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Panama Papers caso Venezuela, un libro de Pulitzer

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Los papeles de Panamá, la investigación periodística de mayor envergadura en los últimos años, ganó hace semanas el premio más prestigioso de la prensa mundial: el Pulitzer. 14 reporteros venezolanos se encuentran dentro de la lista de participantes, que asciende a 400 periodistas en 80 países.  Para recopilar el trabajo de los colegas y dejar constancia de su aporte en tamaña investigación, La Hoja del Norte (Editorial Dahbar) y el portal Armando.Info, editaron y publicaron un libro denominado: Panama Papers caso Venezuela: de cómo los enchufados sacaron ventajas del control de cambio.

Pero antes de llegar a ese texto, es necesario conocer de qué trata este ambicioso proyecto. Millones de documentos y correos electrónicos de clientes del bufete de abogados panameño, Mossack Fonseca, reconocida como una de las principales firmas proveedoras de servicios de empresas offshore, se filtró al diario alemán Sueddeutsche Zeitung. Ellos decidieron compartir la data con el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ, por sus siglas en inglés) que a su vez replicó la información a medios en todo el mundo para lograr abarcar la mayor cantidad de historias.

El 3 de abril de 2016, 109 medios de comunicación publicaron en simultáneo reportajes que revelaban cómo jefes de Estado y de gobierno, líderes de la política mundial, personas políticamente expuestas y personalidades de las finanzas, negocios, deportes y arte, contrataron los servicios del bufete para el ocultar propiedades de empresas, activos, ganancias y evasión de impuestos. Lo hacían a través de la creación de compañías en  los paraísos fiscales y Venezuela no fue ajena a este escándalo. De 241 mil archivos que tenían la palabra Venezuela, el equipo de investigación consiguió armar 23 historias en las que se evidencian casos de corrupción y lavado de dinero.

Esfera Cultural conversó con Joseph Poliszuk, coordinador del capítulo venezolano de los Panama Papers y Jefe de redacción del portal Armando.Info, quien explicó con más detalle cómo surgió esta investigación y qué resultó de ella. El resto de los periodistas venezolanos que participaron fueron: Ahiana Figueroa, Alfredo Meza, César Batiz, Ewald Scharfenberg, Fabiola Zerpa, Katherine Pennacchio, Laura Weffer, Lisseth Boon, Roberto Deniz, Ronna Rísquez, Maolis Castro, Alicia Hernández y Hugo Prieto.

Joseph Polisuck, coordinador de Panama Papers en Venezuela y Emilia Diaz-Struck, editora de investigaciones del Icij Foto: Runrun.es
Joseph Poliszuk, coordinador de Panama Papers en Venezuela y Emilia Diaz-Struck, editora de investigaciones del ICIJ Foto: Runrun.es

— ¿Cómo se origina la investigación? y ¿Cómo llega a Venezuela?

–Todo empezó porque dos periodistas de un diario alemán con sede en Munich, recibieron un cúmulo de información inmenso y al percatarse de que sería humanamente imposible contextualizar todos los casos, decidieron contactar al Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación. Suena muy rimbombante pero no es más que una red de periodistas unidos para hacer trabajos en todo el mundo. Yo ya había trabajado en dos oportunidades con ellos y cada vez los proyectos eran más grandes.

— Como coordinador en Venezuela debió hacer también de curador, seleccionar temas y seleccionar periodistas ¿Cómo fue ese proceso?

— Fue uno de los trabajos más retadores y más difíciles porque a diferencia,  por ejemplo, de los Wikileaks, los Panama Papers no publicaron todo. Aquí en Venezuela decidimos aplicar un criterio de selección que priorizó el interés público. Cuando nos dimos cuenta de qué se trataba, vimos que lo más importante y significativo eran los casos de corrupción, o aquellos en los que se demostraba cómo a través de empresas off shore, tanto empresarios como personas del gobierno, burlaban el control cambiario para hacer negocios. Creo que los Panama Papers nos muestran el lado B de la historia. Y muestran cómo funcionan los negocios detrás de los negocios, cómo hay guaridas en los paraísos fiscales para ocultar este tipo de negocios. Que no son ilegales, pero bueno, quien hace la ley hace la trampa.

