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Los Novecento vs Los Centoventi (Pier Paolo Pasolini)

Como ningún otro cineasta antes, Pasolini reflexionó sobre el fútbol y el sexo. Mario Morenza presenta en este artículo sus impresiones sobre el documental "Comizi d’amore" y otras aventuras futboleras del cineasta y escritor italiano

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«Paolo Pasolini se convertirá en el Santo Patrón de la Fuga en el año 2100»

Roberto Bolaño, Amuleto.

 

 

Pier Paolo Pasolini se destacó como escritor, poeta, cineasta, y entre sus films más reconocidos se encuentran Las mil y una noches, El Decamerón y Los cuentos de Canterbury (conocidos como La Trilogía de la Vida, historias adaptadas de obras clásicas de la literatura universal). De igual modo, como ensayista reflexionó sobre política y religión. Pero también glosó sobre «la última representación sagrada de nuestro tiempo»: el fútbol.

Pasolini nació el 5 de marzo de 1922 en Emilia-Romaña, Bologna, y desde muy joven, fiel a las pasiones de la región, mostró un inusitado entusiasmo por el fútbol. Su tiempo libre en el colegio y posteriormente en la universidad se lo dedicaba a chutar balones. Inspirándose en la infancia futbolística de Pasolini, el novelista Ugo Riccarelli ha escrito un hermoso relato titulado «Pa’ tío», en el que se narran las peripecias de un Pasolini adolescente y portero, su fascinación juvenil por el balompié y el destello del primer amor: un delantero rival.

En 1941, un Pasolini de carne y hueso, capitán de su equipo, lideró a la Facultad de Letras a obtener el campeonato universitario. Ya como profesor, Pasolini no solo enseñó historia, geografía y latín con devoción pedagógica. Sus clases más dinámicas se relacionaban a las técnicas de cómo cobrar un tiro libre efectivo y realizar corners con alta probabilidad de anotar goles.

Pasolini, cuando ya era un afamado director de cine, aprovechó el impulso de su carrera para entrevistar a las estrellas del equipo que amó desde su niñez, el Bologna Football Club. Durante la realización del documental Comizi d’amore (Encuesta sobre el amor), estrenado en 1965, encontró la excusa perfecta. El director, a la manera del más rupestre y fugado de los reporteros, recorrió Italia para preguntarle a personalidades de las artes y el deporte, a universitarios y gente común y corriente, qué significaba para ellos el amor y, sobre todo, cómo concebían en sus vidas los variados aspectos de la sexualidad, que en ese tiempo y aún hoy continúan siendo considerados tabú. Se trató de un film adelantado a su tiempo y adelantado, por ejemplo, a Paper Heart o al documental Human, del fotógrafo Yann Arthus Bertrand, películas en las que se le pregunta sobre el amor a la gente y estrenadas en 2009 y 2015. Alberto Moravia, entrevistado en los primeros minutos de Comizi d’amore, teoriza y señala que se trata este del primer trabajo cinematográfico de la corriente cinéma vérité que se realiza en Italia y que habla tan abierta y explícitamente sobre sexo.

Pasolini, con la picardía adecuada para cada ocasión, pregunta a los niños cómo nacen los niños. A los agricultores, luego de indagar en lo que es más importante en la vida para ellos, les pregunta sobre sus maneras de cosechar el sexo. A los soldados les pregunta si aspiran a estar en las trincheras del donjuanismo o si prefieren resguardarse en el cuartel que representa ser un padre de familia. Y a los futbolistas, a quien admiraba con fervor, los marca a presión con preguntas relacionadas con la sexualidad.

 

También el poeta y premio Nobel Giuseppe Ungaretti se encuentra entre los entrevistados.

Los futbolistas del Bologna hicieron un break en su entrenamiento para responder las preguntas de Pasolini. Cada futbolista, con distintos niveles de timidez, tan cerrados algunos como la típica defensa italiana a la hora de contener ataques rivales, conversó con el director:

—¿Cuándo Mirko Pavinato piensa en su vida sexual, esta te brinda placer o ansiedad?

El defensa del Bologna respondió:

—Placer.

—¿Sin la menor duda?

—Sin la menor duda.

—¿Eso significa que te sientes libre?

—Sí, muy cómodo y muy libre.

—Vienes de Veneto, ¿cierto?

—Así es, de Vicenza.

—Bueno, Venetto en general es una región severamente católica, ¿no? ¿Crees que la educación católica en esta zona tiene un impacto en la gente?

—No, no creo.

—Y tú, Giacomo Bulgarelli.

El centrocampista, afín a la posición que ubica en el campo, expresó medias respuestas:

—La mayoría de nosotros hizo el catequismo, por lo que pienso que cada uno de nosotros de alguna manera está reprimido profundamente… Pero estamos bien así. Sin ser tan libertinos y sin ser tan beatos.

Pasolini continuó desplazándose por el campo.

