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POESIA VENEZOLANA CONTRA LA OPRESION

Este artículo de opinión es un botón que muestra la calidad y honestidad literaria de su autor a la hora de evaluar un texto ; en este caso, una antología poética.

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El libro » Poesía venezolana contra la opresión» ya se encuentra en las librerías

Leyendo esta antología, empezando por la presentación que hacen de ella sus compiladores, Diajanida Hernández y Ricardo Ramírez Requena, así como también el prólogo de Willy Mckey, he recordado con insistencia las propuestas del grupo Tráfico, a comienzos de los años ochenta del siglo pasado. Como seguramente el lector sabe, yo pertenecí a esa agrupación literaria y puedo testimoniar que también para nosotros la poesía era –es- un artefacto, es decir, “un aparato de palabras hecho para darle voz a los ciudadanos” y “una carga explosiva de ideas que nombran, muestran y cuestionan la realidad y mueven a la reflexión”. También nosotros quisimos que el poema tuviera una utilidad pública hasta constituirse en un “aparato de palabras” capaz de dinamitar tanto la buena conciencia burguesa como los estereotipos, los clisés y los lugares comunes donde se sedimenta la inercia cognoscitiva del hombre común. Y, aunque con los años todos los integrantes de Tráfico nos hemos percatado de la culposa ingenuidad de aquel voluntarismo mesiánico a través del cual buscábamos aproximar la poesía al venezolano promedio (ahora sabemos que ese acercamiento no depende de la voluntad de los poetas sino de una compleja trama de factores sociales, políticos, económicos, educativos, culturales que exceden con mucho los alcances de esa voluntad), algo ha quedado para nosotros, a estas alturas, meridianamente claro: la poesía es pensamiento analógico y simbólico estructurado musicalmente; siendo tal, busca allegarse a lo indecible, a lo que está más allá del alcance de las palabras; pero ese aproximarse a lo inefable la poesía lo realiza y efectúa en el lenguaje mismo, en el seno de la misma palabra: por eso fractura, desgonza, desarticula el orden convencional de los vocablos, la mecánica habitual que gobierna el uso cotidiano de los mismos. Así, las palabras, que creíamos inalterables, muertas, disecadas por su utilización habitual, en el poema empiezan a encabritarse, a saltar, a danzar, a mostrarse dúctiles, porosas, maleables, a cargarse de sentidos inéditos. De esta forma, el poema se convierte en un acto intrínsecamente revolucionario, porque subvierte el piso mental sobre el que descansa nuestra percepción de la realidad, nos relanza a una inédita captación del mundo. No hace falta que la poesía desarrolle una temática política explícita: el solo hecho de la redacción de un poema convierte a su creador en un francotirador flagrante, en el insurrecto por excelencia, en un rebelde vocacional. En ese sentido, un poema de Juan Sánchez Peláez, con toda su carga imaginal aparentemente ajena al funcionamiento colectivo, es de suyo un hecho político: desquicia y redimensiona nuestra relación espiritual, psíquica y sensorial con lo real.

Ricardo Ramírez Requena, compilador de » Poesía Venezolana contra la opresión
Diajanida Hernández, compiladora de la Antología  que incluye poemas  contra la opresión en Venezuela desde 1926 hasta el 2018

 

 

 

 

 

 

 

 

 

“Poesía venezolana contra la opresión” antologiza textos escritos y publicados a lo largo del siglo XX y lo que va del XXI. La selección es, en general, acertada. Demuestra que la tradición poética de nuestro país es de primer orden: una de las principales dentro de la literatura hispanoamericana. Me ha parecido un buen ejemplo de la asertividad de los antólogos escoger e incluir en la muestra “Balada del preso insomne”, de Leoncio Martínez, porque siempre he pensado que ese poema, junto con el “Corrido del soldado venezolano”, de Antonio Arráiz, y “Retablillo de navidad” y “Reláfica del negro y la policía”, de Aquiles Nazoa, constituyen el espectro, por decirlo así, de los grandes poemas menores de la lírica venezolana: todos los estudiantes de primaria y secundaria deberían conocerlos y aun saberlos de memoria. La inclusión, también, del poema “Amanecimos sobre la palabra / ANGUSTIA”, de Pablo Rojas Guardia, que se convirtió en bandera y consigna de la generación del 28, me toca muy de cerca, por razones obvias.

Para finalizar, y dicho con todo respeto, debo formular un gran reparo: me luce muy bien que los compiladores, a la hora de seleccionar los textos, hayan dado muestras de ecuanimidad, de equilibrio y amplitud. Pero incluir, en una antología que gira en torno a la lírica nacional que se ha levantado y se levanta contra los poderes tiránicos y deletéreos que nos han sojuzgado y nos sojuzgan, a poetas que de manera explícita adhieren y apoyan la dictadura feroz, corrupta y cruel cuyo dominio padecemos hoy los venezolanos, es un contrasentido, un despropósito lamentable. Hay que decirlo: esos poetas son mephistos, cómplices, colaboradores del mal. Resulta escandalosa su inclusión en una muestra antológica de este tipo.

 

Padre e hijo unidos por la poesía y la lucha en contra de la opresión:

 

Amanecimos sobre la palabra ANGUSTIA.

Por eso las otras palabras,

Las que alrededorizan los sueños,

Tienen un temblor lelo en los labios.

Poema sin título de Pablo Rojas Guardia  publicado en el libro Poemas  Sonámbulos en 1931

 

PATRIA

Alguna vez amamos, o dijimos amar,
la terquedad sombría de tu fuerza.
La voz del padre enronquecía
al evocar calabozos, muchedumbres,
hombres desnudos vadeando el pantano,
llanto de mujer, un hijo
y más arriba (dónde arriba?)
el trapo contumaz de una bandera.
Supimos, lenta y vagamente,
que lo imposible te buscaba
extraviándote los pies
-aquellos pies de Hilda obsesionaron
a mis ojos de niño: su corteza
terrosa, vegetal, desconcertada
sobre la pulitura del granito.

Tal vez una tarde, entre los campos,
la música te deletreó de pronto
al lado de algún bosque, una colina,
un lago triste que se te parece:
la misma terquedad al revelarte
ávida no precisamente de nosotros
(los efímeros, los quizá, los transeúntes)
sino de tu pátina absurda de grandeza
-esos sueños opulentos de la historia
que son más bien su horror, su pesadilla.

Ahora que te conoces vil, prostibularia,
porque tanta voluntad ecuestre
se apeó bajo el sol a regatear
y el héroe mercadeó con su bronce
y el oro solemne del sarcófago
adornó dentaduras, fijó réditos,
y no hay toga ni charretera ni sotana
que te oculten cuadrúpeda, obsequiosa
por treinta monedas ancestrales,
yo me atrevo a cubrir tu desnudez.
No es verdad que te vendiste. Tú anhelabas
dilapidarte brusca, totalmente:
un lujoso imposible.
Lo sabías,
siempre lo has sabido y como siempre
aras en el mar. Te concibieron
con voluntad precisa de fracaso.

Cómo afirmar, pasito, que hoy te quedas
en la dificultad de sonreírte
levantando los hombros, desganado,
y diciéndote con sorna, con ternura,
mañana sí tal vez. Quizá mañana…

Armando Rojas Guardia