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Obed Delfín: La existencia depende de un hilo

A propósito de la exposición " Tramas Andinas", el filósofo Obed Delfín explica la existencia del hombre con sus sueños y los actos que la determinan.

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Como una de las actividades de extensión de la muestra “Tramas Andinas – Tradición e innovación en la colección de textiles de Bárbara Brändli ”, que sigue abierta en la Sala TAC del Trasnocho Cultural, el jueves 30 de agosto, el Magíster en Filosofía, Obed Delfín cautivó a una pequeña audiencia, con una conferencia titulada: “Cobijar, el reducto de nuestra permanencia en la tierra”. En la misma discurrió sobre actos propios del ser humano como cobijar, morar, construir, soñar, vivir y existir.

— Yo no voy a hablar del tejido como construcción técnica artesanal – dijo para comenzar el consultor y asesor de filosofía – porque no es mi área de estudio. Voy a hablar a partir de Heidegger, de cobijar como construir y morar en tanto somos en eso. Es mi intención, teniendo como marco todas estas obras de arte y artesanía que nos cobijan , establecer cómo cobijar, nos permite construir, morar, existir y en última instancia y como dijo alguna vez Facundo Cabral, anidar los sueños que tenemos, que son también los anhelos y las esperanzas porque sin eso, no somos hombres. Lo demás lo podemos resolver en esta vida, pero los sueños no. Si nos llegan a quitar la posibilidad de cobijar los sueños, estaríamos entonces en ese último reducto de permanecer en la tierra.

Cobijar

–Luego nos preguntamos: ¿En qué consiste ese proteger? y ¿hasta qué punto, cobijar pertenece a nuestro existir? – interroga el ponente y responde: » La función inicial de cada uno de estos tejidos que nos rodean en la Sala TAC,  ha sido justamente dar cobijo, no ser expuestos. Esa ha sido la segunda función que la coleccionista Bárbara  Brändli maravillosamente le dió a los tejidos cuando decidió protegerlos, preservarlos, fotografiarlos  y así lo hizo. Además, las tejedoras y la coleccionista habían construido previamente obras en conjunto»

–Los seres humanos –  construye Delfín – no podemos existir sin proteger y hasta podríamos decir, que huimos de la ciudad porque de alguna manera, existencialmente no nos sentimos cobijados. Actualmente andamos en la ciudad sin sentirnos protegidos. La ciudad que alguna vez fue una protección frente a lo salvaje o a lo natural ha dejado de serlo. Sin embargo, la ciudad es parte de existir y cobijar porque hace posible nuestro morar, habitar y construir; sencillamente permite nuestro hacer en el mundo.

Consultor y asesor de Filosofía, Obed Delfín  en conferencia sobre el entramado que  determina la existencia del hombre

Proteger

–En esta exposición de tapices – destaca – vamos a conseguir seis mujeres tejedoras y un artesano; una relación prevalentemente materna con la construcción del tejido que se da en el Páramo sobre los 2 mil quinientos metros. Allí la cobija,  es necesaria porque el frío de la zona es muy fuerte. Extrapolando, mientras que El Ávila protege a los caraqueños, la naturaleza de los Páramos andinos es sublime. Aquella masa tan grande le causa temor al hombre quién  frente a ella se siente realmente pequeño. Por eso el andino tiene una concepción de la montaña particular, de respeto y cuidado.

–Por otra parte –  prosigue el filósofo – al proteger  vamos tejiendo nuestras relaciones de proximidad con nosotros mismos y con los demás. Y cuando hablo de relaciones hablo de nuestras relaciones intrapersonales. Ante ésto surge otra manera de proteger; es tenerse a uno y a la vez tener al otro. Yo me cuido y cuido al otro y en ese cuido se establecen las relaciones con las personas. La madre que protege al  hijo pero también el hijo, que cuando el padre llega a ser un anciano, tiene que protegerlo, cuidarlo ,cobijarlo. Ese proteger que alguien nos dispensó a nosotros, nosotros posteriormente lo retribuimos. Y además no solamente tenemos que verlo en la ancianidad o cuando somos unos bebés.  Es a diario. Cuando uno está muchacho tiende a protegerse, cuando está un poco mayor,  la amistad es el cobijo de  las relaciones que tenemos. Como diría Ortega y Gasset, llegamos al yo después que hemos pasado por otros yo .  En ese proteger está nuestro ser, al punto que no podríamos entender de otra forma cada poncho, cada ruana, cada cobija,

–Cada una de esas obras de artesanía o arte- señala –  anida en su tejido a una mujer o a un hombre que busca protegerse y proteger al otro. Esto es la que los griegos antiguos llamaban «el cuidado de nosotros mismos». Cuando nosotros vamos a la cama es muy raro que alguien se acueste sobre el colchón al descubierto. Cuando vamos a dormir, en ese momento de mayor desprotección, cuando nos abandonamos desnudos al sueño, comienza otra protección que es una colcha. Incluso hay uno de los personajes de los Charlie Brown que aparece con una mantita. Y hay posturas físicas que se asumen a manera de protección, la posición fetal o cubrirse la cabeza con un brazo, por ejemplo.   El cobijo nos cuida del mundo y cuida nuestros sueños. Nosotros cuidamos de ese mundo con campañas de conservación ecológica. ambientales, de protección  de los animales etc. Por eso cuando  las casas  se convierten en algo que no cobija, uno no quiere regresar a su casa. Uno lo evita, porque la casa ha dejado de ser un hogar.

