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Sergio Dahbar: Somos unos trabajadores del libro

Un referente dentro del periodismo y del mundo editorial hace un recuento de cómo ha sido su experiencia en el trabajo que le apasiona

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Para los lectores hablar de libros puede ser entretenido. Cuando se es editor este episodio toma un nuevo tono. La pasión con la que Sergio Dabhar habla de libros hipnotiza. Con su voz madura y pausada, pasea a quien lo oye por el mundo editorial con una gran franqueza sin necesidad de llegar al victimismo, propio de esta época de crisis. Sí, las editoriales tienen sus limitaciones y dificultades, no hay papel, no hay divisas, no hay dinero para tener un personal fijo, pero nadie se frena si siente que aquello que hace vale la lucha.

La experiencia de Dahbar en El Nacional, donde llegó a ser Director Adjunto, su trayectoria dentro de Random House como radar de talentos y la creación de El Librero, revista única en su estilo referente en todo el continente por su difusión de textos y libros; fueron una antesala propicia para finalmente crear un sello editorial propio que en cinco años ya acumula 70 títulos. Esto quiere decir más de un libro al mes en un contexto en que, por ejemplo, editoriales internacionales se han ido, otras se han fusionado y algunas se han extinguido.

La Hoja del Norte y Editorial Dahbar, amparadas por la razón social Cyngular, son las hijas de Sergio Dahbar. Nacieron en crisis pero se han desarrollado a pasos agigantados y hoy día son referentes. “Hace cuatro meses sacamos tres mil ejemplares del último libro de Francisco Suniaga (Adiós Miss Venezuela) y hoy ya no hay”, dice escondiendo el orgullo. Esto equivale a vender de un solo autor, 25 libros cada día durante cuatro meses. Es una barbaridad.

–¿Cómo fue el nacimiento de la editorial en un contexto tan desfavorable?

–A veces pasa que naces y sales a la calle cuando puedes. Hubiera sido ideal otro contexto, de otra manera, pero así tocó. Yo venía trabajando en Random House en una época muy buena en la que se vendían muchos libros y donde no había ningún tipo de problema de papel ni de nada. Se podían hacer los libros, se imprimían, se desarrollaban, había bastante trabajo. Después se fueron, yo cree mi editorial y vino esta crisis. Aprendimos a convivir, a sobrevivir y a sacar adelante los proyectos. No es el mejor momento, el trabajo es doble o triple porque tienes que hacer mil cosas: las empresas no pueden tener mucha gente porque no hay posibilidad de mantenerla, es una empresa muy pequeña, pero es lo que nos tocó y así lo asumimos. Sabemos que van a venir tiempos mejores en algún momento, por ahora es la forma que tenemos de hacerlo. Creo además,que esto nos ha dado una ventaja porque finalmente y para tratar de decir algo positivo, cuando uno se enfrenta a muchas dificultades se tiene que entrenar para sobrellevarlas, atravesar ese mundo difícil y hacer las cosas que uno quiere hacer. Eso te coloca en el papel de tener que aprender a resistir, aprender a buscar otras alternativas que tal vez no son las mejores, pero son las que tienes en el momento.

–¿Cuándo y cómo nace la editorial?aa_24_cerco_rojo_a_la_libertad_de_expresion2

— Si tuviéramos que decir cuánto tiempo tenemos en el mercado, realmente, serían cinco años a pesar de que la revista El Librero arranca en el año 2006 (…) Comenzamos con Cerco rojo a la libertad de expresión de Oscar Lucién. En cinco años 70 libros y, en ese periodo, aprendimos que esto es lo que queremos hacer. Es difícil, pero nos ha convertido en unos trabajadores del libro que necesitan estar alerta todo el tiempo para poder desarrollar lo que están haciendo. Pero bueno, lo hemos logrado.

— Me encanta la expresión “trabajadores del libro”

— A mí también me gusta lo de trabajadores del libro porque es un oficio que todavía guarda mucho de artesanal, de algo que no se puede mecanizar, no lo puedes convertir en una ecuación. No es que todo libro que publiques de tal manera va a ser un éxito o al contrario. Exige mucho, eso sí, de un trabajo intelectual; tienes que trabajar mucho con el autor, lograr encontrar el libro que está metido allí en una idea, pero que está de repente disfrazado con elementos que le sobran o que le faltan; y luego tener confianza en el producto, creer en él, trabajarlo, corregirlo, diseñarlo, prepararlo hasta que el libro sale. Cuando el libro sale va a tener una vida impredecible.

–¿Qué ocurre cuando sacas un libro?

–Es como cuando tienes un hijo. Traes un hijo a la tierra y quisieras unas cosas para él pero él después va a tomar sus propias decisiones. Los libros son así también. A veces crees que les va a ir de tal manera pero a ellos les va de una manera particular en la que el lector juega un papel fundamental. Quizá ellos mismos (los libros) establecen algo con la gente. Entonces esto a mi me fascina. No creo, a diferencia de otras personas, que uno puede manipular, decidir o saber cuándo las cosas van a ir bien o cuando van a ir mal. Con lo que sí estoy de acuerdo es con traer los libros que, en mi concepción, deberían existir para los lectores. Esas historias que pienso podrán gustarle a alguien. Si yo logro que alguien se me quede mirando y me diga: “Oye, a mí eso me gusta”, quiere decir que conseguí una parte de lo que quería. De ahí que sea un éxito editorial o no, es más complicado.

