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Primitiva y experimental, un perfil de la eterna Sonia Sanoja

"La Dama de la Danza" se despidió de este mundo, sin embargo, sus aportes a la danza y a la poesía la mantienen viva

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Sonia Sanoja fue mujer de la tierra. Cuando se habla de danza, la palabra puede referir a algo ligero, volátil, aéreo. Pero Sonia no era así. Y no porque no volara con sus grandes saltos, sino por las insondables raíces de su cuerpo que la conectaban con la tierra y la naturaleza.

En su libro Bajo el signo de la danza (1992) relata que fue una bailarina innata. Descubrir el movimiento en y de su cuerpo era lo que más le gustaba. Rodeada de ocho hermanos, moverse le permitía encontrar su propio espacio, su lugar y su libertad.

Sonia Sanoja nació en Caracas el 2 de abril de 1932. Su camino siempre fue la danza, y se acercó formalmente a ella en la Cátedra de Ballet que dictaron desde el año 1945 los bailarines argentinos Hery y Luz Thompson en el Liceo Andrés Bello. Sin embargo, era una mujer con inquietudes diferentes a las de un balletista y encontró un camino más certero cuando se unió en 1953 al Teatro de la Danza que dirigía el mexicano Alberto Holguín de la Plaza. Años antes, el también conocido como Grishka Holguín, había traído a Venezuela la danza moderna.

Su particular espíritu ancestral y su profunda mirada la hicieron una mujer sumamente atractiva. Su compañero de vida fue el poeta y traductor Alfredo Silva Estrada, reconocido nacional e internacionalmente. Se conocieron mientras estudiaban Filosofía en la Universidad Central de Venezuela y se casaron luego en 1960.

Sonia Sanoja y su esposo Alfredo Silva Estrada. Foto: S/N
Sonia Sanoja y su esposo Alfredo Silva Estrada. Foto: S/N

Viajaron un par de veces a Francia y se vincularon con el movimiento artístico de Los Disidentes, de donde surgió el abstraccionismo geométrico como resultado de la reflexión de artistas venezolanos como Jesús Soto, Dora Hersen, Luis Guevara Moreno, Alejandro Otero, Mateo Manaure, entre otros. En la década de los sesenta, Sanoja conoció nuevas técnicas danzarías de la mano de Laura Sheelen, Karin Woebner y Winifred Widener. Bajo la influencia del abstraccionismo, inició su camino en la composición coreográfica.

“La creación de una coreografía tiene motivaciones diversas. Uno siente a una coreografía como parte de su vida. Es una corriente vital que hay en cada proceso creativo, en el cual hay que darse íntegramente”, dijo a El Universal en 1994. Su primera coreografía fue Duración uno y cuatro (1960), con la cual participó en el Festival de Jóvenes Coreógrafos de París. Su obra reúne más de 60.

Regresan a Venezuela cuando Rómulo Betancourt empieza su período presidencial y se une como profesora a Danzas Venezuela (dirigido en ese momento por Evelia Beristain). En 1961, gracias al apoyo de Miguel Arroyo, crea junto a Grishka Holguín la Fundación de Danza Contemporánea en el edificio neoclásico del Museo de Bellas Artes. Años más tarde publicó su primer libro Duraciones visuales (1963).

Su primera presentación en solitario fue en el antiguo Ateneo de Caracas en 1965, y para el año 1970 ya había recorrido escenarios en Alemania, Estados Unidos, Colombia, Nicaragua, Costa Rica, El Salvador, México y Perú, reseña Marcy Rangel en Al son que nos toquen (2011).

Sonia Sanoja, Premio CONAC de Danza Contemporánea (1982). Orden Andrés Bello y Orden Francisco de Miranda (1983)

En 1970 creó la agrupación Sonia Sanoja Danza Contemporánea, adscrito al Instituto de Cultura y Bellas Artes (Inciba), el cual apoyó la publicación de su segundo libro A través de la danza (1971). En el Inciba, Sanoja fue directora del Departamento de Danza durante dos años, pues no era sencillo compartir la burocracia con ser artista.

“Es muy difícil aportar a la danza desde un cargo público (…) Hacer danza significa tener una infraestructura para trabajar. Creen que uno puede hacer danza en cualquier parte. Hay que tener un sitio estable de trabajo. Un bailarín necesita estar bien nutrido, tener medios económicos para vivir. (…) La danza es un arte que pasa completamente por el cuerpo y el bailarín tiene que cuidarlo”, dijo en alguna oportunidad.