—Escuchemos al goleador Ezio Pascutti… ¿Te sientes libre al modo Pavinato en tus hazañas picarescas?

—Sí, definitivamente.

—No solo me refiero a sentirte libre de hacer el amor con quién tú quieras… Me refiero intelectualmente libre para juzgar a otros…

—Me siento libre en ambos sentidos…

—¿Tienes inhibiciones?

—No.

—Y tú, William Negri.

—Para mí, todo está bien.

—No entiendo…

—No tengo nada que decir…

—¿Cómo no vas a tener nada que decir?

—Ni siquiera he pensado mucho sobre eso.

—No piensas en eso…

—No lo hago.

—Un jugador defensivo…

Y sí, un jugador defensivo a la defensiva hasta en sus respuestas.

—Carlos Furlanis, ¿crees que te exigen una vida sexual moderada por razones meramente fisiológicas o también por razones morales?

—Creo que fisiológicas…

—¿Piensas que la abstinencia sexual está dirigida a hacerte más agresivo en la cancha?

—Seguro.

 

Los balones de alguna manera también se deslizaron durante los rodajes de Pasolini. Al respecto, el actor Ninetto Davoli, quien participó en no pocos films dirigidos por Pasolini, cuenta que «cada vez que sentíamos el rumor del balón, nos deteníamos y comenzábamos a jugar. Pasolini siempre decía que un partido de fútbol era como un mes de vacaciones». El fútbol era la fuga.

Pero la relación de Pasolini con el fútbol iba más allá de ser un simple pasatiempo. El cineasta exploró el universo contenido en este deporte, su sentido, sus enigmas. En 1971 publicó «El fútbol es un lenguaje con sus prosistas y sus poetas». En este ensayo afirmaba que «El hombre que usa los pies para chutar un balón compone la unidad mínima del lenguaje futbolístico: el «podema». Y como las posibilidades de combinación pase-tiro son infinitas, estas dan lugar a las «palabras futbolísticas». Quien no conoce el código del fútbol no entiende el significado de sus palabras (los pases) ni el sentido de su discurso (un conjunto de pases)».

En 1975, durante las proyecciones de Saló o los 120 días de Sodoma en Mantova, Parma, Pasolini y sus amigos organizaron un partido de fútbol para enfrentarse a un equipo de amigos de otro cineasta italiano: Bernardo Bertolucci, que promocionaba Novecento, película que, siendo de la misma productora, duplicaba en presupuesto a la de Pasolini, por lo que confería un ingrediente adicional a la rivalidad artística entre ambos directores. Para el encuentro, el equipo de Pasolini vistió de rojo y azul como el Bologna y se llamaron, en alusión a la película, Los Centoventi; mientras que los bertoluccianos lucían de amarillo.

Pier Paolo Pasolini y Bernardo Bertolucci

Finalmente, Los Novecento ganaron 5 goles por 2 a la oncena de Pasolini, Los Centoventi, y este lamentó no haber recibido más pases de sus compañeros de equipo.

Pasolini sufrió la derrota como si su película hubiera recibido una (g)oleada de críticas. Pero a todas estas, si hablamos de crítica, citaré a Enrique Vila-Matas, autor que apunta en un ensayo de El viajero más lento, esta reveladora apreciación: «Pasolini, al empeñarse en no ocultarnos nada, filma sus escenas al pie de la letra tal como ellas habían sido descritas (obsérvese que no digo escritas) por Sade. No es de extrañar, pues, que estas escenas tengan la belleza triste, glacial y exacta de las grandes planchas enciclopedistas. El espectador puede verlo todo con la mayor precisión: se come mierda, se revientan ojos, se cortan lenguas, se sodomiza. Todo se ve con el mayor detalle: el grano de los excrementos, la aguja que hará saltar el ojo, las tijeras que acabarán con la lengua, los actos sexuales».

A todas estas, restaba el partido de vuelta, ¡la revancha!, entre ambos equipos. El nuevo desafío se pautó para el 4 de noviembre. Por desgracia, Pier Paolo Pasolini falleció en extrañas circunstancias dos días antes del encuentro. Aún hoy no se han aclarado las causas de su muerte.

Pasolini dejó a sus 53 años, una obra literaria y audiovisual de alto valor artístico, además de sus reflexiones sobre el balompié que continúan leyéndose. En parte, la profecía de Auxilio Lacouture, personaje de Amuleto, novela de Roberto Bolaño, se ha cumplido, Pasolini es un patrón de la fuga, como ningún otro cineasta reflexionó sobre el fútbol y el sexo con décadas de antelación, fútbol y sexo y amor, territorios a los que la humanidad, en estos tiempos hostiles, busca como alternativa de escape: un refugio, una fe, un lugar, o un estado del espíritu y el cuerpo al cual fugarse y refugiarse por unos noventa minutos o hasta que el cuerpo aguante.

El documental Comizi d’amore: