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Slavko Zupcic : Todo lo que se ha escrito, con dos excepciones, es transgenérico

Para Slavko Zupcic , el ganador del XVIII edición del Premio Anual Transgenérico auspiciado por la Fundación para la Cultura Urbana, la literatura es magia y sueño.

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Confieso que la primera vez que escuché el nombre de Premio Transgenérico, le pregunté en voz baja a mi hija, si era un premio sólo para autores con doble identidad. Ella me respondió que ese término refiere la coexistencia en un mismo texto de varios géneros literarios.
Por eso, hoy le  pregunto a Slavko Zupcic ganador del Premio XVIII edición del  Premio Anual Transgenérico de Literatura de 2019 en esta conversación por correo electrónico : ¿Cómo gestó y cultivó en su escritura la tendencia a ensamblar diversos géneros literarios?
-La explicación que da tu hija habla de su inteligencia. A mí, en cambio, hoy un traumatólogo muy burro me preguntó si lo de transgenérico tenía que ver con cambio de sexo. Le expliqué lo que creo: que toda la literatura, todo lo que ha sido escrito con la excepción de algún haiku y de El cantar de los cantares, todo es transgenérico porque en una novela hay muchos poemas sueltos y un poema aunque breve siempre resume por lo menos una novela. Así es y ha sido siempre la literatura en la que creo: así la leo y así la escribo desde que en la adolescencia, contraje este virus incurable y comencé mi historia clínica, mi autohistoria, diciéndome que quería ser un escritor.
Revisando rápidamente algunos textos de su blog, que presenta con el nombre de Cuartientos. ( Ni cuentos ni artículos. Tampoco articuentos o cuentartículos.) encontré un denominador común: la indefinición o lo impredecible que pueden ser las cosas desde su óptica. Este criterio aplica a la política, a la identidad del niño Jesús o la atemporalidad en la literatura (escribir un poema puede tardar una vida),por ejemplo. ¿Podría referirse a este enfoque en sus relatos?
-La literatura es magia y sueño. Juega, funde y fusiona. Puedes pensar la primera y la segunda líneas, si eres avispado la tercera y la última, pero es el espíritu literario quien prescribe y ordena. Lo impredecible en lo escrito no lo impone el escritor sino la escritura misma. No depende de ti ni de mí. Quien escribe es, en el momento de la escritura, es instrumento de todo lo que ha leído y escrito previamente.
Además, la lectura de los textos, me permitió apreciar el cuido que le dedica a la información que emplea, siempre muy precisa y se nota un estilo literario directo, explícito. ¿Cómo define su estilo literario?
-Con los años, los hijos y el trabajo, cada vez soy más directo. Es cierto. Se aprende a domar el espíritu, pero no se pretende hacerlo totalmente. Apenas un poquito. A mí me gusta leer y escribir textos con vocación de juego. Pienso en un libro como si se tratase de un rompecabezas que no quiero completar en lo explícito, ¿lo editado?, sino en lo que sucede luego a partir de su lectura en la cabeza del lector. Juego, emociones, inteligencia. En Curso (rápido y sentimental) de italiano, amor, mucho amor.
Es médico psiquiatra ¿en qué medida su profesión incide es su obra literaria?
-Soy médico psiquiatra y médico del trabajo. Soy también doctor en historia de la medicina. Pero fundamentalmente soy médico y, cada vez más, un animal hospitalario al que llamo medritor, por médico y escritor. Hay escritores que necesitan el bar, la calle o la biblioteca para seguir escribiendo. A mí me basta el hospital: allí hay vida y esperanza, dolor, agonía y muerte. El hospital es un libro nuevo cada día, un libro por descubrir. Desde hace casi quince años me lo digo todos los días: la literatura me ayuda a mejorar como médico y la medicina a crecer como escritor.
-¿Estar en contacto con el sufrimiento de las personas tuvo que ver con su deseo de escribir?
-Realmente no fue así, al menos no inicialmente. Yo publiqué mi primer libro de cuentos a los 19 años de edad cuando del sufrimiento sólo conocía las clases de anatomía. Lo que sí es cierto es que la decisión de estudiar medicina la tomé a los catorce años, después de leer una novela de Sinclair Lewis, Arroswmith, una novela que aunque tengo en varias ediciones no me atrevo a volver a leer por miedo a dejarlo, como si se tratara de un cuento de Miguel Gomes.

