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Peio Aguirre: ¡Qué viva la crítica!

El crítico de arte vasco otorgó una entrevista exclusiva para Esfera Cultural en el marco de su visita a Caracas

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Peio Aguirre, crítico de arte, curador, editor y autor del libro La línea de producción de la crítica, fue el invitado especial de las jornadas del foro titulado ¡Atención: la crítica requiere participación! organizado por la Oficina Cultural de la Embajada de España en Venezuela y Tráfico Visual durante los días 13 y 14 de diciembre, en el Centro Cultural Chacao. Este evento contó también con las intervenciones de un destacado grupo de panelistas venezolanos como Willy McKey, Sergio Monsalve, Lorena González, Nicolás Gerardi y Rodrigo Figueroa, quienes debatieron  sobre temas que relacionan a la crítica con el periodismo cultural o la crítica en tiempos de crisis… mientras que la investigación de Aixa Sánchez titulada  Los lugares del arte en/de Venezuela, impactó a la audiencia.

Con el propósito de sintetizar la ponencia de Peio Aguirre en Caracas en un texto breve  y así poder  difundirlo en Esfera Cultural, conversamos con él. Pudimos conocer que actualmente publica sus trabajos en El País de España, dispone de un blog en línea que se llama Crítica y metacomentario y ha estampado su firma en los más importantes medios internacionales dedicados a la cultura como A-desk, Afterall, Flash Art, Exit Express, A Prior Magazine, Frieze y otros. En su discurso aflora el manejo dialéctico de la crítica y la esfera pública, se detiene en las variables del género de opinión, primero su calidad literaria, la regularidad en la publicación, su distribución continua; asimismo  la integración en  de las distintas corrientes de pensamiento y tendencias en el análisis del producto cultural, hasta llegar a la respuesta que espera el crítico por su trabajo.

¿Qué es la crítica cultural?

— Entiendo la crítica cultural como una crítica expandida que introduce en su cuerpo todas las demás. En realidad, algo afín a la crítica ha sido siempre la especialización o la subdivisión de las respectivas artes que derivan en un tipo de crítica especializada, y en muchos casos atomizada. De esta manera podemos hablar de la existencia de una crítica literaria, una crítica de arte, cinematográfica, musical y cada una de ellas tiene una historia en los últimos siglos muy concreta que se puede rastrear y verificar.

–La industria cultural y la industria de la prensa – continúa Aguirre- históricamente ha fragmentado las páginas de cultura en estas categorías de las distintas artes y a cada una de ellas le ha dado una importancia en número de páginas, una cantidad concreta. Esto es el modo en el cual se organizan los suplementos culturales de los principales periódicos. En el caso de España es así y de alguna manera todo el suplemento es tomado en su conjunto como un espacio de crítica. En mi opinión, la crítica cultural ha de abogar por una mayor interacción entre las distintas críticas y ha de fundirlas unas con otras de manera que podamos hacer también, a través de una crítica cultural, una crítica de la sociedad en su conjunto.

Peio Aguirre fue el invitado principal del foro «Atención: La crítica requiere participación» auspiciado por el programa Acerca de la Cooperación Española Foto: Edisson Urgiles

¿Cómo explica el género de la crítica?

— Creo que en ese campo e históricamente hay dos tendencias que se confunden, a veces se anulan y otras, se complementan. La primera es la crítica como evaluación, como la opinión del crítico que habla en nombre del público y es cuando una figura experta dotada de autoridad, emite un juicio. En paralelo, existe otro tipo de crítica que consiste en analizar una producción cultural, buscar sus contradicciones, pero también completar esas insuficiencias sin caer necesariamente en una posición de juez o autoritaria. Me refiero a la crítica ensayística.

