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El recorrido de los Siete Templos es un acto de fe

La tradición y la fe comulgan incluso en los tiempos más difíciles

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Mientras el cardenal Jorge Urosa Savino hacía las ofrendas al Nazareno de San Pablo en la Iglesia Santa Teresa este Jueves Santo, un grupo de personas interrumpió la ceremonia con consignas del Partido Socialista Unido de Venezuela. La situación se tornó caótica y entre insultos y golpes se extinguió la misa. Algunos presentes denunciaron el robo de sus pertenencias, pero la tradición católica no se detuvo por este episodio.

Este viernes 14 de abril, efectivos de la Policía Nacional Bolivariana resguardaban las puertas de la iglesia. Los feligreses que cumplían la tradición de visitar los templos sacros durante este asueto no desistieron ni por las amenazas ni por la lluvia. Las puertas estaban abiertas, las cúpulas los resguardaban del mal tiempo y aunque el suelo estaba mojado, los asistentes continuaban con sus oraciones. Con bolsas plásticas como gorros improvisados, cantaban alabanzas y hacían rezos a sus santos favoritos.

Junto a un grupo de estudiantes de la Organización Nelson Garrido dirigidos por el fotógrafo Gerardo Rojas, Esfera Cultural visitó los siete templos. La intención era conocer qué motiva a los venezolanos a visitar las emblemáticas iglesias. “Uno viene a buscar paz, amor, tranquilidad. La política yo la dejo fuera de la iglesia”, dice Yolanda Andrade en la Iglesia de San Francisco. Justo allí Simón Bolívar recibió el título de Libertador el 6 de agosto de 1813. “La gente se aleja de la iglesia porque los sacerdotes no dan un mensaje de amor y a los católicos se les olvida que Jesús sacó a los fariseos del templo”, continúa. “Yo amo a mi patria y moriría por ella, pero saldrá adelante cuando la gente respete. Cuando trabajemos con lealtad, bondad, sin avaricia. A quienes trabajan así, le pido a Dios que les abra el camino y les dé luz”, concluye.

Foto: Gerardo Rojas
Foto: Gerardo Rojas

En la Basílica de Santa Teresa, entre la esquina La Palma y Santa Teresa, entra un poco más de luz. Para acercarse a la figura del Nazareno de San Pablo hay que integrarse al flujo de personas que se desplazan de un ala a la otra del templo. Los fieles se concentran a admirar la imagen del Cristo cargando la cruz. Hoy está adornado con orquídeas y flores moradas, al fondo se escuchan cánticos y oraciones.

Ante la imagen de la Virgen de la Piedad, una niña de unos seis años vestida con una bata morada, se arrodilla sin comprender mucho lo que sucede a su alrededor. Su madre le dice: “Pídele. Dale las gracias. Él te salvó, gracias a él puedes caminar y hablar”. La madre le explica a otra mujer que contempla las figuras que a su niña la operaron de la columna y que es una obra de Dios tener a la pequeña a su lado.

Frente a la iglesia Nuestra Señora de las Mercedes, en la esquina Las Mercedes de la parroquia Altagracia, se concentraban vendedores de sahumerios, rosarios y collares. Cinco niños ofrecían siete velas por 1.000 bolívares y cada espiga en 250 bolívares. “Cómprame una, vale”, dice uno casi suplicando y explica que es hijo de unos vendedores que hizo el recorrido desde temprano.

Iglesia Nuestra Señora de Las Mercedes. Foto: Gerardo Rojas
Iglesia Nuestra Señora de Las Mercedes. Foto: Gerardo Rojas

La edificación fue declarada monumento histórico nacional en 1960 y ha sido reconstruida por lo menos cinco veces desde 1614. La iglesia es bastante oscura y silenciosa. Varias de las figuras de santos permanecen dentro de urnas de cristal, no se sabe si es para protegerlas del hampa o porque hasta 1825 funcionó un cementerio en la parte trasera del edificio.

La Catedral de Caracas, por el contrario, es bastante iluminada. Tiene altos techos, paredes blancas y vitrales de colores que narran la historia de la ciudad. Conserva un cuadro inconcluso de Arturo Michelena,  La última cena (1898). Destacan también la imagen de La Dolorosa, el Jesús Cautivo y el Nazareno.

En la Catedral se escucha el sermón del cura sobre las Siete Palabras de Jesús en la Cruz. “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”, es la primera. El sacerdote explica que, aunque vivamos tiempos violentos, de represión e injusticia, el perdón debe prevalecer. “Pidamos a Dios que nos enseñe a perdonar, así como Él lo hace, pues todos somos venezolanos”.

Jesús Cautivo. Foto: Gerardo Rojas
Jesús Cautivo. Foto: Gerardo Rojas

Promesas de fe

Vestidos con humildes túnicas púrpura, los fieles recorren otras iglesias, como la del Sagrado Corazón de Jesús en La Hoyada, que destaca por su arquitectura neogótica y el Cristo Glorioso que fija su mirada en quienes levantan sus ojos para contemplarlo. Algunos van con los pies desnudos y la fe intacta. “Hago este recorrido desde que tengo uso de razón. En el 2004 sufrí un infarto y me puse en manos de Dios. Por eso me visto de morado en Semana Santa”, relata la señora Margarita Berbel, con los cabellos y los ojos mojados.

Con hojas de palma adornadas con figuras de santos y espigas de trigo, los fieles rozan las imágenes beatas como si quisieran coleccionar sus bendiciones. Otros llevan pencas de sábila para alejar la “mala vibra” de sus hogares.

Muy llamativa desde su exterior se presenta la Basílica Menor Santa Capilla, sin embargo, son sencillas las telas que colocan para decorar su interior. En una de las paredes está el óleo de Arturo Michelena La multiplicación de los panes (1897), y desde los altoparlantes se escucha una voz que reza el Padre Nuestro e invita a la relación armoniosa con la naturaleza. Una caja espera la colaboración con velas, y un humilde cartel indica que la santa misa es a las cuatro de la tarde.

Basílica Santa Teresa. Foto: Gerardo Rojas
Basílica Santa Teresa. Foto: Gerardo Rojas

El techo de la iglesia Nuestra Señora de Altagracia muestra la pintura desconchada. Preparan el Santo Sepulcro con flores y un grupo de personas está reunido en el altar compartiendo oraciones. Fuera de la iglesia no se venden dulces hoy. Los comerciantes del centro de la ciudad cambiaron la mercancía por estampillas con rezos, tusas y semillas para aliviar los dolores de forma natural.

La fe no fue dejada de lado en estas pascuas. Los días llenos de gases lacrimógenos y saqueos guardan un espacio para los compromisos. Como explicó otra de las fieles: “el recorrido no lo hacemos por tradición; lo hacemos por fe, por espiritualidad”.