El jurado del Premio Anual Transgenérico, conformado por la historiadora Inés Quintero,el crítico literario Carlos Sandoval y el escritor Alberto Hernández le otorgó el premio a Zupcic por unanimidad. Foto cortesía de Slavko Zupcic

– ¿Cómo es la estructura de la novela premiada? ¿Cuál es la historia que narra?
Curso (rápido y sentimental) de italiano es una novela que gracias a las particularidades de su personaje, Youseff Benalfi, se centra en las posibilidades amorosas de dos personas que provienen de mundos distintos, aparentemente contrapuestos. Dentro de ella, Youseff Benalfi incluye otros dos libros fragmentarios. Los temas fundamentales son el amor y esta especie de otredad, a veces maravillosa, otras terrible, que es la extranjeridad.
– ¿Cuáles son los antecedentes de esta obra?
-Es un libro que habría sido imposible escribir sin ser devoto (no he dicho lector, he dicho devoto) de El extranjero de Camus, Retorno a Ítaca de Cavafis y, para que tiemblen los puristas, El Padrino, de Mario Puzo.
¿Qué autores le inspiran o acompañan?
-Todos los libros que he leído, todos, sin excepción, los buenos y los malos, los malísimos quizá no. Fundamentalmente, por ser las obras fundacionales de la medritura, Berlin AlexanderPlatz de Alfred Döblin y Cristo si é fermato a Eboli de Carlo Levi. Y los libros de mis amigos.
¿Usted es de los que piensa que las crisis existenciales o del país entero, favorecen o anulan, la creatividad de intelectuales y artistas?
-No hay nada peor que una crisis. Lo ideal sería no vivirlas nunca. De bueno solo tienen la posibilidad de, una vez superada, pasar página y refundarse.
– ¿Cómo evalúa la narrativa en la Venezuela actual? ¿Cree que refleja la realidad?
-Venezuela antes exportaba petróleo, boxeadores y reinas de belleza. Ahora tiene narradores brillantes y valientes: adoro la escritura de José Balza, Ednodio Quintero, Victoria De Stefano, Juan Carlos Méndez Guédez y Juan Carlos Chirinos. En nuestra narrativa hay, cómo no, como tiene que ser, libros que reflejan la realidad y otros que permiten sublimarla. No solo de realidad vive el hombre. Necesitamos pan y circo, pero fundamentalmente fantasía.
-¿Y, cómo podrían los escritores y artistas venezolanos entender y aprender, definir o predecir, la historia y la política de un país como el nuestro gobernado desde el exterior por otros países, potencias o carteles?
-El escritor es un ciudadano más que sufre las enfermedades del país. Puede ayudar a comprender y definir, quizá incluso predecir, pero no olvidemos que de todos los psicópatas el escritor es el más sano porque sublima.
-¿Cómo escribe? ¿Tiene alguna anécdota sobre esa alegría suya?
-Yo escribo en todas partes. En el tren rumbo al hospital, en una libretita azul que guardo en el primer cajón del escritorio cuando un paciente no acude, en el celular mientras espero a los hijos a la salida del colegio, mientras espero que la masa del pan levite engañando a la levadura con el bombillo del horno. No hay anécdotas porque es la vida toda. De los cuarenta y ocho años vividos ya van treinta y cinco dedicados a soñar y escribir, pensando en títulos y proyectos, apartando la libreta o la computadora y apurando los minutos para volver sentarme frente a ella y escribir otra vez porque la literatura es fuego y aire, agua dulce y amor, maravilla y sufrimiento, vida pura, magia absoluta.