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Rasgos comunes

Con su diáfana redacción, Armando Rojas Guardia escribe un artículo halagador en relación a la poesía venezolana del siglo XX, y de la antología poética " Rasgos Comunes" destaca la presencias de las voces femeninas y también menciona algunas ausencias inevitables.

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Este es un libro deslumbrante. Nos ratifica dos viejas convicciones: primero, que la tradición lírica venezolana es una de las mejores de la lengua española en toda su historia; y segundo, que el siglo XX ha sido el gran “siglo de oro” de nuestra poesía. Al corroborar tales aciertos, esta importantísima antología oxigena de santo orgullo nuestro espíritu nacional, en momentos dentro de los cuales todo nos invita a la autosubestimación y a la desesperanza. Hoy sabemos que la actividad estética, y particularmente la poesía, está en la vanguardia de la resistencia espiritual frente al horror que todos los días padecemos. Como en la España del siglo XVII, el siglo de la decadencia, del deterioro institucional, de la pobreza galopante, de la corrupción generalizada, el quehacer lírico se ha convertido entre nosotros en una de las principales reservas morales de la espiritualidad colectiva.  Así como la poesía de Quevedo, de Góngora y de Lope de Vega floreció en medio de una ciénaga social, la de los creadores venezolanos –los mayores y los menores, los consagrados y los que todavía no lo son- arroja una luz redentora sobre nuestro calamitoso presente, impulsándonos hacia niveles superiores de conciencia y libertad mental. Y esta muestra antológica de la creación poética venezolana del siglo XX nos confirma que el trabajo actual de nuestros poetas está enraizado en una tradición de primer orden, respaldado por un pasado remoto y reciente de calidad literaria inusitada. Podemos y debemos sentirnos orgullosos de él.

 

Ilustración de la Portada
de Rasgos Comunes- Antología de la poesía venezolana del siglo XX

El rigor de esta selección antológica nos permite disfrutar de algunas obras como si las leyéramos por primera vez. Por ejemplo, la poesía de Enriqueta Arvelo Larriva conquista de inmediato la atención del lector. Y también la de la gran Luz Machado, cuyo libro crucial, La casa por dentro,  invita a sucesivas, espléndidas relecturas. Y la densa de María Clara Salas. No es casual que se me ocurra citar el caso de tres voces femeninas; porque una de las verdades estallantes que este libro contiene es que el trabajo lírico de las mujeres venezolanas ha sido siempre cualitativamente trascendente. Desde la voz inaugural de María Calcaño, las poetas de nuestro país nos han obsequiado una obra sólida, perenne, alejada tanto de la improvisación como de la facilidad. Esta es una de las grandes revelaciones de este libro.

Y sin embargo, me parece que en esta antología faltan algunos nombres importantes. Echo de menos la presencia de poetas como Pálmenes Yarza, Eleazar León, el marabino Blas Perozo Neveda, Miguel Márquez, el Rafael Arráiz Lucca de Plexo solar y, entre los de mediana edad, Alicia Torres. Pero sabemos que una muestra antológica no es nunca completa: en ella se impone el descarte selectivo, la criba, una elección que supone de entrada la renuncia a la posibilidad de mostrarlo todo.

Para compensar esas ausencias, hasta cierto punto inevitables, Rasgos comunes nos regala un mapa coherente de referencias poéticas en el que privan la calidad, la majestad en la dicción y el fraseo, la elegancia prosódica, en suma: el rigor. El propósito de Antonio López Ortega, Miguel Gomes y Gina Saraceni, los antologistas, ha sido el de ofrecernos las líneas maestras de una tradición, los “rasgos comunes” que la singularizan en el concierto estético de la lengua. Y ese propósito está ampliamente logrado. Y con creces.