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Sin límites ni fronteras, Ana Karina Enríquez arriba al Ballet du Rhin

La venezolana se formó en el Ballet de las Américas y comparte con Esfera Cultural los detalles de su estadía en Europa

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Ana Karina Enríquez a sus frescos 22 años se eleva en el Ballet de la Ópera Nacional de Rhin, Francia. La caraqueña, formada en la Fundación Ballet de las Américas, es movida por su fuerza de voluntad cada vez que ata a sus tobillos sus frecuentadas zapatillas de punta.

A los cuatro años de edad fue ella quien le pidió a su madre hacer aquello que hacía su prima –también bailarina internacional- Irina Marcano: bailar ballet. No recuerda las primeras clases que recibió en el Polideportivo La Boyera, pero sí la profunda emoción que sentía cada vez que asistía y las horas de diversión practicando en casa. Para ella, el ballet “siempre ha sido una alegría y el lugar donde siempre he encajado”.

Al cumplir siete años, la Fundación Ballet de las Américas se convirtió en el segundo hogar de la niña. Allí, sus maestros Celeste Jiménez, Alejandra Paredes, Stella Quintana y Rumen Rashev dedicaron años en adiestrar a la inquieta bailarina, quien pocos años más tarde despuntaría en competencias internacionales como Tanzolymp (Alemania), Internacional Ballet Competition (Rusia), International Ballet Competition (Turquía), y Stars of The 21st Century (Panamá), donde ganó dos medallas de plata y auspiciosas becas para los cursos de verano del Royal Ballet School y el Washington School of Ballet.

En el 2012, recibió la una Distinción Honorífica en el Premio Municipal de Danza, junto a grandes nombres como Laura Prieto, Rafael González y Freddy Urdaneta.
En el 2012, recibió la una Distinción Honorífica en el Premio Municipal de Danza, junto a grandes nombres como Laura Prieto, Rafael González y Freddy Urdaneta. Fotografía: Bill Cooper

En el año 2015 formó parte del elenco del Ballet Teresa Carreño (BTC), en donde interpretó los roles principales Clara y el Hada de Azúcar en El Cascanueces de Vicente Nebrada, y de éste gran maestro venezolano tuvo la oportunidad de bailar Doble Corchea (1984) y La luna y los hijos que tenía (1975) en la gira que dicha compañía hizo por Uruguay ese mismo año.

“El arte y el ballet están pasando por una situación difícil en Venezuela y no se baila ni se aprecia tanto como uno quisiera. Para uno como bailarín, joven y profesional, la prioridad es bailar, aprender y matar esas ganas de mostrar lo que amas y el talento que tienes”, afirma.

Reconoce que la experiencia con el BTC fue enriquecedora pero siempre le quedaba “esa cosita de querer salir y probar otros horizontes”, pues desde niña anhelaba bailar en Europa. Envió su currículo a diferentes compañías extranjeras, siendo contactada por el distinguido Birmingham Royal Ballet, en Reino Unido, quienes le facilitaron el boleto de avión pues debido a la crisis venezolana, le resultaba difícil conseguirlo, y ciertamente, pagarlo.

Ana Karina Enríquez en ensayo
Ana Karina Enríquez ensayando junto a César Morales Anderson el Pas de deux del Hada de Azúcar. Bailaron como invitados de Ricardo Moreno en Divonne-les-Bains, Francia. Fotografía: Kevin Robson

Enríquez participó en las versiones de El Lago de los Cisnes y El Cascanueces, del Laureado Director Peter Wright, la versión de Romeo y Julieta, del británico Kenneth MacMillan, estrenada en 1965 por la aclamada pareja Margot Fonteyn y Rudolf Nureyev y otra versión de El Cascanueces del reconocido coreógrafo inglés, Will Tuckett. Sobre esto, Enríquez comparte que “el trabajo es muy diferente, muy rápido y bastante exigente”.

