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El sabor a dulce criollo acaricia el paladar

Pese a la escasez de materia prima para hacer dulces, la tradición oral y popular se fortalece en el casco histórico de Caracas

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Vitrinas móviles resguardan en su interior los colores, olores y sabores de la dulcería criolla venezolana. Besitos de coco, aliados, dulces de plátano o guayaba, suspiros, majaretes, ajonjolí, catalinas, son algunos de los que esperan, plácidamente, ser comidos por algún transeúnte de la Plaza Bolívar de Caracas y sus alrededores.

Desde la esquina El Principal hasta Las Madrices, los vendedores ambulantes de nuestra granjería criolla dan vida a cada uno de estos rincones, y sin saberlo, construyeron una ruta gastronómica en el casco histórico que Esfera Cultural recomienda visitar.

La oferta es variada: más de 20 tipos de dulces que oscilan entre 700 y 1000 bolívares. Todos son hechos con ingredientes naturales, de la manera que las madres y abuelas les enseñaron a sus hijos y nietos. Además, la naturaleza les regaló el don de conservarse con la misma calidad, hasta por un mes.

-Aunque nuestro local es la calle- afirma Julio Torres, uno de los vendedores con más tiempo en la zona–trabajamos bajo estrictas normas sanitarias.  Agrega que tienen certificado de salud, curso de manipulación de alimentos, pagan los impuestos y participan en cursos relacionados con el buen servicio y trato con el público. También pertenecen al Sindicato único de dulces criollos del estado Miranda y Distrito Capital.

Julio Torres es uno de los vendedores con más tiempo en la zona.

Aunque el origen data de tiempos inmemoriales -cuando los indígenas a base de harina de maíz, papelón, leche y coco rallado hacían  el conocido majarete – hoy en día esta tradición oral y popular se fortalece. Según Torres la mayoría de los dulces  se volvieron a hacer artesanalmente porque la Industria La Andina y la Fábrica de Dulces Veracruz, dos de las empresas más importantes en la producción de la granjería, cerraron.

Las cooperativas y el intercambio entre familias hacen posible la compra y venta de los que en opinión de María Gabriela Piña “son los mejores dulces del mundo”.  Ella ubica sus manos sobre la vitrina y recuesta en ellas su cabeza que se balancea, de un lado a otro, mientras Julio Torres embolsa el aliado o templón. Mientras tanto, aprovecha para contarle a la joven impaciente qué es su dulce favorito.

-Se hace de la pata del ganado, del tuétano del hueso que es el nervio. Se cose, estira y se lleva a una            máquina. Luego hay que servirlo, cortarlo y empolvarlo con harina de trigo para que no se pegue.              Es templón el preferido de los abuelos. Algunos me dicen que hasta cura la tos y los ayuda con las              articulaciones…

La polvorosa y las toronjitas no se ven en ninguno de los carritos. No se encuentra materia prima para hacerlas, mientras que las toronjas, aunque las descargan en el Mercado de Coche bien tempranito, las venden a precios muy elevados lo que genera que el costo final sea de 2.500 bolívares o más. “No le podemos hacer eso a nuestra gente, por eso preferimos no venderlas”, asevera Torres. Sin embargo, surgen otras alternativas, también naturales, como los tostones y las papitas fritas.

Los más vendidos son la catalina y el besito de coco blanco, rojo, moreno o negrito. Explica Torres que los colores influyen en el sabor. “El blanco, es hecho con pura azúcar. El moreno o negrito, es el coco con papelón. El rojo es azúcar, coco y un colorante sabor a cola, ¡pero eso sí!, el rojo número cinco que no da cáncer”, insiste.

En realidad, no importa cuál prefiera el comensal, porque todos son una caricia al paladar que se intensifica cuando cierran los ojos y se concentran en la textura, el sonido y los sabores de aquella bolita de masa brillante.

Aunque en la ruta la granjería criolla es la protagonista, se toparán con Artesanos Café, un pequeño espacio que se destaca por usar productos nacionales de alta calidad. Su café va desde el más sencillo espresso, hasta una combinación con cocuy o ron. Los ponqués pueden ser de zanahoria, chocolate o auyama. Mientras que el papelón con limón es la bebida fría que muchas veces acompaña al dulcito de plátano o guayaba que el  peatón compró en el carrito de afuera.

Puedes combinar café y cocuy en un delicioso guaro
Puedes combinar café y cocuy en un delicioso guaro

Arte París, también es una parada inevitable en el recorrido. Allí hacen pastelería francesa con materia prima, en su mayoría, nacional. Ofrecen al público tartaletas de fresa o de limón, milhoja, marquesa de chocolate, sacher, ópera y otros que son preparados cada mañana porque ningún dulce permanece más de un día en el local, asegura Lusardo Molina, encargado del establecimiento hace cinco años. Los nuevos bombones temperados permiten al comensal disfrutar de los diferentes sabores, pero en pequeñas porciones. La torta de zanahoria y de auyama son de las pocas opciones de cocina criolla que se encuentran en el lugar .

Sin embargo, todo dependerá del gusto del comprador. Como toda nuestra gastronomía, la dulcería también está hecha para dar felicidad y placer.

 

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