— El problema es – continúa Aguirre –  que la crítica como juicio ha sido completamente digerida, integrada en el aparato institucional por lo cual su función social, a mi modo de ver, es limitada. Creo que, actualmente, hay maneras más sutiles de emitir juicios que, sin anular una crítica del valor, incorporan la posibilidad de referirnos a las producciones culturales en su contexto o relación con la contemporaneidad. Yo abogo más por la posibilidad de una crítica que sea ensayística o microensayística, aún con un formato reducido, limitado número de caracteres o de palabras, y que comienza con la elección de qué se escribe o qué no.

¿Cómo es el perfil del crítico en la sociedad actual?

El crítico es una figura menguante en nuestra sociedad. Queda atrás la imagen del crítico como un semidiós. Si bien es cierto que su figura puede incluir muchas cosas y  él puede ser un artista, un escritor, un cineasta o un curador; en la coyuntura actual del arte, hay una tendencia a sobrevalorar la función del comisario (curador) y del editor, y devaluar la figura del crítico. Yo trato de resistir a esa tendencia y reivindico la condición del crítico, ante todo, como la de un escritor.

–Al mismo tiempo- prosigue el riguroso analista- en su  maleta, el crítico porta herramientas que  han de ser siempre múltiples y variables; debe utilizar una especie de navaja suiza. El crítico debe incorporar a esa maleta distintas metodologías, una percepción de la realidad social y también de las distintas artes. La modalidad de la crítica de arte, ha estado históricamente muy determinada  por la disciplina de la historia del arte y por los historiadores. Hoy en día, el arte contemporáneo es muy complejo y la historia del arte como bagaje, no es suficiente. Por lo contrario el crítico de arte ha de incorporar otros muchos saberes a la crítica de arte y apuntar a una crítica cultural.  Cuando hablo de saberes me refiero a tener una mirada en otras disciplinas como el psicoanálisis y la filosofía y otra en la realidad política social de los distintos contextos en los que el crítico trabaja.

A finales de la década del 60 se produjo en el mundo entero una suerte de revolución que cambió los valores, las expresiones culturales y la forma de vida de muchas personas. Sin embargo, un fenómeno tan trascendente no se ha vuelto a repetir en la historia reciente ¿Qué opina al respecto?

— Esa circunstancia que mencionas y que el filósofo Herbert Marcuse definió como momentos de liberación cultural, nacional y sexual entra en contradicción con la especialización, que es el baluarte que  genera la academia en el complicado espacio de la crítica en nuestros días. Se está produciendo la academización del lenguaje que conlleva reglas, normas y sistemas. Considero que el crítico debe de ser cauto con los sistemas y confío más en que su curiosidad ha de conducirle a lugares inesperados. Además la auto formación junto a una experticia producto de su pulsión pasional le guiarán en  su labor.

En su conferencia explicó los antecedentes de la crítica en los cafés de antaño. Sin duda, una bella imagen ¿Podría repetir esa referencia?

–Los cafés actualmente son lugares privados. Cuando aparecieron, especialmente en los países de Centroeuropa en los siglos XVII y XVIII, eran instituciones civiles, lugares de reunión. Según señala Terry Eagleton, surgieron por la interacción de distintos agentes de la sociedad que combatían al estado absolutista de la monarquía. Esa esfera pública nace del encuentro en los cafés de la sociedad burguesa con los nobles díscolos o rebeldes, las clases trabajadoras e incluían a todo aquel que pudiera tener una capacidad argumentativa. En ese momento el pueblo empieza a leer.

–Es una historia que no se puede resumir en corto tiempo — sugiere Aguirre –pero es una genealogía que no deriva del Estado, de la autoridad, ni de la Iglesia o de la monarquía, sino de la sociedad civil que conforma una esfera pública. Alrededor de lo público, surgen un montón de  conceptos como el de publicidad, publicar, opinión pública, el de esfera pública, el de público, el de criterio y el de crítica. La historia de la crítica no se puede disociar de lo público. Es por eso que me parece muy importante para el desarrollo de la crítica, que pueda haber un pluralismo democrático, espacios donde se den los antagonismos y uno pueda discutir con sus adversarios y hacer una discusión con un grado de entendimiento o guardando las diferencias.

