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 La Mamma: no hay que temerle como público y hay que estar preparado como actor

La más reciente obra del actor, director y dramaturgo Luigi Sciamanna se presenta en el Espacio Plural del Trasnocho Cultural hasta el próximo fin de semana y nos traslada a la Italia de 1945, cuando “una madre espera por su hijo, un pueblo, por su libertad y el continente por el fin de la guerra”. La pieza teatral inspira a la mujer y qué mejor ocasión para conversar con la protagonista Natallie Cortéz

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 La situación de La Mamma es un clásico: una madre espera, en 1945, el final de la guerra y el regreso de su hijo del frente de batalla. Se trata de una revisión a través del drama y la comedia, de la posición de la mujer y sus arquetipos durante el período de la guerra.

Como antecedentes de esta presentación encontramos a  La novia del giganteestrenada en 2012,  en la cual Sciamanna se situó en un capítulo de la historia italiana a través de una mujer judía de la clase media en 1938. En 400 sacos de arena, estrenada en 2014, abordaba el tema femenino, a través de mujeres anónimas y no por eso menos trabajadoras y sacrificadas , de una comunidad de monjas. Ahora con La Mamma propone el tema de la mujer en el campo. La mujer que está sola mientras los hombres está en el frente de batalla. En este caso en Abruzzo, zona central de Italia y donde se inició además el movimiento partisano.

La soledad, el hambre, la guerra, el amor, los arquetipos femeninos, la crisis de las instituciones, lo femenino, lo masculino, el dolor, la espera, los desplazados y los desclasados, el pensamiento religioso, el pensamiento mágico y la esperanza. Para algunos, la guerra termina, para otros, con el final la guerra apenas comienza.

Sobre Natallie Cortéz, la protagonista de La Mamma, recae buena parte de la responsabilidad de la obra. Ella asume ese compromiso desde su experiencia como madre y como actriz con  fortaleza.

-¿Qué hay de La Mamma en ti? – le pregunto a Natallie Cortéz

-Hay mucho de La Mamma en mí, porque soy madre y desde siempre pensé y creí que ese poema de Andrés Eloy Blanco,“cuando se tiene un hijo, se tiene todos los hijos del mundo”, era totalmente cierto. También porque amo entrañablemente a mis hijos y me duelen mucho los hijos de otras madres, sacrificados por los tiempos de guerra que vivimos.

-¿Cómo fue la preparación para un tren que se traslada en 180 minutos?

-Lo más importante desde el primer día fue y sigue siendo, administrar las emociones. Sin duda alguna es  un personaje desgarrador y es difícil no quedarse pegado en la emoción. En ese sentido hay espectadores amigos que han visto la obra, la aman y la defienden, pero pese a apoyarla dicen que es una obra cruel, y ciertamente hay una gran crueldad en lo que se cuenta y hay mucho de dolor en lo que vive este personaje. Creo que interiorizar la circunstancia volátil que se narra en la obra, y la actividad física agotadora que me exige esta  actuación, me han ayudado a mantener los pies sobre la tierra.

-No creo que exista una preparación específica – continúa Natallie Cortéz-   sí en la experiencia, y quiero recalcar que estoy dedicada desde el mes de enero, a un proyecto y un personaje, celoso y demandante que exige toda mi energía, para poder representarlo como si fuese el último y el primer día de su vida,  Sobre el escenario no puede notarse el agotamiento en la voz o en los movimientos que hace el personaje y afortunadamente no hay otra forma de abordarlo porque  lo contrario significaría que como actriz, no estaría dando el cien por ciento.

-¿Habías viajado para Italia?

-Afortunadamente conozco esta región de Italia, tuve la suerte de pasar 15 días en el sur de Italia, pasé por todos esos pueblos que de alguna forma casi mágica, mantienen la arquitectura de antaño, la estrechez de las calles e incluso las abuelas no han cambiado su forma de vestir. Algo de todo eso lo utilizo en la obra, porque imagino cómo te sientes si tiene más de 60 o 70 años probablemente vestida de negro cerrado con pañoleta, Allí todo el mundo sabe  de la vida de todo el mundo y opina, de eso también  hay bastante en la obra.

-¿Una pieza de 3 horas para una generación de 1 minuto?

-Es imprescindible para esta generación estar conscientes de nuestra historia porque eso nos prepara o por lo menos nos da luces, para tratar de evitar repetirla, aún cuando ésto no ha sido del todo efectivo ; una prueba es lo cíclico que es la historia de la humanidad, pero: 1, 2, 3, 5, 10 de los que vean  que sucede en La Mamma  a mediados del siglo pasado y comparan con lo que sucede en nuestro país y en varios países del mundo, donde un grupo pretende tener la razón y por ello  oprimir o someter al otro grupo, si al menos 10 personas toman conciencia  de esa realidad, esas 10 personas pueden ser factores de cambio  y es una de las razones para hacer arte.

-¿Cómo es la convivencia teatral?

