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Los ángeles terribles: un cielo subterráneo de Chalbaud

En Los ángeles terribles, dirigida por Rafael Barazarte, la acción dramática gira en torno a una cama que exhibe una cualidad barroca empobrecida, desmantelada.

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En el IV Festival de Jóvenes Directores, Rafael Barazarte pone en escena Los ángeles terribles, de Román Chalbaud. Este clásico del teatro venezolano cobra vida en manos de Luigi Sciamanna, María Alejandra Tellis, Jósbel Lobo y Raoul Gutiérrez.

Román Chalbaud es, sin duda, uno de los dramaturgos venezolanos más importantes de la segunda mitad del siglo XX. Su obra dramática se sostiene en la construcción de un imaginario social marginal y marginado, la realidad que él aborda y recrea es la de los que se encuentran en un espacio liminal que goza de una soberanía particular porque sus habitantes tienen la capacidad de gobernarse y darse sus propias leyes, unas que no obedecen a la oficialidad. Sus personajes encarnan la flexibilización de los límites que impone la moral, su vileza en el contexto social es ennoblecida por una profundidad intelectual que no responde a la unidad de decoro que exige el realismo, esta cualidad es uno de los elementos que le han otorgado su lugar a este dramaturgo en nuestra historia teatral. Estos seres oscilan entre la luz y la oscuridad, una lucidez fracturada por la miseria, atravesada por el margen, tapiada por los otros.

El espacio escénico diseñado por Oscar Salomón, hace gala de la condición subterránea de la propuesta presentada por Chalbaud. La casa, si podemos llamarla de este modo, está pensada a partir de una maraña de tuberías ornamentadas que dan cuenta no solo del universo subterráneo en el que habitan los personajes sino que constituyen una metáfora de sus existencias individuales. Este espacio está repleto de objetos, trofeos, recortes, plásticos colgantes y muñecas de trapo. La acción dramática gira en torno a la presencia de una cama que exhibe una cualidad barroca empobrecida, desmantelada.

El concepto escénico de Barazarte se circunscribe a los límites de lo estético, la belleza y concreción alcanzada por el espacio escénico no trasciende a la representación. A mi modo de ver, la selección del elenco le jugó en contra a este joven director porque el texto dramático no fue capturado en su esencia por los actores. La pericia de Sciamanna es evidente, el problema es que Zacarías, personaje que representa, nunca pudo aparecer en escena porque la enajenación del Armando Reverón que una vez creó permeó cómodamente la construcción de este personaje. Tal vez, ambos comparten la fantasía y el amor por las muñecas de trapo que pueblan su mundo de imágenes y visiones, la búsqueda de lo divino y el dominio de un microcosmos en el que ocupan la piedra angular; a pesar de todos estos puntos en común, uno no tiene que ver con el otro.

En Zacarías persiste una conexión con lo divino, él es el dios de su universo, rodeado de sus ángeles terribles, carentes, ausentes de sí mismos, esclavos, moldeados por sus mañas, Ángel y Gabriel les pertenecen. Este mundo regentado por Zacarías, es habitado por una figura femenina, Sagrario, interpretada por María Alejandra Tellis que se aproxima al personaje desde la máscara. El personaje es vital para comprender este universo cerrado, masculino, violento; Tellis no logró entrar en la relación que existe entre ella y el verdugo, así se llama la criatura que espera, lo sutil en Sagrario se diluyó bajo el manto de la ordinariez que la caracterizan.

Por otra parte, los jóvenes actores Raoul Guitiérrez y Jósbel Lobo, hacen un esfuerzo por capturar la esencia de los ángeles de Zacarías, pero es solo eso un esfuerzo. Las actuaciones son estériles, la profundidad dramática de estos personajes no es alcanzada, el momento estelar de esta pareja no se concreta, el juego que realizan en escena no traspone lo que propone el texto de Chalbaud porque no se define, verdaderamente, la pulsión homoerótica, lo confesional y lo violento de esta escena.

Más allá de mis percepciones y de que el montaje no cumplió con mis expectativas, creo que es importante la aproximación a estos textos, su revisión es fundamental para comprender el universo dramático venezolano. Lo interesante sería entender las razones por las que Rafael Barazarte se decide por esta pieza, es decir, para qué montar Los ángeles terribles, qué es lo que quiere comunicarle al espectador. Me hago estas preguntas porque no sé si lo que encuentra vigente en el texto de Chalbaud es la propuesta en sí misma o su potencial actualización histórica. En todo caso, lo verdaderamente preocupante es nuestra posición frente a la realidad, cómo este teatro continúa dibujándonos cincuenta años después; quizá es porque encontramos los medios disponibles o los inventamos para continuar siendo los mismos, viviendo en una constante repetición casi condenados a una vida de personajes.