“Es una compañía grande y hacen muchas giras a nivel nacional.  Aprendí, crecí como persona y bailarina, conocí gente maravillosa y se me abrieron muchísimas puertas”, refiere la artista, quien contrastó la formación que traía en la técnica rusa Vagánova con la  técnica inglesa Cecchetti, mucho más suavizada.

En febrero de 2017, fue contratada por el Ballet Ireland para protagonizar la joya del ballet romántico Giselle, con coreografía de Ludovic Ondiviela, antiguo bailarín principal del Royal Ballet y vanguardista coreógrafo de origen español-francés. “Fue una versión más contemporánea, más corta y reducida en personajes. Ondiviela es una persona muy particular y especial. A él le gusta mucho que explores nuevos movimientos, que estudies tu cuerpo, que sea tu manera de bailar, porque cada bailarín tiene su estilo diferente”, revela quien interpretó los roles principales de la historia: Giselle y Bathilde.

Giselle, de Ludovic Ondiviela. Bailarines: Ana Karina Enríquez y Matt Petty. Fotógrafo: Declan English
Giselle, de Ludovic Ondiviela. Bailarines: Ana Karina Enríquez y Matt Petty. Fotógrafo: Declan English

Nuevo viaje, nueva aventura

Enríquez entró ahora al Ballet du Rhin, compañía francesa destacada por su habilidad para bailar diversos estilos manteniendo siempre los más altos estandartes de calidad. Para la joven, quien declara un curioso interés hacia la danza contemporánea, ésta resulta la oportunidad idónea para experimentar el campo.

“Me espera mucho trabajo pues es una compañía y una ciudad nueva. Uno siempre tiene que adaptarse lo más rápido posible y que eso no afecte tu trabajo. Al ser una compañía pequeña (35 bailarines) tengo oportunidad de bailar muchas cosas más”, comparte.

A partir del 19 de octubre, la compañía comenzará una gira por el Gran Este de Francia con el espectáculo Forsythe · Kylián · Scholz, “Grand European Choreographers”, con tres piezas de estos magníficos creadores contemporáneos quienes exponen sus nuevos vocabularios basándose en la técnica del ballet clásico que aprendieron del sudafricano John Cranko en su compañía, el icónico Stuttgart Ballet.

El repertorio incluye Quintett de William Forsythe, 27’52’’ de Jirí Kylián y Jeunehomme de Uwe Scholz. “Son coreógrafos de mucho renombre. Los primeros están siendo muy bailados en todo el mundo. Scholz  por su parte se dedica más a la parte clásica, con ballets de técnica muy exigente, un estilo muy definido y particular lo cual es bastante emocionante porque te empuja más allá de tus límites”, afirma la venezolana.

Lo siguiente es Chaplin, coreografía del alemán Mario Schröder inspirada en la biografía de éste icono del cine, y Europe Further Afield: Israel, en donde los bailarines experimentarán las nuevas y frescas tendencias de la danza contemporánea israelita con obras de Gil Carlos Harush, Idan Sharabi y Ohad Naharin, quien este año estrenó una producción titulada Venezuela.

Lo que más me sorprende de éstas compañías es la organización, la cantidad de personal que tienen para ayudarte: vestuario, zapatos, peluquería… Y la manera de trabajo, organizada en el tiempo, en los horarios, nada parecido a Venezuela, a la sazón latina”, considera Enríquez. Para ella cada experiencia es un sueño hecho realidad, y aspira algún día presentarse junto a compañías como el English National Ballet y el San Francisco Ballet.

“Me gustaría exigirme siempre al máximo, ponerme nuevos retos y seguir empujando, presionando para avanzar. Me siento muy contenta con las experiencias que he tenido. No cambiaría nada pues hasta de lo malo uno aprende. Estoy muy agradecida con la vida, con mis maestros y todas las personas que me han enseñado, apoyado y ayudado”, concluye.

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Ana Karina Enríquez y César Morales Anderson (Bailarín Principal del Birmingham Royal Ballet)