-Hay proyectos y obras de teatro. Luego de haber intervenido en 100 obras, he desarrollado  una técnica o una forma muy personal de abordar los proyectos de teatro, aunque esto le duela a los dueños del proyecto. Me hago a la idea de que  es simplemente una obra más, una obra más de las 120 que ya hice, y de las 1000 que me falta por hacer. Desde ésta perspectiva, es un poco más fácil no dejarse arrastrar por asuntos particulares. Hay proyectos en los que uno adopta personas que se quedan en tu vida para siempre, hay proyectos en el que creas relaciones cordiales de trabajo como cualquier profesional. Me comporto de manera educada y civilizada pero luego “Calabaza, calabaza, cada quien va para su casa”. Es importante que el elenco comparta para crear vínculos, conocerse, me gusta la sensación que voy a trabajar con profesionales que respetan los límites del trabajo, en general creo que es un proceso bastante grato. Creo no haber caído, con la responsabilidad de ser una líder, “ la punta de lanza” como una vez me dijo Sciamanna, en provocaciones por tontería grandes o pequeñas.  Tenemos una pauta marcada y ya. Uno no va a los ensayos  a hacer terapia, la terapia se hace en casa.

En esta foto de Ernesto Costante, «Adalgisa», Natallie Cortéz  y el padre «Amedeo»,  Diamil Jassir, comparten amistosamente pero no otras no es así.  

-¿Momentos que disfrutas mucho en la pieza?

– Sí hay momento entrañables y son como pilares para mí.En los dos primeros meses de ensayo, construí mi mapa mental de Adalgisa, Cuando llega el momento del enfrentamiento con el Padre Amedeo y ella comenta ,“sobre todo como es posible que la iglesia bendiga un cañón”  ese momento ya me marca que estoy en la primera cuarta parte de la obra. Cuando llega la escena, donde  estoy a solas con Renato, a pesar de ser una escena muda, me permite un respiro y también mostrar otra fase del personaje. La escena del Alemán, para nosotros y el público, además de tener a Verónica como cómplice, gracias al respeto y a la confianza en escena entre nosotras, me divierte muchísimo, además  Larisa y los dos galanes alemanes lo hacen delicioso, de una pasión maravillosa y juvenil que no necesita palabras. Me voy cargando para el final, y cuando la obra está accidentada, de alguna manera afecta mi desempeño y concentración. En esos momentos me imagino que sentirán los corredores de maratón para quienes todo depende del rendimiento y su desempeño en  los primero kilómetros.En mi opinión, en el teatro es fundamental que la obra fluya, y la detonación va a depender de lo que hagamos.

-¿Es la obra más larga en la que has actuado?

-No es la obra más larga, en la compañía hicimos Don Juan Tenorio con Miguel Narros director del Teatro Nacional de Madrid. En esa oportunidad yo no era la responsable, por ejemplo: yo no era Don Juan Tenorio, en aquel momento lo hacía Marcelo Rodríguez y  de pronto hacia cosas como ésta. Cuando el sentía que había poco público o la gente aburría , cortaba, editaba y hacia que el resto del elenco tuviéramos que pegar carreras  en el cambio de vestuario, de pronto teníamos que pasar de la página 15 a la 20 y nos tocaba correr.  Yo disfrutaba las obras de Carlos Giménez, que era  necesario ir a ver, y luego comentarlas. Creo que no hay que temerle como público y hay que estar preparado como actor.

Leda . Larisa González,quiere ser madre y para saber los pormenores de la historia hay que ver el montaje de La Mamma en el Espacio Plural del Trasnocho

Sinopsis Teatral

En un pueblo de la Italia central, en Abruzzo, Adalgisa Dattoli Silvetti (Natallie Cortéz) espera el regreso del frente de batalla de su hijo Benito. En secreto, y sólo asistida por el Padre Amedeo (Djamil Jassir) escribe cartas al dictador italiano. Pero Amedeo, junto a Splendora (Verónica Arellano) y la joven Leda (Larisa González); ignoran el secreto que Adalgisa guarda muy bien: Renato (Armando Cabrera) el hombre encargado de entregar las cartas. Junto con su amiga Splendora, Adalgisa se ha propuesto cumplir con el deseo de la joven Leda quien desea tener un hijo. Esta tarea cambia, la noche en que Eugen (Ricardo Lira y Alexander Kaas), un joven desertor alemán, entran a la casa de Adalgisa y la trama continúa hasta su desenlace.

 

Punto Extra

A Luigi Sciamanna se le dio el reconocimiento en la quinta edición del joven Civitanova Film Festival al Mejor Actor por la participación en Lucy, el cortometraje de Roberto Gutiérrez que continúa visitando festivales por el mundo mientras  alistaba la presentación de La Mamma el domingo 9 de junio.

Producción, dirección y puesta en escena: Luigi Sciamanna. Vestuario: Raquel Ríos. Peluquería y Tocados: David Morales. Realización de puertas y chimenea: Escenografía Ya/Taller de Anthony Castillo. Mezcla de sonido: Giorgio Santorsola. Fotografía: Ernesto Costante. Comida en escena y coordinación de escenario: Edisson Spinetti. Asistente de dirección y cabina: Rafael Barazarte. Asistente de producción y transporte: Rafael Carrillo.

La Mamma se presenta en el Espacio Plural del Trasnocho Cultural este y el próximo fin de semana ,el viernes a las 7:30 pm. sábados y domingos a las 7:00 pm. Las entradas pueden conseguirlas en www.trasnochocultural.com

 

Todas las fotos son cortesía  de Rafael Barazarte y de Prensa Trasnocho Cultural.