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“Pueblo de fieras” una propuesta para hablar del hambre: Devorar al otro

El flagelo del hambre así como la impotencia del desplazado frente a la indolencia del gobernante ; parte de la historia que el director Orlando Arocha dramatiza con motivo del V aniversario de la Caja de Fósforos

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“Pueblo de Fieras”,el montaje con que la Caja de Fósforos celebra sus primeros cinco años de actividad teatral, es un grito ante la catástrofe que nos aqueja. Venezuela, el país que fuera uno de los más prósperos del mundo, muere de hambre: el teatro lo sabe

 

El hambre es el primero de los conocimientos:
tener hambre es la cosa primera que se aprende.
Y la ferocidad de nuestros sentimientos,
allá donde el estómago se origina, se enciende. Miguel Hernandez

 

Hace cinco años en una noche del año 2013  el telón -que no se usa- en  esa sala llamada La Caja de Fósforos  descorría. Aquel caparazón erigido por Julio Volante- enclavado en la montaña en Bello Monte, volvía a la vida. La Concha Acústica tenía nuevos moradores. Una troupe de artistas le devolvió el latido. Las agrupaciones Hebu de Diana Volpe y los ecos de Contrajuego- fundado por Orlando Arocha se juntaban en un proyecto contemporáneo. Una agrupación con una sala para contener todo el teatro posible. 80 sillas, una sala de bolsillo y un pulmón artístico tan grande como la montaña. ¿Teatro?¿ Cine?¿Festivales? ¿Talleres? Si, si, si…

Ricardo Nortier encabeza el elenco de ” Pueblo de Fieras” , una obra de teatro que vincula Uganda con Venezuela

Un montaje de la tragedia shakesperiana sobre el poder, Macbeth daba inicio al proyecto de un espacio para la experimentación, para el teatro de arte con mayúsculas.Orlando Arocha, uno de los más sólidos directores conceptuales con los que cuenta la escena venezolana- un maestro- sacudía con una propuesta desnuda de escenografía que situaba a Macbeth en la sede morgue. Para ese momento las muertes violentas del país alcanzan cifra récord. El conglomerado ponía el dedo en la herida abierta del país.  Desde la escena gritaba ¡Nos están matando! ¡El poder – Lady Macbeth- tiene las manos manchadas de sangre y no sale! – Impunidad mediante.

Cinco años más tarde y cien montajes después, la Caja de Fósforos vuelve a encender. A elevar su grito. Un alarido donde hay más dolor que en aquel de la morgue en la tragedia de Macbeth.

Cuesta y duele pronunciar la palabra que enuncia el vacío. Se pega en la garganta y se seca en el estómago . Hambruna- hambre de todos- hueco como patrimonio. Ocurre en un pueblo de  África y la narra un antropólogo de origen sajón- inglés y estadounidense, Colin Turnbull (1924-1994) en un libro ,El pueblo de la montaña.  Allí  reúne sus vivencias. La miseria que es el hambre. Esa sensación primaria que devuelve al hombre a la caverna del instinto. En esas páginas cuenta anécdotas de sus dos años de vida en medio de la tribu de los Iks, un grupo étnico que habita en el noroeste de Uganda, cerca de la frontera con Kenya. Uganda- la misma del legendario dictador Idi Amin Dada. El que cuentan se comía a sus víctimas.

En la foto, cortesía de La Caja de Fósforos, vemos a Diana Volpe en otra de sus magistrales interpretaciones

 

La historia de ese pueblo Iks que se “desnaturaliza” toda vez que pierde la humanidad cuando es arrancado de su hábitat. Un dictamen del poder: crear una reserva animal. Avienta al pueblo de los Iks hacia un asentamiento que cambia su forma de vida y convierte a un colectivo pacífico en esa fiera de patas erizadas. Un otro, que devora a su semejante. Lo pulveriza.

