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“Me enamoré del ballet y fue un camino sin regreso”, confiesa Liliana González

La historia de González es la primera entrega del trabajo especial "El éxodo del bailarín venezolano"

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Los primeros años de su vida incluyeron estiramientos y pasos de danza que sus tías bailarinas, con ilusión, le enseñaban a la pequeña Liliana González. Al cumplir los siete años de edad, sus improvisadas maestras encabezaron la tarea de llevar a la niña a recibir clases formales de danza en la reconocida Fundación Gustavo Franklin-Escuela Ballet Arte (1968), en donde después de algunos años de práctica y disciplina, surgiría la pasión que hoy en día sigue acompañándola. Ahora, desde el sur del continente, lo hace como bailarina del Ballet Nacional de Sodre, en Uruguay.

No fue fácil al principio, recuerda la caraqueña, pues a los siete años una niña quiere jugar, no recibir serias instrucciones. “Era una tortura”, confiesa. Sin embargo los años pasaron y González comenzaba a observar el trabajo de las chicas más grandes de la escuela. La belleza de sus movimientos, el curioso trabajo sobre las zapatillas de punta y las maravillas que aparecían en las temporadas de funciones: tutús, coronas, tocados, medias y mallas hermosas… Todo esto fue llevándola a querer ser una de esas protagonistas, a trabajar con más atención y a cultivar el amor hacia el ballet.

La venezolana se formó en las aulas de la Fundación Gustavo Franklin, hoy en día baila en el Ballet Nacional de Sodre, compañía que abrirá este año el Festival de Danza de Cannes en Francia

Zurima Tamariz, Isabel Franklin, Betsabé Correa y Leonor Lanza, son algunas de las maestras que con mayor honra y afecto recuerda de esos primeros años. Sus compañeros fueron muchos, con especial cariño recuerda a Lídice Figueroa, Sejaín Bastidas y Mariselva Silva, quienes también bailan hoy en día en destacados escenarios internacionales.

El ballet El Cascanueces del maestro Vicente Nebrada es el recuerdo que mejor atesora en su corazón. Desde que entró a la escuela hasta que se fue de Venezuela a los 23 años, Liliana González fue parte del espectáculo que desde hace 20 años conmueve a los venezolanos durante la época decembrina. “Me da mucha nostalgia cuando llega diciembre y ya no voy a bailar El Cascanueces ni estaré con mis compañeras allí, con esa emoción, a vivir lo mágico y lo que significa para nosotros los que hemos podido bailarlo”, comparte González.

Coreografía: Cosmopolita, de Rosina Gil. Bailarina: Liliana González. Ballet Nacional de Sodre, Auditorio Adela Reta, 2015
Coreografía: Cosmopolita, de Rosina Gil. Bailarina: Liliana González. Ballet Nacional de Sodre, Auditorio Adela Reta, 2015. Fotografía: Santiago Barreiro

Una vida de sueños cumplidos

Al graduarse como bachiller a los 16 años, ya sabía que dedicaría su vida a la danza. Trabajó durante un año en el elenco neoclásico de la Compañía Nacional de Danza, el cual sólo existió durante un año y de allí pasó al Ballet Contemporáneo de Caracas, de la maestra María Eugenia Barrios, que también cerró sus puertas. González viajó a los Estados Unidos y fue aprendiz en el Festival Ballet Providence. Durante seis meses, la organización le ofreció un contrato que no pudo firmar pues el país no le concedió la visa correspondiente. Regresó a Venezuela y se integró al Ballet Nuevo Mundo de Caracas, dirigido por la maestra Zhandra Rodríguez.

Mientras bailaba en Nuevo Mundo, asistió a una de las funciones que el Ballet Nacional de Sodre (BNS) ofrecía en las instalaciones del Teatro Teresa Carreño. “Me llamó mucho la atención la compañía y el nivel que tenía, me pareció una buena idea audicionar y probar suerte afuera. Así hice”, relata la artista. El BNS estuvo en Venezuela en junio y en octubre González viajó a Uruguay para las audiciones. Una semana después de regresar al país, recibió la noticia de que había sido seleccionada.

“Me vine a Uruguay en enero de 2013. Tengo cuatro años trabajando con el BNS y es increíble como cada año la compañía va creciendo a nivel técnico y artístico. Todas las piezas que se bailan y toda la gente que viene: artistas famosos, maestros con mucha trayectoria que vienen a darnos clases, es realmente un honor aprender de ellos. Hace poco estuvo Paloma Herrera con nosotros, una bailarina con una trayectoria increíble y tener la posibilidad de aprender de ella es una experiencia superenriquecedora”, comenta González a Esfera Cultural.

