensión de cualquiera. Me asombra que hayas tenido la capacidad de sintetizar mi religiosidad, de buenas a primera.

–Yo creo que la parte donde hablas de tu madre, la bella Susana Hertrich y de la religión Luterana – rebate Victoria de Stefano- es la más importante del libro, con la cual  empaticé  porque precisamente  en esa época yo estudiaba  mucho el tema del Renacimiento, La Reforma y la Contrarreforma, y todas las formas de rupturas y sismas religiosos en la Europa del siglo XVI y XVII. Me llegaba mucho todo eso que al mismo tiempo marca tu personalidad,  tu manera de afrontar el mundo y  de cómo te relacionas  con tu obra.

Para cerrar con broche de oro la presentación de  Miguel von Dangel, niño, él artista lee su introducción, un texto que refleja el pensamiento del creador sobre la infancia y  aquí lo resumimos  conforme a una nota periodística.

“La infancia es la falsa memoria de una etapa sobrevivida. Es real cuando se la vive. Falsa e infeliz cuando se la observa, falsa y feliz cuando se la recuerda. En ningún caso puede ser un refugio. No me gustan las palmarias nostálgicas, ese tono dulzón y adulatorio con el que se pretende narrarla. Es inútil . No me gusta que se adultere la vida. La vida es lo que se. No se la puede inflar de romanticismo, la realidad  tal como es vale mucho, mucho más que estimulante que cualquier ilusión retrospectiva”, escribe para empezar.

“La mía no es la infancia del Niño Jesús, ninguna infancia lo es. Idílica, inocente, insuperable;  no, no me convence. Violenta y desolada sí que lo es. ¿Por qué sacralizarla entonces? No hay manera de reconvertir el Orinoco en un arroyuelo suizo. Tampoco hay manera de hacer  de ese mundo miserable, un paraíso, una añoranza (…)La infancia está hecha de miedo, miedo puro. Los fantasmas vendrán después, los fantasmas sobrecogen, pero el miedo paraliza, y cuando se es niño el miedo  está brutalmente presente en cada centímetro de piel en cada poro, perentoriamente”, subraya luego.

Lo que predomina por sobre todas las cosas es el miedo, miedo a equivocarse, miedo a no aferrar el mandato, miedo a no conciliar nuestra interioridad  con las leyes que vienen del exterior, miedo a su sentido elíptico a las sutileza temerosas que alberga, miedo al castigo  que nos amenaza desde todas partes, miedo a la vida en pocas palabras. Pero  el instinto de conversación vence siempre y así sobre vivimos  sumariamente por ser algo imperioso no sabe de eufemismos, tambaleantes  aún somos arrojados a la vida por la vida misma- concluye.