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La sanguinaria semántica sobre Dios

"Un vampiro en Maracaibo" de Norberto José Olivar (Ediciones B, 2017); es una novela donde la figura sobrenatural del vampiro es la excusa perfecta para cuestionar a Dios

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Ernesto (el protagonista) es un historiador y escritor que trata de ajustarse a su nueva vida: se ha separado de su mujer y vive en un apartamento de pequeñas dimensiones; donde los libros, la escritura y el amor de sus dos hijos lo mantienen a flote. Suele reunirse al final del día en el café-bar Irama, junto a sus amigos Sergio y Francisco. Los tres se hacen llamar “la comunidad” (haciendo referencia a la primera parte de la trilogía del Señor de los anillos escrita por J. R. R. Tolkien), sus conversaciones giran en torno a la literatura y las mujeres. Ernesto desea escribir, tiene la necesidad de hacerlo, pero no encuentra el tema que le permita acabar con el silencio del papel.

Para él escribir es un asunto de vida o muerte, es la única alternativa que tiene para ordenar su vida: (…) Sé que puedo construir una historia de la que se desprendan otras, pero… ¿y si no escribo una línea más?, ¿qué tal si me vuelvo un Bartleby vilamatiano? Alejarse de la ficción es una forma de resguardarse. Las novelas dejan marcas en la cara. Son una especie de granadas fragmentarias. (p.17).

En una librería le recomiendan La historiadora de Elizabeth Kostova (Umbriel Editores, 2005); novela que mezcla la ficción con fundamentos históricos sobre la vida de Vlad Tepes “El empalador”, sangriento personaje que dio origen a la leyenda de Drácula. El libro acciona el dispositivo de la inspiración y Ernesto decide escribir sobre el tema de los vampiros; dando comienzo a una investigación: hurgando en los archivos del diario local Panorama, viaja al pasado hasta 1975, el año de un horrendo asesinato perpetrado por Zacarías Ortega, un hombre llamado “El vampiro del lago”.

Apoyándose en el testimonio de Jeremías Morales (excomisario encargado del extraño caso) y de las notas periodísticas, el protagonista reconstruye los horribles acontecimientos que sembraron el miedo en la ciudad.

En Un vampiro en Maracaibo se cuestiona el accionar de Dios, el creador del bien que por alguna extraña razón— ¿perversidad, locura?—decidió crear el mal. Sin pecado no existe la historia: Si Dios, cuando terminó de hacer el mundo, vio que era bueno, ¿por qué demonios tuvo que poner el árbol prohibido en medio del Edén?, ¿por qué sembrar el mal de esta manera tan burda? Eso en mi criterio, es la primera maldad que se comete en este planeta. (p.96).

El autor establece similitudes entre las costumbres y ritos del cristianismo con el vampirismo: ambos consumen la sangre de otro ser. En un acto simbólico, a través de la ingesta de vino, los creyentes del cristianismo beben la sangre de Cristo. Se convierten (quieran, o no) en vampiros que sacian su sed en  busca de la eternidad. Al igual que el hijo de Dios, el vampiro es inmortal, un ser sobrenatural que reencarna una y otra vez.

unnamed-4Entre las distintas referencias que aparecen en la historia, se destaca la mención (en varias oportunidades) del libro Los vampiros psíquicos de Joe Slate (Llewelyn Publications, 2002); peculiar texto sobre estos seres que habitan en la oscuridad; argumentando que no solo consumen sangre, que también se alimentan de la energía vital de sus víctimas.

Un dato curioso es la proyección del “yo” del autor en la figura de Ernesto (protagonista de la historia); al igual que Norberto José Olivar (el autor), el personaje es historiador y escritor. Ambos comparten (en el plano real y en la ficción) la autoría de una novela: El fantasma de la caballero (Rojo y Negro Taller de Editores, 2006).

En su conjunto Un vampiro en Maracaibo es una obra entretenida, que se desplaza entre el género noir y la narrativa gótica (templos, cementerios y rincones oscuros). Olivar, en su ficción, plasma un conjunto de reflexiones sobre la escritura (el proceso creativo), y una serie de interrogantes sobre los orígenes del mal.

 

 

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