Coreografía: In the Middle, Somewhat Elevated (1987), de William Forsythey. Bailarines: Liliana González y Fabio Goncalvez. Ballet Nacional de Sodre, Auditorio Adela Reta, 2013
Coreografía: In the Middle, Somewhat Elevated (1987), de William Forsythey. Bailarines: Liliana González y Fabio Goncalvez. Ballet Nacional de Sodre, Auditorio Adela Reta, 2013. Fotografía: Santiago Barreiro

“Me encanta el país, tiene gente muy amable, educada y siempre dispuesta a colaborarte y ayudarte. Es muy lindo, me encanta la tranquilidad que hay. No tengo planes de irme a otro lado, estoy muy a gusto en este lugar”

González recuerda que durante sus años de estudiante en Venezuela pasaba mucho tiempo observando vídeos en Internet, y entre suspiros deseaba bailar esas preciosas piezas. Para ella, el Ballet Nacional de Sodre ha sido el espacio para hacer sus sueños realidad, ya que la compañía se dedica a incluir piezas de altísima calidad en su repertorio. “Tener la posibilidad de bailar lo que tanto soñé, lo que desde chiquita anhelaba … Ese instante en el que me doy cuenta de dónde estoy parada, esa sensación de euforia, la piel erizada… Se me infla el corazón y me doy cuenta que todas las horas de trabajo, todas las lágrimas, todo el sudor, toda la dedicación vale la pena por sólo ese instante: la satisfacción de decir ‘lo logré’”, comparte González. Petite Mort (1991) del coréografo checo Jiří Kylián , In the Middle, Somewhat Elevated (1987) del estadounidense William Forsythe y la versión del ballet Romeo y Julieta (1965) del escocés Kenneth MacMillan son algunos de sus sueños hechos realidad.

“Esos momentos son los que me llenan, me impulsan a soñar y a seguir adelante, a buscar siempre un poco más”

El Ballet Nacional de Sodre tuvo desde el año 2010 como director artístico al afamado bailarín, coreógrafo y maestro argentino Julio Bocca, quien debutó como solista en 1982 en el Teatro Teresa Carreño de Caracas. Hace días, el director informó a los medios sobre su retirada del cargo en el BNS. “Va a ser una pena no tenerlo como director artístico, pero tuvo una reunión con nosotros y nos explicó que en realidad no es que se va de la compañía sino que va estar desde otra posición (maestro residente), que es en la que él siempre quiso estar: un poco más cerca de los bailarines, darnos un poco más de clase, estar en los ensayos, no estar tan alejado. La compañía va a seguir apuntando a lo mismo: mejorar. No tenemos idea de quién será el nuevo director”, expone la bailarina.

“Es una persona con una visión muy clara: siempre con la intención de posicionar a la compañía entre las diez mejores del mundo, apuesta mucho al talento latinoamericano. Es superexigente y disciplinado, siempre te empuja a que quieras más, siempre nos pide a nosotros mismos que nos exijamos más y que nos mantengamos en la búsqueda de la perfección”, refiere González, a quien el trabajo de Bocca y en Sodre le hace recordar el nivel de exigencia de su escuela en Caracas Ballet Arte.

Coreografía: Petite Mort (1991), de Jiří Kylián. Bailarines: Liliana González y Sergio Muzzio. Ballet Nacional de Sodre, Auditorio Adela Reta, 2016. Fotografía: Santiago Barreiro
Coreografía: Petite Mort (1991), de Jiří Kylián. Bailarines: Liliana González y Sergio Muzzio. Ballet Nacional de Sodre, Auditorio Adela Reta, 2016. Fotografía: Santiago Barreiro

El BNS se prepara actualmente para presentar la versión del ballet Romeo y Julieta (1965) de MacMillan a partir del 20 de septiembre en el Auditorio Nacional del Sodre. “Es una joya del ballet y es un honor poder bailarlo”, declara la artista al respecto. Al finalizar, el grupo de bailarines se divide en dos: algunos van a la gira internacional y otros viajan por el interior de Uruguay con un repertorio mixto. En los próximos meses, el talento suramericano tendrá la tarea de abrir el Festival de Danza de Cannes en Francia, en donde presentarán la versión del ballet Don Quijote de los argentinos Silvia Bazilis y Raúl Candal.

Las tías de González se sienten un poco tristes por no poder acompañar a su sobrina en esta importante etapa de su carrera y a ella le hace falta tener a alguien de su familia viéndola desde el otro lado del escenario. Sin embargo, se siente valiente y feliz de haber apostado todo por cumplir su sueño, y agradece siempre el apoyo de su familia. Hace poco una de sus tías se fue a vivir con ella en Uruguay y ambas comparten la alegría. “Por ahora me quedan unos años más de carrera. Dios mediante, espero poder disfrutarlos. Para uno como bailarín siempre es muy difícil pensar en el después, pues significa colgar las zapatillas y estar del otro lado. Es un paso que es difícil de dar y tratamos de no pensarlo mucho. Mientras tanto voy a seguir disfrutando de lo que hago, lo que amo hacer, esta carrera que es tan linda y a la vez es tan corta…”, concluye la ballerina.

Coreografía: Cosmopolita, de Rosina Gil. Bailarines: Liliana González y Ciro Tamayo. Ballet Nacional de Sodre, Auditorio Adela Reta, 2015. Fotografía> Santiago Barreiro
Coreografía: Cosmopolita, de Rosina Gil. Bailarines: Liliana González y Ciro Tamayo. Ballet Nacional de Sodre, Auditorio Adela Reta, 2015. Fotografía: Santiago Barreiro