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Mother! y Casablanca: amor de madre y de aeropuertos

En su columna Cine para 2, Joaquin Ortega hace gala de su capacidad de interpretación de un clásico del cine y un reciente estreno mundial

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El cine actual ha decidido volver a coquetear con los sueños, así como las películas de los años cuarenta lo hacían. ¡Corrección!. De hecho, sí somos honestos nunca el inconsciente ha dejado de ser materia prima para detallar historias, plantear situaciones límite o llevarnos de la mano por veredas oscuras y pasadizos a medio iluminar. Mother De Darren Aronofsky y Casablanca de Michael Curtiz son por mérito propio, sendos hitos en la gran pared de afectos -y desencuentros- que conforma ese Hollywood intemporal que habita en las pantallas de cine alrededor del mundo. Quien las vea con una imaginación abierta, seguramente coincidirán con muchos al decir, que no dejan al espectador ni ilesos mentalmente, ni mucho menos viento en popa, desde el punto de vista emocional.

Mother! (Darren Aronofsky. EUA, 2017)

Tenemos frente a nosotros una película que no pasa desapercibida por ningún lado: sus actores, su estética, el contexto de la discusión -previa o posterior a su estreno- Su tono resulta intenso y sus modos iconoclastas. El contenido y el paquete están diseñados para incomodar. Tampoco deja de hacerlo su director, quien ha sido un narrador que se encarga de llevar adelante trabajos principistas, arriesgados y, en cierta medida, ejemplarizantes a través de valores en contraste.

La historia es simple porque se vale de un marco mitológico religioso que todos conocemos …o al menos, deberíamos conocer en occidente: una pareja puebla un mundo bucólico -y cuasi perfecto- en donde, poco a poco, llegan invitados no deseados alterando, un día a la vez, la cotidianidad de la dupla inicial. Lo que pareciera al principio -una película de terror con fuertes visos de expresionismo, miradas subjetivas y miedos inmemoriales- termina siendo una comparación de la vida en el planeta tierra, regido a su vez por unos dioses, a veces con menos libre albedrío que muchas de sus criaturas o herederos espirituales.

Jenniffer Lawrence es una hermosísima y fecunda mujer, cuya corrección compulsiva marca su destino. Javier Bardem, es un poeta cuyo bloqueo creativo revela su impiedad y desdén al amor, así como el deseo de ser admirado y reverenciado, a pesar de sus propias equivocaciones.  Ed Harris y Michelle Pfeiffer son a su vez hijos primigenios -a ratos confidentes y a ratos animales humanos- siempre entrometidos y agobiados quienes terminarán abriendo la casa al resto de una fauna emocional, que devora tanto a la madre tierra, como a sus nuevos frutos.

La dirección de actores, el cuidado de cada detalle dentro del set que dibuja la casa, la mínima banda sonora -con un preciso registro del sonido en el fragmento y en la inmediatez- abren el camino a una última media hora, donde se concentran la mayor cantidad de problemas existenciales, personajes polisémicos, simbolismos, miedos y victimismos.

Arronofsky sin duda le debe mucho al surrealismo de Luis Buñuel en Viridiana (España-México, 1961) o en El discreto encanto de la burguesía (Francia, 1972)… a Roman Polanski (EUA, 1968)…al David Lynch de Twin Peaks (1992), Lost Highway (EUA, 1997) o Mulholland Drive (EUA, 2001) y a cierto cine Giallo de origen italiano   -refrescado de tanto en tanto- en los cultores de Dario Argento, Lucio Fulci, todo esto, desde las fronteras del Gore norteamericano. Con excepción del momento del festín sangriento, pudiéramos estar en presencia de una película de horror para todo público. Aún así, son tantas las emociones que logra generar su metraje que seguramente será un film para estudiar, revisar -y revisarse- en más de una ocasión, eso sí, luego de que como audiencia, se arriesgue a verlo.

Puntuación 5 sobre 5.

casablanca

Casablanca. Michael Curtiz (EUA, 1942)

Si el amor es difícil en condiciones normales, calcule usted mantener una relación en plena segunda guerra mundial -¡y para colmo de males!- en un terreno supuestamente neutral, donde el espionaje y las traiciones están a la orden del día. En ese contexto vive una sucesión de conflictos la relación especialísima entre Rick Blaine –Humphrey Bogart- e Ilsa Lund –Ingrid Bergman-

Una joya de dirección y estética Casablanca demuestra la maestría de un equipo de primera. Michael Curtiz, un director de oficio, de esos viejos empleados de los estudios quien realizaría durante mucho tiempo, al menos dos o tres películas por año como mínimo… Humphrey Bogart el ícono de la masculinidad de la época, cuya piel mudaba de gánster a bandolero y de ahí a héroe con la misma sobriedad con la que brindaba en la vida real….Ingrid Bergman, una belleza internacional en pleno pico ascendente de belleza y potencia actoral…estrellas del cine alemán en el exilio como Peter Lorre o Conrad Veidt…En fin, un reparto de primera, para una película, por la cual, nadie tenía demasiada fe…y que por derecho propio se convertiría en un clásico del séptimo arte.

Muchísimas escenas de ésta película han sido homenajeadas, parodiadas y mal citadas: el contrapunteo entre La Marseillaise y Die Wacht Am Rhein en el bar, la despedida en el aeropuerto, la insistencia de Rick al piano con Sam -Dooley Wilson, era originalmente baterista y debió tocar un instrumento que desconocía-, el breve y revelador flash back a Paris…escoja usted cualquier momento de su preferencia y seguramente la encontrará revisitada en redes, cine, teatro o caricaturas. Casablanca es la mezcla perfecta de amor, aventuras, espionaje, guerra y propaganda que necesita cualquier espíritu para salvar cualquier guerra o contingencia emocional.  Por cierto, vaya a usted a saber, si acaso no son ambas la misma cosa.

Puntuación 5 sobre 5

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