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Shakespeare en una experiencia alemana y caraqueña

Rafael Barazarte suma experiencia en la dirección teatral y ahora traslada ese aprendizaje a su trabajo periodístico, por ejemplo, a la siguiente reseña de El Rey Lear en la versión de Gerardo Blanco y el Grupo Bagazos.

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Una vez escuché que las grandes obras teatrales deberían nombrarse como los lienzos, por el nombre de su creador: un Dalí, un Rembrandt, un Van Gogh, un Picasso; de esta manera su importancia y repercusión histórica se rescataría. Entonces hablaríamos de un Lorca, un Moliere, un Chejov o un SHAKESPEARE.

La representación de un texto de  William Shakespeare es una experiencia, tanto para el que la hace, como para el que la disfruta, y precisamente  es ese aspecto el que ha tomado en cuenta, el presidente de la Asociación Cultural Humboldt, Federico Pacanins en la denominada  “Experiencia Shakespeare”,  iniciativa de esta institución que pretende hacernos sentir más civiles ante la barbarie, con puestas en escena como: Medida por Medida, Macbeth, Cori Olano, entre otras obras que se presentan el  marco  del 70 aniversario de la ACH , situada en la Urbanización San Bernardino.

Actualmente no hay mejor centro cultural para recibir este género de piezas, que la Asociación Cultural Humboldt y entre pasillos con nombres alemanes, tiestos arqueológicos, exposiciones de arte y escaleras que se entrelazan con la luz, nos topamos con un cuadro que en vez de aludir a la institución, sencillamente expone el Ávila, porque ciertamente no hace falta nada más,  antes de  ingresar a un teatro mágico, un teatro que enorgullece, que te acoge e impacta, entre madera y telón dorado, entre profundidad y buenas luces: una excelente acústica. El cuido alemán destaca en este lugar propicio para el encuentro de un espectador con una obra realizada con mística.

El Rey Lear, ¿qué sabemos de esta historia? Es una de las piezas más apasionantes de Shakespeare;  trata la ingratitud filial y el drama de la vejez y la locura; la obra está  inspirada en la historia de Godofredo de Monmouth uno de los principales responsables en la expansión y notoriedad de los relatos del Rey Arturo.

Carlos Abbatemarco en el rol del hijo legítimo del rey Lear ;Manuel Edmund intérprete del hijo ilegitimo de Gloucester e Ignacio Marchena como el comerero de Goneril, hija del Rey. Fotos cortesía de ACH

Es Gerardo Blanco el responsable en esta oportunidad, de trasladarte a aquella época, pero como diría en su momento el drmaturgo Ben Jonson; “Shakespeare no pertenece a una sola época sino a la eternidad”. Gerardo con su Grupo Bagazos,debe estar como el atlas mitológico aguantando un mundo, su mundo son: 3 horas de espectáculo con 20 actores en escena.

Ellos son: Lear, Rey de Bretaña – Jorge Palacios; Goneril, hija mayor de Lear – Patty Oliveros; Regan, segunda hija de Lear – Sandra Yajure; Cordelia, hija menor de Lear – Silvia De Abreu; Bufón – Jeizer Ruiz; Duque de Cornwall – Orlando Villalobos; Duque de Albany – Juan Carlos Grisal; Conde de Kent – Gerardo Soto; Conde de Gloucester – Carlos Abbatemarco; Edgar, hijo legítimo de Gloucester – Manuel Villalba; Edmund, hijo bastardo de Gloucester – Ignacio Marchena; Oswald, camarero de Goneril – José Sánchez; Rey de Francia / Soldado – Martin Almonetti; Duque de Borgoña / Soldado – Rafael Gorrochotegui; criados – Anakarina Fajardo, Rosana Mottola y Cipriano Castro Flores; soldados – Daniel Martínez y Alexander Kaas; cantante invitada – Katherine Coll.

