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“Loving Vincent”: pintura viviente en la pantalla grande

Este mes estrenaron la primera película pintada del mundo, producida por los estudios Breakthru Films y Trademark Film

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Alrededor del 2008 la cineasta Dorota Kobiela transformó un momento crítico de su vida personal, en un proyecto que a su vez se convertiría en una obra maestra. Su fascinación con Vincent Van Gogh comenzó durante el bachillerato. Más tarde, la llevó a escribir su tesis de maestría sobre la relación entre el arte y la salud mental. De ahí en adelante continuó visitando los cuadros y revisando las cartas del artista hasta que un día se decidió a escribir un guión para hacer una película sobre Vincent. Gracias a su pasión por sus dos ocupaciones, la pintura y la animación, Kobiela resolvió que sólo lograría capturar la esencia de la vida y obra del artista holandés si la película se hacía pintada. Traducción: la película entera se pintó, cuadro por cuadro, en el estilo de Vincent Van Gogh.

El equipo combinó pintura, filmación y técnicas de animación para darle tridimensionalidad a los cuadros del máximo exponente del postimpresionismo. La historia, aunque basada en hechos reales, es ficción. Se desarrolla después de la muerte del artista  y va hilando sus cuadros originales a lo largo de la película. El personaje principal, Armand Roulin (un joven retratado por Van Gogh en 1888), tiene la misión de entregar una última carta de Vincent a su hermano Theo y, durante su viaje, va descubriendo datos sobre su vida, su muerte y su personalidad.

Loving Vincent es impecable desde todo punto de vista y resulta intrigante conocer la forma en la que fue elaborada.

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“Retrato de Armand Roulin” de Vincent van Gogh y cómo se ve en la película Foto: lovingvincent.com

¿Cómo se hace una película pintada?

La animación tradicional es lo que conocemos como dibujos animados. La animación por computadora funciona de forma similar pero los dibujos no se hacen a mano sino directamente en digital. La animación stop motion consigue aparentar el movimiento de objetos estáticos a través de una serie de imágenes sucesivas, cuadro por cuadro. Loving Vincent tiene algo de las tres. La película cuenta con 12 cuadros por segundo y dura 94 minutos en total, lo que suma alrededor de 65.000 pinturas al óleo que fueron elaboradas por un equipo de 125 artistas.

Cuando estuvo listo el guión, el casting y el storyboard, el primer reto estuvo en instalar las escenas frente la pantalla verde acorde a la particular perspectiva de los cuadros de Van Gogh. Transferirlos del plano 2D al plano 3D no fue tarea fácil: debían recrearse las imágenes con la mayor precisión, no sólo para poder incorporar los cuadros originales en la película sino también para que los nuevos fueran fieles a la obra y el estilo del artista. De esta manera se le daba un toque especial a cada imagen. Además, algunos de los originales tuvieron que ser ajustados a la dimensión correcta ya que para lograr la animación todos los cuadros debían tener mismo tamaño. Ésto supuso, obviamente, un nivel de exigencia altísimo para los actores, ya que cualquier mínimo cambio en el movimiento de su cuerpo o de la escenografía desajustaba por completo la escena.

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Fotos: lovingvincent.com

Una vez terminada la filmación, los artistas debían pintar cada cuadro de película ( les recuerdo, 12 por segundo). Para esto se utilizaron proyecciones y versiones en escala de grises como guías. Los directores ingeniaron el sistema Paws (Painting Animation Work Stations), para que cada artista tuviera su propia estación de trabajo con el lienzo, monitor y luz indicada. Por otro lado, se hizo una extensiva investigación y selección de la pintura correcta para que todos  los pintores tuvieran la misma viscosidad y, lógicamente, los mismos colores. Este proceso tardó alrededor de dos años.

El resultado final se fotografía, se inserta en el software de animación (del estilo Dragonframe) y se comienza de nuevo desde la proyección. Cada vez que alguno de los pintores tomaba una decisión sobre la posición de las pinceladas, debía asegurare de repetirlas por el resto de la escena.

¿Cómo hacer que 125 pintores se conviertan en Van Gogh?

Como si el reto técnico no fuera suficiente también resultaba retador hacer que los pintores lograran resultados vangogianos. Comenta Kobiela durante una entrevista con el director del Museo Van Gogh, ‎Axel Rüger, que lo más difícil fue asegurarse de que todos estuvieran haciendo la misma película. Cada pintor traía consigo su propia personalidad, estilo e interpretación de la obra de Van Gogh. No es sólo copiar un cuadro, es “pintar al estilo de… todos juntos”. Pero a esto había que agregarle, por supuesto, el trabajo de los actores, que también proyectan su propia lectura.

Quizás es ésto lo que resulta profundamente poético de Loving Vincent: haber logrado que un grupo tan grande de personas se haya unido para respaldar la obra de una sola. En el producto final, todos son Vincent, todos sostienen un homenaje a un artista que nos ha tocado el corazón a muchos, ya sea por su estética o por la tragedia de su vida. Es el primer relato en donde, más allá del personaje o de la biografía, la obra es la real protagonista.

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Pintores de la película en el “Gdansk studio” Foto: lovingvincent.com

El resultado

Es difícil de describir la película porque, estéticamente, luce perfecta. Ver Loving Vincent es pasar 94 minutos en un mundo en donde todo es Van Gogh. Todo vibra pero no aturde, y los colores atrapan. Además, no se escapa ni un detalle, se pueden ver las sombras en las paredes y las etiquetas en la ropa de los personajes. A los aficionados se les escapará más de una sonrisita cuando vean los cuadros originales en movimiento.

El guion tampoco se queda atrás, pues además de informar con hechos históricos, saca a relucir las preguntas que cualquier persona que haya escuchado la historia de Van Gogh se ha hecho alguna vez: ¿por qué se cortó la oreja?, ¿estaba loco o deprimido?, ¿había un diagnóstico?, ¿qué pensaba la gente de él? y sobre todo: ¿por qué quiso morir?.

No dejes de ver Loving Vincent si tienes la oportunidad, y si no la tienes, consíguela. Se rumorea que Dorota Kobiela y su co-director Hugh Welchman están evaluando la posibilidad de hacer otra película pintada sobre Francisco de Goya. Sé que no seré la única contando los días.

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Source imágenes: http://lovingvincent.com/blogs,203,pl.html