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Lector metálico: La atemporal prosa de Elisa Lerner

La polifacética escritora considera que la literatura, la introspección y la memoria, van de la mano

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Así que pasen cien años de Elisa Lerner (Caracas: Editorial Madera Fina, 2016) es una edición que reúne toda la producción como cronista de la escritora de ascendencia rumana nacida en la ciudad de Valencia. En sus páginas el lector encontrará los vestigios de un país que por momentos ha sido silenciado y que sigue en la búsqueda de diálogo.

Los escritos aquí reunidos comprenden un periodo creativo entre los años 1969 – 2016: Una sonrisa detrás de la metáfora (Monte Ávila Editores, 1969), Yo amo a Columbo o la pasión dispersa (Monte Ávila Editores, 1979), Crónicas ginecológicas (Línea Editores, 1984), Carriel para la fiesta (Editorial Blanca Pantin, 1997) y En el entretanto (Monte Ávila Editores, 2000). Adicional a los cinco libros reunidos en Así que pasen cien años, se encuentran otras crónicas extraídas de publicaciones periódicas, una de ellas escrita expresamente para la presente edición titulada La calle de la infancia (una suerte de autobiografía).

La carrera literaria de Lerner es fascinante: en los años 50 escribió para una revista especializada en la crítica de cine y se integró a las filas del grupo Sardio (grupo literario conformado junto a los escritores Adriano González León, Salvador Garmendia y Guillermo Sucre), quienes crean en la revista homónima un espacio para textos de diversos géneros, tanto ficcionales, reflexivos y documentales. Para finales de la década de los 50 Elisa Lerner comienza a escribir en la prensa nacional y en otras publicaciones de regular publicación. Como dramaturga recibió grandes halagos y reconocimientos por las piezas teatrales En el vasto silencio de Manhattan (1961) y Vida con mamá (1975), obteniendo el Premio Anna Julia Rojas (1964), el Premio Municipal de Teatro (1975) y el Premio Juana Sujo (1975). En el año 1999 se le galardona con el Premio Nacional de Literatura, siendo luego en el año 2016 la escritora homenajeada en el 8° Festival de la Lectura de Chacao.

Elisa Lerner en la foto de Gerardo Rojas
Elisa Lerner en la foto de Gerardo Rojas

Elisa Lerner se puede considerar parte del nuevo periodismo, una corriente nacida en los años 60 interesada en plasmar los cambios sociales y culturales del momento. Mientras Gay Talese y Tom Wolfe se dedicaban al periodismo literario o al llamado “reportaje de no ficción”, Lerner hacía lo propio: historias y personajes accesibles a cualquier persona, convirtiendo lo cotidiano en un punto de partida para la reflexión. En su escritura la memoria tiene un lugar privilegiado, la literatura como depósito de los recuerdos.

El grueso de sus crónicas trata sobre el mundo de la gran pantalla, la vanidad y sus iconos convertidos en símbolos de la modernidad. En Una violencia no ilusoria (pp. 48-51) habla sobre la desconocida Norteamérica a través de las figuras de los asaltantes Bonnie y Clyde, maleantes inmortalizados en la película dirigida por Arthur Penn en 1967. El controversial proyecto cinematográfico expone la violenta realidad de la sociedad americana de una manera nunca antes vista: los maleantes son atractivos y de gran personalidad, los personajes se trasladan de un territorio a otro sobre vehículos de altas cilindradas que simbolizan el progreso y el poder. Lerner construye puentes entre la famosa pareja roba bancos y los personajes de la novela de Faulkner Luz en agosto (Smith & Haas, 1932) que son la otra cara de la moneda: la ira y la rabia crecen en zonas rurales, lejanas de las bondades de la industrialización, donde se encuentran pequeños poblados envenenados por la discriminación que convierte a las víctimas en desalmados ejecutores.  En la crónica titulada La lucha de Laurel y Hardy (pp. 225-227) la autora muestra lo errante y la renuncia como símbolos de la heroicidad norteamericana; considerando al cine cómico realizado por los actores Stan Laurel y Oliver Hardy (conocidos como “El gordo y el flaco”) la postergación de la desolación que luego el teatro del absurdo realizado por Samuel Beckett haría más lúcida. Lerner también se da un paseo por la evolución del detective en la pantalla, en Yo amo a Columbo (pp. 392-400) se habla de la elegancia y costumbres que definen a estos hombres rudos en sus tendencias hacia el bien y el mal, pasando desde la íntima agresividad de Jack Nicholson en la película Chinatown (dirigida por Polanski en 1974) hasta la pasiva inteligencia de Peter Falk en Columbo (serie televisiva creada por Richard Levinson y William Link, emitida entre los años 1968 y 2003).