— Ocurre que pensabas que un libro sería un éxito y después fracasa, o viceversa…

— He publicado libros que nunca imaginé que iban a vender y vendieron tres mil ejemplares en un día. Eso para mí era algo imposible de lograr, no lo tenía pensado. Después saqué otros libros que me parecía eran buenísimos y no se han vendido. Pero eso no me indica si estoy bien o estoy equivocado. Para mí hay libros maravillosos que no los lee nadie, porque son difíciles, porque tienen una prosa contracorriente, porque quizá no tienen un diálogo con determinado lector hoy, pero de repente lo van a tener más adelante. Tal vez los lectores son muy caprichosos, compran los libros, los guardan y los leen después. Es decir, tus libros se venden porque la gente los comenta, hay un boca a boca que va diciendo: “Mira, este libro lo deberías leer, es muy bello, tiene una historia muy linda” (…) Un libro puede empezar muy lento sin que nadie hable de él y un buen día alguien lo comenta, al siguiente día el reporte de ventas dice que se vendieron muchísimos y te preguntas ¿qué pasó? ¿por qué este mes tan particular se vendió así? No lo sabría explicar, pero ocurre. Empiezas a darte cuenta de las cosas,  así como la vida. No puede tratar de manipularla ni dominarla.

— ¿Qué se vende en Venezuela?

— Hay cosas que se venden más que otras. El periodismo tiende a develar información que la gente no conoce y eso a la gente le gusta. La novela vende muy poco. No te puedes equivocar, hacer ediciones muy grandes, sacar muchas novelas porque no hay un público de lector de novelas tan grande que amerite que hagas una gran inversión. En Venezuela el tema político no era un tan importante pero este proceso que hemos vivido de 17 años ha colocado lo político en un lugar primordial. A la gente le interesa saber lo que está pasando y eso lo lleva a leer muchas propuestas sobre ese tópico. Lo otro es que aquí siempre ha habido muy buenos historiadores y eso ha hecho que los libros de historia sean importantes. La gente quiere conocer de dónde venimos, cuál ha sido el pasado, para entender este presente. Los libros tipo utilitarios, de autoayuda, de coaching, esos se venden. Pero insisto, la novela salvo contadas excepciones, no se vende mucho. Suniaga es un autor que vende, pero habría que decir que son contados con la mano. También hay otros libros que uno se inventa. Por ejemplo el del Discurso de la servidumbre voluntaria, un libro que publicamos recientemente que es de un escritor francés del año 1500. Trata de por qué a la gente le gusta vivir bajo una dictadura, por qué le gusta ser esclavo de otro. Consideramos que en este momento podría tener una lectura particular(…) y eso también tiene que ver con la labor de un editor: pensar qué tipo de libros, publicados hace mucho tiempo, hoy podrían tener una repercusión en los lectores y podría ser interesante volverlos a leer.

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Foto: Iconos de Venezuela

— ¿Qué opina de la afirmación: ‘El venezolano no lee’?

— No lo sé porque no hay cifras reales. Aquí todas las cifras que saca el gobierno son de mentira, siempre con un tinte político para demostrar una cosa u otra, pero el análisis del comercio te dice que en Venezuela hay muy buena compra. Es decir, el consumo en Venezuela es muy bueno. Pero eso no quiere decir que la gente lea el libro, sino que lo compra. Entonces, de ahí desprende la conclusión de que el lector venezolano lee mucho, o  que el venezolano lee muy poco (…) Las encuestas también mienten porque las personas le dan un valor social importante al libro. Por ejemplo una persona dice que lee cuando puede que no haya leído un libro en años. Uno tiene que guiarse con mucho cuidado. En todas partes del mundo los libros son un objeto social muy preciado que te otorgan un lugar. Una cosa es alguien que lee, otra cosa es alguien que no le interesa leer nada; una cosa es alguien que le interesa el cine, la pintura, la escultura, y otra una persona que solamente le interesa la ingeniería y los puentes. No estoy haciendo ninguna valoración, lo que digo es que para la gente, la cultura tiene un valor social. Pero eso no quiere decir que sepan de cultura, sólo nos permite saber que efectivamente consumen cultura. Hay más gente queriéndose tomar una foto con Leonardo Padrón, que quienes han leído los libros de Leonardo Padrón. Hablo de Leonardo como podría hablar de otros escritores, lo cierto es que hay que tomar con pinzas muchas de las cosas que se dicen, porque uno a veces no sabe.

–En general tiene una visión optimista del tema editorial…

–No lo sé. No sé si yo tengo una mirada positiva, creo que con los años que tengo, con la vida que he vivido, he adquirido una experiencia que me permiten mirar las cosas en su complejidad. Hay gente en Venezuela que dice que en Colombia se leen más libros que acá y no es cierto. Colombia es una muy buena plaza, los lectores son buenos, pero en verdad aquí se venden más libros que allá y eso es una realidad. Pasa que nosotros a veces nos queremos ver como muy mal. Producimos en Venezuela una cantidad de ideas y de libros que tienen que ver con ideas sobre el país que son importantes. Esto que nos ha pasado es muy malo, pero también nos ha traído algo; nos ha puesto a pensar sobre nosotros, sobre nuestras incapacidades para superar problemas, sobre la facilidad con la que tropezamos con un mismo error muchas veces, en fin… creo que son cosas a futuro, porque solamente vamos a salir de todo esto, si somos capaces de entender qué hicimos mal, por qué nos dejamos seducir por ciertas cosas y eso te dará como una herramienta para pensar la vida y la realidad y decir: : “En esto es lo que yo creo”.