En la foto cortesía de la Sala Tac, una muestra de los tapices de las tejedoras del Páramo andino recopiladas por Bárbara Brändli, Premio Nacional de Fotorafía

Morar

–Cobijar es un albergar en el cual existimos como muchos significados, como amigos, trabajadores, estudiantes. A la UCV la llaman Alma Mater y todos los universitarios que han pasado por la UCV, el día que tienen que irse tienen que tomarse una foto con las esculturas que están fuera de El Aula Magna, particularmente con el Pastor de Nubes. El estudiante sabe que abandona el recinto de protección donde pasó cinco o seis años. Otro episodio indicativo  es cuando alguien pierde a su progenitor y dice sentirse desamparado.

— En el caso de las tejedoras del Páramo , al lado del fogón, en cada tejido hay un intercambio de café, un poco de chimó, conversaciones, visitas. Y es que ese cobijar  garantiza el morar,  compartir, hablar,  mirarse y saber de nosotros mismos y saber de los otros . Por eso el paramero andino tienen una forma extraña de actuar o pensar. Ellos no funcionan como el caraqueño. Su vida es más lenta. Su relación con la naturaleza es otra. Todo  sale de esa oveja y llega por ese largo camino. Parecen  hombres resignados pero no lo son, saben respetar la naturaleza, cosa que el hombre urbano no sabe y no la la diferencia en que aquí hay un cajero automático, pero un campesino sabe que la papa se tarda cuatro meses en su cultivo  y eso es diferente. Entonces  ellos tienen otra manera de concebir el cobijo y concebir la vida, que no se parece en nada a lo urbano.

Los tejidos de María Águeda Dávila, Margarita Mora, Dura Sánchez y Estefanía Rivas, son el pretexto para que Obed Delfín construya un discurso sobre la existencia

Construir

–Ese morar que va a ser nuestro existir, no lo  podemos separar de cobijarnos y existir.  Nadie es tan descuidado como para no atender de sí mismo. Generalmente nadie mete la mano en fuego. La retira instintivamente. Cuando alguien cruza los brazos está intentando protegerse de un posible peligro y en esa  protección está el construir, el morar, el vivir, el saber que tenemos dónde llegar. También está construir estos hilados en el sentido que los griegos  le daban a la palabra tecné que significa hacer aparecer, producir y en este caso, producir cultura o construir cultura. Hay un escrito  en esta exposición, en la que  Bárbara Brandli, pidió a la tejedora que hilara ese manto en especial de una fotografía que ella había tomado a fin que no  se  perdiera esa forma de construir y esa figura. En el momento en qué hace esa petición , la coleccionista Bárbara Brändli  construye  porque está preservando una expresión cultural que nosotros  venimos a conocer años más tarde.» El cobijo es la madre. Cobijar es el fin último que perseguimos todos los sujetos y sobre eso trabajamos permanentemente porque vamos tejiendo nuestra vida particular y social,» subraya el conferencista.

Cuando la coleccionista y fotógrafo Brändli, conserva y sugiere diseños o tintes a las artesanas, están produciendo cultura en conjunto.

Existir

–Tejemos  nuestro vivir en el existir -concluye- pero tenemos que recordar algo  El existir asegura vivir pero  el vivir no asegura existir. Porque hay otras cosas implícitas en existir mientras que vivir es un hecho  biológico. Nosotros llegamos al mundo, el existir en una construcción en la cual nosotros nos vemos envueltos. Si existimos o no  ya es nuestra responsabilidad a partir de un determinado momento .Por eso ¿qué tejemos?  es la primera pregunta que debemos hacernos  y por eso es importante atender el tejido que nos cobija en alguna parte , los amigos, el papá, la mamá y nosotros que somo una parte de ese entretejido ¿ Qué vamos tejiendo? Hay  gente que teje cosas que no son agradables y hay otros que sí los son , y la manera que tejemos es la manera con la cual somos en esta tierra. Las tramas y tramoyas nuestras, son las formas que tenemos de habitar, de conectar  con el mundo, con aquello que construimos y hacemos culturalmente  y es nuestro existir en esta tierra. De allí que al cobijar dejamos el reducto de lo que somos.

 

Las fotos de esta reseña son cortesía de la Sala Tac, del filósofo Obed Delfín y de María Laura Lombardi