En otras de sus crónicas Lerner muestra la aguda lectora que habita en ella. En el presente año se viene hablando de la importancia de Carson McCullers por la recuperación de toda su obra que realiza el sello editorial Seix Barral. En el año 1958 Elisa Lerner escribe un artículo para la revista Sardio sobre el interés de ella y sus colegas ante una desconocida escritora norteamericana entrevistada por un periodista venezolano en el periódico El Nacional, para luego, narrar en dicha nota sus impresiones sobre la recién descubierta novelista y su obra prima El corazón es un cazador solitario. Lerner en Carson McCullers (pp. 319-321) revela una adelantada compresión de la literatura de su tiempo. En El rostro de Joyce, Carol Oates (pp. 356-367) cuenta que antes de leer la primera novela de la escritora nacida en la localidad de Lockpoprt, vio su rostro en  una revista, para el momento no pudo retener con precisión las facciones de Joyce, atribuyendo esto a la rapidez con la que pasó las páginas. Luego de ver  nuevamente el rostro de la escritora en un afiche, y ante la imposibilidad de reconstruir en su memoria más que algunos fragmentos de la escurridiza fisonomía, queda desconcertada hasta iniciar la lectura de su novela: Con temblorosa caída (Tiempo Nuevo, 1970) . Entonces,vislumbra que los rasgos de Joyce corresponden a las características de Shar, personaje central de la historia. Un hombre pasional y de naturaleza agresiva que participa en carreras de autos. Al igual que Shar, el rostro de Joyce no se detiene al estar en constante carrera con sus emociones. Para Elisa Lerner, dicha condición favorece a la escritora, ya que el misterio y la neblina que la aleja del reconocimiento le permite seguir realizando la narrativa que la destaca. Luego, en Adonias Filho: una difícil rurabilidad (pp.209-210), Elisa afirma que Faulkner es, probablemente, la única influencia deseada y anhelada por los escritores latinoamericanos. La literatura es introspección, y no existe introspección sin memoria. Lerner considera para aquél entonces (1971) que nuestra memoria todavía es mayoritariamente agraria. Una teoría que desarrolla al hablar de la novela Memorias de Lázaro (Tiempo Nuevo, 1970) del escritor brasileño Adonias Filho, influenciado por “la fuerza del mejor Faulkner”.

Lo interesante e impactante de las crónicas de Lerner es su escritura atemporal. No pierde vigencia en sus reflexiones, una prosa cargada de realidad que se excluye del inmisericorde paso del tiempo.

En los actuales momentos que vivimos los venezolanos, la lectura de sus crónicas dedicadas al acontecer político y social se convierten en emisarios del pasado, mostrando una visión que ocupa nuestro irrefutable presente:

(…) En un país donde el diálogo y las voces no han expresado una larga fluidez cotidiana no puede haber crecido una crítica poderosa. En un país donde hubo violencia dictatorial, la oposición difícilmente es reflexiva y solo se la concibe como otra clase de violencia. (p. 117).

En La política como testimonio (pp. 136-138) considera a la política una abstracción, pero nunca memoria, esto debido a los largos años dictatoriales vividos en el país, impidiendo un ejercicio cotidiano y equilibrado de dicha actividad. Luego de las dictaduras de Gómez y Pérez Jiménez el ejercicio democrático aún no logra vincularnos plena y humanamente, ya que pocas veces se da como testimonio, como memoria personal:

(…) los venezolanos hemos sido anecdóticos antes que testimoniales. (p. 137).

Para hacer justicia a la obra de Lerner tendría que escribir un libro, no basta con la columna más extensa. Aquí, dejo al lector, una ventana al horizonte de una escritora adelantada a su tiempo.