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La piedra oscura: una reflexión para hacer huir el silencio

María Carolina García descifra en "La piedra oscura" de Alberto Conejero y en la representación teatral de Héctor Manrique, tres asuntos principales ; el reconocimiento del otro al margen de las diferencias, el rechazo a la guerra y la necesidad de preservar la memoria. Además el autor de la obra arroja luz en el hombre que fue Federico García Lorca

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El Grupo Actoral 80 trae, de la mano de Héctor Manrique,  La piedra oscura de Alberto Conejero. El Espacio Plural de Trasnocho Cultural se transforma en una habitación de hospital, en ella nos encontramos con Daniel Rodríguez y Wadih Hadaya, quienes encarnan a Rafael Rodríguez Raput –el último amante de Federico García Lorca- y un soldado del ejército nacionalista en el contexto de la Guerra Civil española (1936-1939).

El espacio escénico está concebido de un modo muy simple y eficiente, el aspecto desvencijado de las paredes de esa habitación es un síntoma del deterioro y de la condición precaria en la que se encuentra España durante el conflicto bélico. Además, de que se intuye una intención pictórica en la puesta en escena porque es difícil encontrarse frente a ese lugar y no sentir la resonancia de Miranda en la Carraca de Arturo Michelena. Una paleta de ocres y grises gesta la atmósfera tensa de la prisión compartida.

Sebastián es un joven músico transformado en soldado habla de los aviones como una bandada de hermosos pájaros negros que sobrevolaban el pueblo y de cómo la guerra era el medio para la obtención de la paz. El problema es que las bombas no distinguen entre ‘rojos’ o ‘nacionales’, los acaba a todos. Esta primera imagen me hizo, inevitablemente, pensar en Guernica de Picasso. Un joven lleno de ilusiones suspendidas por causa del conflicto encuentra un interlocutor para su miedo y su timidez: Rodríguez Raput. Este es el prisionero al que debe cuidar, porque se encuentra malherido, ha sido víctima de torturas. En esa coincidencia se revelan sus sueños y sus culpas, la habitación se transforma en confesionario y los enemigos dejan de serlo al conectar con la humanidad en ellos.

Daniel Rodríguez interpreta  a Rafael Rodríguez Rapún, el último amante de Federico García Lorca

Esta pieza de Conejero nos hace reflexionar en torno a varios asuntos: la intersubjetividad, la convicción y la memoria.

Cuando pienso en la intersubjetividad, lo hago haciendo énfasis en el modo en el que logramos acercarnos al otro de forma honesta, es decir, cómo nos aproximamos reconociendo la valía de sus sistema de valores aunque no sea igual al mío. Creo que en primera instancia esta es la apuesta de Héctor Manrique en sus últimos trabajos porque tengo la sensación de que aspira, honestamente, a la reconciliación nacional a la luz de nuestro quiebre como sociedad.

Estos dos hombres representan dos bandos enemigos que atraviesan el mismo dolor, los dos son prisioneros de un enfrentamiento producido por otros, que del debate de ideas pasaron a la sangre, una sangre derramada por conceptos ennoblecidos y empleados para esconder el objetivo real, la lucha por el poder. Ni republicanos ni nacionales tenían el derecho a extinguir las vidas de una generación marcada por los desastres de la guerra.

Wadih Hadaya, es el soldado que custodia a Rodríguez Rapún en el montaje del Grupo Actoral 80

 

Sebastián habla poco pero cuando lo hace revela algo crucial para comprender la naturaleza del personaje, él está allí por el deber, porque se lo debe a su madre muerta en el bombardeo, cree que su sistema de valores es el correcto y se aferra a la fe en Cristo para no desfallecer ante el horror. Sus convicciones que poco o nada tienen que ver con lo que significa la guerra, lo conducen a ejecutar un gesto de caridad cristiana, es allí donde se enlazan sus destinos para siempre: Sebastián le lava los pies a Rafael. Esta es una bella imagen, hermosamente iluminada, es el punto de partida para producir la reconciliación definitiva.

La voz off de Sócrates Serrano nos revela el mundo interior de Federico García Lorca, la lectura de sus cartas para Rafael produjeron conmoción en los espectadores en la sala porque evidencian la sutil expresión de un fidedigno sentimiento amoroso. Rafael, conserva una consigo y se la muestra a Sebastián a quien ha convertido en una suerte de confesor. Allí el autor propone una interesante preocupación por la memoria como espacio de emancipación. El mayor temor de Rafael es que las obras de teatro y los poemas de Lorca, que habían quedado a su cargo, se pierdan, y con ello se extinga de manera definitiva la memoria del poeta andaluz. ¿Por qué era importante salvar esos textos, qué contenían? Uno de ellos, en particular, es el que me resulta más interesante: El público. En esa pieza Lorca esboza un planteamiento sobre la escena y sobre la construcción dramática, por ello habla sobre el teatro bajo la arena y el teatro sobre la arena. Cuando hace esta distinción, demanda de creadores y espectadores un compromiso con sus convicciones, redimensiona el símbolo y la poesía se transforma en una herramienta para la crítica social.

El elenco de ” La Piedra oscura” encabezado por el director Héctor Manrique

 

La piedra oscura es otro de los textos teatrales que fueron encomendados a Rodríguez Raput y que estaban ocultos en el piso de Alcalá, lugar que fue testigo del amor entre ambos. Conejero pone en boca de Rafael un texto portador del espíritu de la novia de Bodas de Sangre. Para él Federico era como una fuerza que lo arrastraba, solo bastaba verle sonreír para estar absolutamente convencido de que cada minuto junto a él le ensanchaba el alma y lo hacía invisible. Pero la sociedad los empezaba a señalar y por eso huyó de su lado.

Lo interesante es que, tal vez, hoy más que nunca Lorca nos sigue hablando, continúa siendo universal. Conejero en una inteligente estrategia dramática pone al relieve temas en torno a la condición humana. Lo metateatral y metareferencial hacen de esta pieza un hermoso homenaje a la memoria de Federico García Lorca, su preocupación por el teatro y la condición humana, eso sí, sin embeleso ni apologías. Esto último me resulta importante porque no se insiste en mitificar al poeta sino dar cuenta de su mundo privado, arroja luz sobre el hombre y no en su condición de mártir.

 

Todas las fotos son cortesía de Rafael Barazarte