Ellos hacen su presentación formal en medio de un entrenamiento actoral, un audiovisual  que sirve de preámbulo a lo que viviremos como espectadores en esta sala, con el fin de presentar a los hacedores de la representación mencionados en el párrafo anterior.

Es un trabajo encantador que muestra la magia detrás de escena con efectos especiales. Mientras esto transcurre el Rey Lear no aparece en ningún momento, a pesar de que destaca en el afiche inicial, cosa que crea una gran incertidumbre en el auditorio. Todos quieren verlo, quieren oírlo, disfrutarlo y es inevitable que muchos miremos hacia atrás,hacia arriba para verlo, hasta  ir poco a poco entrando en la historia, en la disputa, en la desdicha de los personajes de Shakespeare.

En ese sentido, El Rey Lear es una tragedia con dos historias muy lineales: Lear y sus hijas como historia principal y por otro lado Clúster y sus dos hijos. Son paralelas y estas dos historias llevan a una trama con un final cruento. Algo así como historias inversas cuyo final invierte el estado normal de las cosas.

El montaje apuesta a una dinámica espacial que se va diversificando, con el implemento del vídeo mapping , es decir, con el empleo de proyectores de vídeo para desplegar una animación o imágenes sobre superficies reales, hasta conseguir un efecto artístico. El  propio Gerardo Blanco admite  haber conocido este recurso a su llegada a la asociación, punto particularmente acertado con la aparición de la lluvia y con aspectos de la realeza, por ejemplo. Todo confluye en una mágica experiencia y faltó muy poco para que fuera sensorial.

Jorge Palacios en el rol de Lear, Rey de Bretaña con Jeizer Ruiz; quién asumió el personaje del bufón en la puesta en escena de Gerardo Blanco Foto: cortesía de ACH

Todo va y viene dentro de la caja negra; disputas entre espadas, entre hermanas, encuentros y desafíos con hijos, relaciones y venganzas, muertes, atropellos, risas, todo un cóctel shakesperiano. Al fondo, con una luz escasa pero suficiente, se visualizan la siluetas de los actores esperando su entrada al acto,  o descansando de este carrusel de imágenes que no para y que de repente te deja sin aliento en las 3 horas que dura la  función.

Ver Shakespeare, o mejor dicho, ver a Shakespeare como un lienzo, un cuadro, una historia que no es montada de la noche a la mañana : se trata  más bien de ser participe de un desafío, de ahondar en los personajes. Son meses, son semanas y horas de ensayo que poco a poco se van quedando cortas por la fascinación que despierta la dramaturgia del gran escritor. Hacer a Shakespeare es entrar en otra dimensión del disfrute teatral.

Esto se visualiza en la  escena del Re Lear dirigida por Gerardo Blanco con el trabajo respetuoso de cada uno de los participantes tanto sobre como detrás de las tablas, sobresale del grupo: Jorge Palacios quien personifica a un Rey Lear que toca el alma, que viaja con el personaje, y que en el saludo al público denota el esfuerzo de un actor sin límites por edad. Trabajo de admirar y de agradecer ante los aciertos y desaciertos del montaje,como en todas las obras son las actuaciones de Carlos Abbatemarco quien escenifica al Conde de Gloucester, personaje desgarrador. Gerardo Soto, Conde de Kent  siempre cumplidor en la puesta en escena, ( el juego a dos caras ayuda al espectador a sobre llevar la historia); Ignacio Marchena Edmund,  en el personaje del hijo bastardo de Gloucester, quién visiblemente  goza un personaje típico de las tragedias.

La única tristeza es que este trabajo de meses, terminó con solo 4 funciones, y desde que se publique este escrito, se presentará apenas dos veces más.  Otro inconveniente es la lejanía de la ACH de la propia Caracas. Creo que mostrar trabajos de esta índole es necesario, pero no gratis. El público poco a poco debe tomar conciencia que hay que pagar para presenciar un buen espectáculo.Ojalá que El Rey Lear pueda llegar a otros centro culturales para que la “Experiencia Shakespeare” no se  viva sólo al pie del Ávila.