En 1984 cambia el nombre de su agrupación a Sonia Sanoja Arte Coreográfico ya que para ella ese nombre sintetizaba mejor su creación artística. La nueva directiva del Consejo Nacional de la Cultura (antiguo Inciba) toma el cambio de nombre como excusa y le exonera el subsidio a la agrupación. Sonia Sanoja se retira de la escena durante un período de siete años. Fue una etapa de reflexión y profundización. A su retorno, publicó su tercer libro Bajo el signo de la danza (1992) y estrenó sus coreografías Espaciales I-II-III-IV (1992-1993).

En 1994, a través del Instituto Superior de Danza, su amigo, gerente cultural, periodista, docente y crítico de danza, Carlos Paolillo, organizó el espectáculo Naturales: Sonia Sanoja, Coreografías 1960-1994, para el que Sanoja creó coreografía Naturales (1994).

El Centro de Documentación e Investigación de la Danza Trayectodanza, dirigido por su amiga la periodista y crítico de danza Teresa Alvarenga, realiza un documental sobre el trabajo de Sanoja y lo proyecta en una exposición documental en la Casa del Artista que incluyó fotografías, vestuarios, y un performance de la bailarina con músicos en vivo. Desde ese momento, se mantuvo cerca de Trayectodanza y hasta sus últimos días fue Vicepresidente de la institución.

Sanoja junto al fotógrafo Miguel Gracia, quien siguió de cerca su trabajo y lo documentó para la historia.
Sanoja junto al fotógrafo Miguel Gracia, quien siguió de cerca su trabajo y lo documentó para la historia

De allí en adelante, Sanoja se concentró en su labor docente. Enseñó Filosofía de la Danza e Historia del Arte en el Instituto Universitario de Danza (hoy Unearte), de donde sus alumnos atesoran recuerdos. “Era un personaje muy particular, con sus joyas y collares prehispánicos, todo muy étnico. Sus rasgos indígenas y su vestimenta eran particulares. La conocí siendo un chamito, y me la presentaron como la figura más importante de la danza en nuestro país”, recuerda Armando Díaz, director de la Compañía Sieteocho.

“Siempre fue muy cariñosa. Su voz ronca y bajita, no se le entendía casi nada, lo cual era muy divertido para nosotros”, continúa. “Fue uno de los jurados más difíciles que me tocó en la defensa de mi tesis. Vi su otra faceta: una mujer muy intelectual”, agrega Díaz, coreógrafo del cortometraje en homenaje a Sanoja Lección de Danza: el llamado del cuerpo (2015) dirigido por  Joaneska Grössl.

Una última vez

"Duración Solo" (1960). Foto: Miguel Gracia
«Duración Solo» (1960). Foto: Miguel Gracia

Para Alvarenga fue una sorpresa muy agradable escuchar a Sanoja anunciarle que bailaría nuevamente sobre un escenario a sus 84 años. La animaron a bailar Paolillo y Leyson Ponce, quien dirigió Amor amargo (2016), la obra en donde se reencontró con su compañera del Liceo Andrés Bello, Graciela Henríquez, en el Centro Cultural Chacao y en la Sala Horacio Peterson de Unearte

Aunque un bailarín maduro no tenga la agilidad para grandes saltos tiene la profundidad del movimiento. Cada movimiento tiene un más allá. Extremadamente interesante porque sólo eso se logra con los años”, apunta Alvarenga. Las bailarinas representaron a las dos hermanas de La hora menguada de Rómulo Gallegos, enamoradas del mismo hombre, y danzaron con un paltó de Silva Estrada, “pasándoselo la una a la otra. ¿Para qué contarte? ¡Eso había que verlo!”, sostiene.

“Jamás la podré olvidar. Sonia bailando un bolero, imagínate tú, con una picardía y un movimiento maravilloso. Y a Graciela, que era la hermana mayor, expresar todo aquello con su cuerpo: ‘una mujer a quien yo amo y que me quitó mi marido’. Era fuerte, una cosa dramática y trágica”, recalca.

Para el espectáculo, Sonia lucía sus características piernas torneadas y su cuerpo musculoso. Todos los días caminaba junto al río Güaire para mantenerse en forma. Sin embargo, el deterioro de su salud debido a un cáncer de ovarios fue feroz. Al momento de su muerte, a penas pesaba treinta y tres kilogramos.

Para su tumba escogió su vestimenta y uno de los collares de la gran colección que ostentaba. Murió el domingo 26 de marzo de 2017. Sus amigos y familiares más allegados esparcieron sus cenizas en el Jardín de la Esperanza en la Parroquia Manzanares, sobre una alfombra natural de flores moradas. En ese mismo jardín fueron esparcidas las cenizas de su esposo en el 2009. La despidieron con uno de sus poemas y una hermosa oración cristiana, rodeada de árboles, viento y el sonido de la naturaleza:

«Basta un silencio cargado de vibraciones para que se inicie la danza»

Fotos: Trayectodanza.