Inicio»Teatro»Pim Pam Pum, el juego de la peste donde todos pierden

Pim Pam Pum, el juego de la peste donde todos pierden

La obra de uno de los principales dramaturgos del teatro del absurdo, Eugène Ionesco, se presentará en la sala Virginia Aponte de la Universidad Católica Andrés Bello para enfrentar al espectador con su naturaleza egoísta, destructiva y trágica

2
Compartido
Pinterest URL Google+

Desesperanza, muerte y humanidad son algunas de las palabras con las que se podría definir Pim Pam Pum, compleja obra del dramaturgo francés Eugène Ionesco. La pieza teatral se presentará esta semana con un elenco de más de 20 estudiantes de la Universidad Católica Andrés Bello, miembros de Teatro UCAB, en la Sala Virginia Aponte, bajo la dirección del profesor Jesús Navas.

Un mal desconocido se propaga por la población sin causa aparente. Las personas, quienes viven en un estado semejante a la felicidad, comienzan a morir; no hay cura ni explicación científica que pueda detener la enfermedad. La puesta en escena consiste en tres andamios ubicados en el escenario, en medio de ellos aparecerá un monje con una pequeña luz que alumbra las sombras de la muerte. Con el fondo de la pieza clásica Lacrimosa sonando, los 20 actores comenzarán a entrar en escena para introducir el tema central de la obra: cómo reaccionan las personas, enfermas de humanidad,  en situaciones extremas de peligro donde su vida se ve amenazada por un fenómeno inexplicable.

«A mí me basta con tu presencia enmarcada en el universo» Eugène Ionesco. Foto Andrea Rodríguez (@andrearo.28) y Carlos Neira (@Carlosdaneira).

Desde el inicio de la pieza los personajes parecen ignorar la presencia del monje, símbolo de la luz y la esperanza perdidas. Incluso cuando ocurre la primera muerte, un par de bebés que adquieren un tinte violáceo, ojos inyectados en sangre y manos sudorosas, las señales del mal que se presentan segundos antes de que las personas mueran.

Ante tal situación desgarradora, anuncio nefasto de que no hay futuro, los presentes comienzan a buscar culpables. La primera reacción de los personajes es absolutamente humana, no buscan ayuda sino que se acusan entre ellos, se señalan, se gritan y permiten que la desesperación los invada. La muerte se vuelve rutina, todos fallecen, uno por uno, invadidos por el mismo mal desconocido, omnipotente e inevitable: su humanidad.

«Los sueños nos muestran en la noche lo que no nos atrevemos a hacer durante el día. Los sueños son una bonita excusa» Eugène Ionesco. Foto Andrea Rodríguez (@andrearo.28) y Carlos Neira (@Carlosdaneira).

Así comienza Pim Pam Pum, una obra de 20 actos que está categorizada en la corriente del absurdo por la ausencia de una explicación lógica que defina la enfermedad, no es un castigo, tampoco hay ciencia que la defina. La pieza teatral enfrenta al espectador con su propia naturaleza a través de un collage de pequeñas historias que, aunque no se relacionan entre sí, todas se articulan en el tema de la peste. Cada uno de estos relatos cortos se suceden unos a otros con una breve transición donde las luces y la música clásica  permiten al espectador considerar que quizás, en otra vida, los personajes se volverán a reencontrar, libres de los males de su naturaleza mundana.

Las escenas muestran cómo la enfermedad afecta a todos por igual sin importar raza, estatus social, edad o principios morales. En algunas de ellas, aparece nuevamente el monje, el único personaje que no habla, con la luz y la esperanza ignorados. El juego por la sobrevivencia comienza, las personas son encerradas en sus casas y solo Dios podrá tener piedad de ellos. En medio de un tema absurdo e inexplicable, Ionesco retrata la sociedad, sus fisuras y su comportamiento mientras se permite explorar nuevas estructuras en su dramaturgia como la despersonalización de los actores, las dos historias que ocurren al mismo tiempo o la escena donde se canta con ópera los diálogos.

«Los tabiques deben ser calafateados pero el corazón debe ser impermeable» Eugène Ionesco. Foto Andrea Rodríguez (@andrearo.28) y Carlos Neira (@Carlosdaneira).

La pieza es, en su totalidad, desgarradora y trágica. En medio de tanto caos, muerte y destrucción, el autor juega con el espectador y hace pasar desapercibido pequeños detalles de esperanza y libertad. Habrá quienes busquen en la enfermedad su estrategia política, otros, en cambio, revelarán su verdadera naturaleza egoísta y no temerán aprovecharse de los fallecidos. Los muros de las cárceles serán un refugio y la antropofagia se convertirá en la mejor salida para mantenerse vivos cuando se comiencen a morir de hambre por causa de la cuarentena. Así es la humanidad para Ionesco.

Teatro UCAB apuesta por el montaje de esta obra en un momento donde la sociedad venezolana atraviesa un estado crítico en cuanto a las necesidades básicas de la vida diaria. Desde el teatro se busca la reflexión, la sensibilización y, sobre todo, la autoevaluación por parte del espectador sobre su comportamiento cuando atraviesa situaciones difíciles. Pim Pam Pum, aparentemente absurda, podría pasar fácilmente como un reflejo de los venezolanos, quienes mayormente ceden al caos, acusan a los culpables, buscan aprovecharse y se señalan entre sí.

«El Mal hará una excepción con nosotros» Eugène Ionesco. Foto Andrea Rodríguez (@andrearo.28) y Carlos Neira (@Carlosdaneira).

Sin embargo, tal como el monje que atraviesa la escena con su luz, siempre ignorado, la esperanza se mantiene en el país aunque, en varias oportunidades, pase desapercibida. Esta obra es un llamado al cambio desde los miembros de la sociedad para que la muerte no sea el único fin posible.

A partir del lunes 7 hasta el domingo 13 de octubre se presentará en la Sala Virginia Aponte de la Universidad Católica Andrés Bello Pim Pam Pum, el juego de la peste donde todos pierden.

«¡Dios, ten piedad de nosotros!» Eugène Ionesco. Foto Andrea Rodríguez (@andrearo.28) y Carlos Neira (@Carlosdaneira).