«Yo no soy ortodoxo, pero me nutro del marxismo para estudiar la realidad», así lo afirma el crítico vasco, Peio Aguirre Foto: Edisson Urgiles

En su charla, también se detuvo en las características de la crítica y destacó, en primer lugar, su regularidad.

–Puedes hacer una crítica hoy y no publicar ninguna en un año. Esa crítica no tendrá ningún efecto en nadie. La regularidad o la continuidad es fundamental. Lo cual no significa que la continuidad debe darse en el mismo medio. Hablé de los peligros de la esclerosis, que se produce cuando alguien se identifica exclusivamente con un medio de comunicación. Creo que es muy importante concientizar la variedad de registros, la variedad de lugares y espacios, y abogar por la flexibilidad del crítico, a fin de que fluya en distintos circuitos para que actúe estratégica y tácticamente, sin parar, continuamente.

¿El crítico requiere una respuesta?

–Y esa respuesta se da en el ejercicio de una actividad que se realiza en un tiempo prolongado. Una vez que un artículo traspasa el espacio de la privacidad del ordenador y se publica, el crítico ya ha ejercido su función y esa producción tiene una entidad propia. Existe cierta ansiedad por parte del crítico en tener un feedback pero esa respuesta nunca es inmediata. Siempre está en diferido. Basta que insospechadamente una persona te diga : “Qué bueno aquello que escribiste”, eso ya es mucho y nos lleva a pensar que otras personas coinciden en esa apreciación pero no tuvieron la manera de contactarnos.

En su conferencia titulada Crítica o esfera pública: una relación dialógica, señaló que emplea el marxismo como método de estudio de la realidad. ¿Podría retomar esa idea?

–Mi método no es ortodoxo. Yo no soy ortodoxo. El problema histórico del marxismo ha sido la ortodoxia. Por eso comenté que, en mis lecturas y en mis registros, hay tendencias muy variadas que incluso pueden estar en oposición. Terry Eagleton, el estructuralismo, el post-estructuralismo, la semiótica, el  psicoanálisis, el feminismo, son corrientes de pensamiento que incorporo a mi maleta. Creo que el gran problema del marxismo es cuando se identifica como una ideología de Estado. Este es un gran problema del comunismo en el siglo XX, que todavía se  reproduce aquí y en otros países. Los grandes críticos de la historia  han estado vinculados a una posición marxista pero a un marxismo cultural, marxismo occidental (el llamado Western Marxism.  El nombre de Theodor Adorno es un ejemplo. Considero que es imposible descartar en el estudio de la cultura y la sociedad a Walter Benjamin o a Bertolt Brecht. Hay una bibliografía que tiene una capacidad dialéctica y es la que mejor ha definido muchos de los problemas del capitalismo y la cultura, que tiene a sus representantes en la Escuela de Frankfurt y  figuras como Jean Paul Sartre y Jean Baudrillard.

¿ En qué contexto se desarrolla la crítica en el presente?

–Principalmente es en el contexto de Internet, plataformas online y, llama a la atención que la gente ya no va a buscar a los blog y las páginas web algún contenido, sino que desde el año 2000  las redes le proporcionan los contenidos a los usuarios. De allí la importancia de la buena distribución de los nuestros propios contenidos. Otro problema es que es que vemos muchas cosas al mismo tiempo, con lo cual los modos de lectura están cambiando, y muchos periodistas y críticos utilizan los títulos sensacionalistas que no corresponden con el contenido del texto, lo cual genera una frustración en el lector. Lo más importante es que el concepto de la esfera pública que había estado organizado siempre alrededor de la lengua y del estado nacional ,se ha globalizado y el gran agente de esa globalización es internet al punto que estamos informados de todo lo que ocurre alrededor del globo y menos de lo ocurre cerca de nosotros.