Arocha escoge pasajes- y los teatraliza de forma delirante- para construir un espectáculo estremecedor. Una exploración honda del hambre y sus consecuencias sociológicas. El daño antropológico que produce la ausencia de alimento: desde el físico- daño orgánico, mental y emocional; hasta el colectivo. La degradación donde la civilidad y la convivencia dan paso a la ley de la selva, la supervivencia del que engaña, estafa, miente y destruye. El hambre deshumaniza: es todos contra todos. No hay espacio para el otro. Despedaza la familia y la convivencia, solo hay tiempo para procurar alimento. No hay lugar para la ternura, la amistad o cualquier manifestación de amor. El otro solo es mi rival en la cacería: quedan demolidas la compasión y la solidaridad. Prostituye el sentido sagrado de la muerte al extinguir el ritual del pasaje de esa cultura originaria de los Iks. Un muerto es tan solo una boca menos en la competencia. Destruye hasta la pulsión tanática pero también el eros: en los Iks desaparece la vida sexual. El sexo solo importa como valor de cambio de la comida.

Apuesta también por la voz del relator, el antropólogo, el otro que ve y su compromiso de dejar constancia: el relator de la historia para sentar testimonio del horror. Consagra la memoria como gesto de civilidad.

Narrar y escenificar

El montaje será entonces una doble articulación: narrado a la manera de los griegos con el viejo Homero – haciendo honor a la tradición oral y al sentido antropológico de las primeras formas teatrales- y la representación propiamente dicha, con elementos que remiten a la potencia del drama, sostenido sobre un riguroso trabajo de composición escénica- cada personaje en particular. Hablamos del gesto, la mirada, las cuencas vacías y el gesto extraviado, de los signos del retraso que produce la desnutrición. Pero también en las escenas que suman a todos los personajes. La manera de componer las coreografías colectivas. La dinámica de componer y descomponer la escenografía. Tiembla el paisaje.

Un tema tan álgido como el hambre, teatralizado por Orlando Arocha  e inspirado en el libro” El pueblo de la montaña” de Colin Turnbull

Como si no bastara el bisturí en el ojo que mira. El antropólogo- Arocha -hace un zoom sobre la crueldad del hambre hacia los más ancianos- desechables en la lucha por sobrevivir, los niños- que molestan y se dejan en el camino, o los enfermos que entorpecen y se suman como otra boca que alimentar. Presente está la alusión al poder que maneja la ración del alimento, el que lo controla. El que envía migajas descompuestas en cajas. No quedará fuera ni la ayuda humanitaria, tampoco el poder como acto de prestidigitación y engaño.

Una faena artística que se intuye como lo que ha debido ser; un hondo proceso de investigación en el texto que lo inspira,que propone hasta una lengua aborigen-poco importa si real o no-  de la cual entran y salen a lo largo del espectáculo sin alterar en lo absoluto el pacto de ficción ni la verosimilitud. Casi un entrenamiento del escucha. Itchi ban será un fonema casi amable que el espectador se llevará consigo.  Pero también otro sonido, uno brutal que le martillea el cerebro. Ñaca ñaca, para pedir comida. O vocablo que asocia el bienestar a la saciedad. Estar bien es estar lleno.

La imagen de Gabriel- nombre ficticio- de cinco años en el Hospital De Valencia. Pesa más que la humanidad del niño. El propio Gabriel pesa menos que cuando llegó al mundo. Está desnutrido. No es un Iks es un venezolano otro más que se deshace frente a la indolencia. Otro ángel roto. La Caja de Fósforos grita por el. Libra por todos. Larga vida a ese escenario sin paredes.

“Pueblo de fieras” cuenta con las actuaciones de Ricardo Nortier, Diana Volpe, Abilio Torres, Carolina Torres, Vicente Quintero, Nella Martínez, Mary Duarte, Jósbel Lobo, Antón Figuera, Carlos Fabián Medina y Diego Abreu. La ficha técnica está integrada en el diseño gráfico por Jonathan Mora, en la iluminación por José Manuel Rueda, en el vestuario por Raquel Ríos, en el diseño de escenografía por Orlando Arocha, en la realización escenográfica por Escenografía YA, la producción es de Ari Savio y la asistencia de dirección de Kevin Jorges.