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Premio Nobel de Literatura: cuando la polémica es ley   

En su artículo, la periodista Dulce Ramos refiere cómo se instaló la polémica en los Premio Nobel de Literatura y esta vez la controversia afecta al escritor Peter Handke uno de los galardonados, además, invita a la reflexión sobre los criterios de evaluación de una obra literaria y su autor .

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Hace días hablaba con un amigo de como el periodismo cultural le ha dado paso a la polémica, al mismo estilo de la farándula amarillista y barata.  Un ejemplo de ello han sido las últimas ediciones del Premio Nobel de Literatura, las páginas de los periódicos y las redes sociales son eternas discusiones sobre el ganador, de lado quedó hablar de su obra o de su trascendencia literaria, todos quieren un pedazo del Nobel para cuestionar la legitimidad de su elección. Sencillamente, hoy los escritores son víctimas de la civilización del espectáculo.

 

En el año 2015, cuando le otorgaron el premio a la bielorrusa Svetlana Alexsiévich se le criticó por ser periodista y escribir en un género que para algunos no es literatura: la crónica.  Al año siguiente la situación fue peor, se concedió a las composiciones musicales de Bob Dylan, quien no fue a retirar el premio.  Con el Nobel al escritor británico de origen japonés Kazuo Ishiguro parecía llegar la calma; sin embargo, en el 2018 se decide no otorga el premio por las acusaciones que envolvieron al artista francés Jean-Claude Arnault, esposo de la académica Katarina Frostenson, cuando el periódico sueco Dagens Nýheter publicó la denuncia anónima de dieciocho mujeres por agresiones y abusos sexuales por parte de Jean Arnault.  Una vez estallado el escándalo, varios miembros de la academia deciden renunciar.

 

La polémica se desató en torno al premiado Peter Handke por razones políticas

Todo este telón de fondo creó muchas expectativas, más allá del eterno candidato Haruki Murakami sonaban los nombres de ; Ana Blandiana, Mircea Cartarescu, Javier Marías, Margaret Atwood, Anne Carson, entre otros.  Finalmente el pasado jueves 10 de octubre se conoció los ganadores: la escritora polaca Olga Tokarczuk y el escritor austriaco Peter Handke, generando dudas entre la delgada frontera que separa la obra de un autor y su ideología política, también sobre los requisitos que debe tener un autor para ser reconocido con el Nobel.

 

El Premio Nobel de Literatura para Olga Tokarczuk recibió la aprobación del público. Foto: cortesía, latercera.com

La designación de Olga Tokarczuk, ha sido aplaudida, no sólo por ser la decimoquinta mujer en recibir el premio en ciento dieciséis ediciones, también por su pensamiento feminista, todo en consonancia a los tiempos del Me too; además de su compromiso político como escritora: En el momento en que vivimos ahora en Polonia, el papel del escritor es muy especial. Tenemos que ser personas honestas y decentes, para escribir sobre el  mundo de la manera correcta”. 

 

En el caso de Peter Handke, su premio ha desatado la ira de varios sectores de la sociedad.  En su discurso al recibir el Nobel en el año 1957, Albert Camus dijo: “El papel del escritor, por tanto, no se separa de deberes difíciles.  Por definición, hoy no puede estar al servicio de los que hacen la historia, sino al servicio de quienes la sufren.  Pues de no ser así se hallaría privado de su arte”.  Como intelectuales de su tiempo, pienso, debería existir coherencia entre el autor y su vida.  Colegas, lectores y la sociedad no pueden ignorar el apoyo de Peter Handke al dictador Slobodan Milosevic o el episodio cuando negó la masacre de 8.000 musulmanes en Srebrenica (1995): “Creo que fue una figura trágica. No un héroe, pero sí un ser humano trágico. Pero soy un escritor y no un juez. Amo a Yugoslavia —no tanto a Serbia, pero sí a Yugoslavia— y quise acompañar la caída de mi país favorito en Europa y esa fue una de las razones para asistir al funeral”.  Explicó Handke para The New York Times sobre su presencia en el entierro de Milosevic.

 

Lo cierto es que los sobrevivientes a la masacre de Srebrenica piden revocar su Nobel, también Joyce Carol Oates, Salman Rushdie, Slavoj Zizek y varios escritores alzaron su voz ante el hecho: «Handke es una elección problemática para un comité del Nobel que está tratando de volver a situar bien el premio después de los últimos escándalos. Es un buen escritor que combina una gran profundidad con una ceguera ética alarmante.  Más que nunca necesitamos intelectuales que sean capaces de hacer una firme defensa de derechos humanos».  Declaró Hari Kunzru.  El tiempo dirá si Handke aceptará el premio y por ende, si asistirá a la gala de premiación.

 

Todo esto me hizo recordar cuando en una entrevista al escritor nicaragüense Sergio Ramírez, le pregunté sobre la relación entre la literatura y la política: “En América Latina los intelectuales y los escritores viven pendientes de la vida pública, aunque se puede ser un magnífico escritor sin estar pendiente de la vida pública.  Pero de una u otra manera uno tiene muy cerca los ojos del poder, huir de esa visión del poder para un escritor no es posible ni en su vida ciudadana ni en sus libros porque el poder está ahí y es un elemento literario, igual que el amor no se puede eludir. Si uno nace en una dictadura o un gobierno populista no puedes ignorarlo”, explicó Ramírez, quien años después cuestiona su pasado sandinista.

 

Finalmente, esta diatriba invita a preguntarse: ¿Hasta qué punto hoy es relevante el Premio Nobel de Literatura o cualquier otro premio literario? ¿Hasta qué punto una sociedad como la sueca y un premio cuyas bases filosóficas son el altruismo y los derechos humanos, reconocen a personas que muestran su apoyo a verdugos y masacres? ¿Hasta qué punto la literatura debe ser política? ¿Hasta qué punto apoyar a un dictador opaca la obra literaria y el talento de un escritor? ¿Hasta qué punto una obra literaria debe ser juzgada moralmente? ¿Hasta qué punto se separa la literatura y la política? Nos queda mucho por reflexionar y evaluar si realmente el Premio Nobel de Literatura debe seguir existiendo o no.  Escritores como Jorge Luis Borges, Clarice Lispector, Virginia Woolf o Franz Kafka no necesitaron el Nobel, hoy son un referente para los lectores y para todo aquel que se dedique al oficio.  Solo las buenas obras sobrevivirán al tiempo, solo los buenos escritores – aunque algunos sean ignorados por sus contemporáneos – serán los verdaderos referentes para las futuras generaciones.  Simplemente a veces. los premios son medidas frívolas que responden a intereses ajenos a la verdadera literatura.