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Margarita, te voy a contar un cuento: “Boulevard Of Broken Dreams”

Margara ,la madre y Margarita, la hija protagonizan este drama íntimo, familiar y social en el cual privan las metáforas y los cuestionamientos existenciales

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Este 27 de abril estrenó, en Espacio Plural de Trasnocho Cultural, la pieza Margarita te voy a contar un cuento, escrita y dirigida por Ana Melo. Haydée Faverola, Luis Carlos Boffill, Kate Ramos y Aitor Aguirre dan vida a los personajes de esta historia.

En la foto de Lil Quintero , Haydée Faverola y Luis Carlos Boffill, los padres de Margarita en la obra dirigida por Ana Melo

La canción de Green Day, que he tomado para dar título a esta reseña, resume de un modo u otro ese abismo que existe entre Márgara y su madre Margarita. Ambas están perdidas: una por decisión y la otra porque da vueltas sobre su egocéntrica adolescencia. La pieza tiene como tema central la muerte de los sueños, asunto que se dibuja a través de una metáfora implícita en el asesinato en masa de guacamayas. El asesinato de estas aves pareciera apuntar hacia un referente en la realidad nacional, los jóvenes venezolanos asesinados en las protestas.

El dispositivo escénico es claro y limpio y con ello, la iluminación encuentra un potencial interesante porque logra recrear atmósferas cálidas y frías que sustentan la relación de los personajes. Una familia disfuncional atravesada por la “locura” de la madre y la pusilanimidad del padre, que solo es un buen hombre y no un gran hombre, según lo expresa la hija. Esto último me hizo pensar un poco en la necia frustración de los hijos de Willy Loman en La muerte de un viajante de Arthur Miller.

Los actores Kate Ramos y Aitor Aguirre asumen los roles de Margarita y Alberto                 Foto Lil Quintero @lqfoto

El problema con la pieza es que propone una construcción discursiva que se aleja de lo dramático y va hacia lo narrativo lo cual que va en detrimento del texto, porque el teatro sucede no se cuenta. Ana Melo expone una serie de ideas que pueden ser interesantes pero aún inmaduras por inexploradas en profundidad. Es decir, hay una pretensión insatisfecha, una enorme cantidad de referentes literarios e imágenes poéticas que no se concretan eficientemente en la acción dramática debido al carácter expositivo de los personajes y la debilidad de su construcción.

Las actuaciones de Haydée Faverola y de Aitor Aguirre son consistentes con el trabajo que ambos han desarrollado en sus respectivos recorridos. No así, Luis Carlos Boffill que parece perdido entre las líneas del texto porque su personaje no tiene desarrollado un mundo interior, queda en la superficialidad de lo que se supone debe ser un tipo medroso como el que representa. Lo mismo ocurre con la joven actriz Kate Ramos quien lleva a cabo un trabajo actoral muy poco pulido, la furia del personaje que interpreta podría ser explorada desde la otra orilla y no desde el grito innecesario, la pataleta.

A pesar de lo inacabado en algunos asuntos, hay una frase en particular que me resultó muy interesante: lo locura es una enfermedad de gente egocéntrica y malvada. Esta afirmación, a mi modo de ver, pudo ser el punto de partida para darle un giro dramático a la pieza, pero solo quedó allí. ¿Qué es lo que me resulta llamativo de esto? La propuesta de Melo le otorga una conciencia lúcida a quien, frente a sus pares, no la tiene. Es decir, Margarita es portadora de una verdad que la supera, la locura es el espacio para la libertad en un mundo donde los sueños son aniquilados al igual que las guacamayas.

Kate Ramos en medio de una actuación perfectible Foto: Lil Quintero

Márgara apuesta por una herencia familiar con la que puede llevar a cabo uno de sus más grandes sueños, es tal vez su gran exigencia. Ella necesita pensar que su vida puede trascender aquella horrible atmósfera de destrucción y muerte, necesita que su vida sea más que un cementerio de pájaros.

Otro de los momentos importantes de la pieza se relaciona con la imagen de las aves. Margarita se pregunta qué es un ave: es un alma que ha conquistado el aire. Esta metáfora en torno al vuelo de las aves y su vinculación con la idea de libertad, resulta significativa en el contexto país. Muchos jóvenes fueron asesinados en las protestas, sí; pero otros han tenido que “alzar el vuelo” y migrar, como las aves, a otros climas.

Ahora bien, la matanza de las guacamayas –en el contexto de la pieza- supone su extinción. ¿Qué es lo que se extingue en nosotros, la libertad, la capacidad de soñar? Tal vez, esta sea la gran pregunta que se le hace al espectador, a quien pareciera necesario subrayar en palabras lo que es evidente.

Todas las  fotos de esta galería son de Edisson Urgilés