— Esta investigación es única y ha sido reconocida con el premio más prestigioso del periodismo ¿Cómo influirá todo esto al periodismo de investigación de aquí en adelante?

— El Pulitzer que le dan a la investigación es un reconocimiento al trabajo en equipo, al trabajo en redes, pero no es una frase hecha, es que de verdad funciona y es muy efectivo. Si dos cabezas piensan más que una, 400 periodistas unidos alrededor de una sala de investigación digital pueden hacer maravillas. En los años 70 el Pulitzer  lo ganaron dos periodistas del Washington Post, Bob Woodward y Carl Bernstein, quienes estuvieron en Watergate. Ellos, como era usual en esa época, eran como dos lobos esteparios, que trabajaban  en una esquina de la redacción y nunca dijeron a nadie quién era “garganta profunda” o revelaron los detalles antes de tiempo.

— Con este nuevo reconocimiento -continúa Poliszuk- vemos que eso cambió. Ahora es todo lo contrario, compartimos toda la información para ayudarnos entre colegas. Claro, el truco detrás de todo esto es que hay que ser abierto de verdad. Todos debimos dejar a un lado nuestro ego y, sinceramente, trabajar en equipo.

— ¿Qué retos trae una investigación de este estilo?

— Uno de los retos que se presentaron es que había investigaciones de compañeros de las cuales no se podía mencionar nada porque ponías el riesgo no solo su trabajo sino sus fuentes. Que más de 300 periodistas cumplieran un pacto de caballeros y decidieran todos juntos remar hacia el mismos destino, fue muy bueno, muy importante. La confianza se va construyendo y nosotros, ahora, nos queremos y nos tenemos confianza. Hay una suerte de camaradería digital porque muchos solo nos conocemos vía e-mail.

El editor Sergio Dahbar (centro) y los periodistas Ewald Scharfenberg (izquierda) y Alfredo Meza (derecha) Foto: Lioman Lima
El editor Sergio Dahbar (centro) y los periodistas Ewald Scharfenberg (izquierda) y Alfredo Meza (derecha) en la presentación del libro en Miami  Foto: Lioman Lima

— ¿Cómo fue el trabajo aquí en Venezuela?

— No quisiera declararlo así pero Venezuela fue un ejemplo de trabajo en equipo, reconocido por el propio Consorcio. Aquí  todo funcionó perfecto y algo novedoso que hicimos es crear una plataforma en la cual cada uno de los periodistas debía publicar su trabajo además de hacerlo en su medio. Eso fue estructurado para romper el cerco de la censura. Somos venezolanos y sabemos cuáles son las limitaciones. No estábamos dispuestos a que ningún editor nos dijera: “eso no se va a publicar aquí”.

— Sin embargo, hubo un caso a resaltar, el de la periodista que despidieron tras la publicación de su trabajo…

— Sí. A Ahiana Figueroa la botaron después de publicar su información y eso también es inédito. Es que los Panama Papers son un espejo del mundo. Los casos por ejemplo, en Venezuela, son de corrupción, los de España son de evasión fiscal. Creo que las investigaciones en cada país muestran los problemas de los negocios y de la economía internos. Pero además de eso muestran la estructura de los medios de los diversos países. Aquí en Venezuela casi todos los periodistas que participamos no pertenecíamos a medios tradicionales. La única que era de un medio tradicional, El Mundo, fue despedida porque supuestamente su investigación había sido financiada por el imperio, algo así. Cuando obtuvimos el premio la llamé y me sentí muy bien. Le dije: “Por lo menos te botaron por una investigación que se ganó el Pulitzer”.

— ¿Qué novedades se pueden encontrar en el libro que no estén ya en Internet?

–El libro tiene varias historias inéditas y actualizadas. Se explica, en una de ellas, la trama de los bonos de Pdvsa del caso Francisco Illarramendi. Ese es de un fondo de pensiones de Pdvsa que se robaron y en el libro aparecen detalles de cómo ocurrió esto y en qué culminó. También esta el caso del Banco Peravia, una entidad dominicana fundada por unos venezolanos cuyo fin era lavar dinero para llevarlo a Estados Unidos. Allí hay unas pistas también, porque todo eso se realizó a través de empresas que registraron vía Mosak Fonseca. Con la compra del libro, además, apoyan al periodismo independiente.