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Solo una compañía profesional de Ballet sobrevive en Venezuela

El Ballet Teresa Carreño es la única compañía profesional de danza clásica que existe actualmente en el país

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Venezuela ha sido cuna de talentos artísticos. La danza clásica no ha sido la excepción, aunque debido a las actuales circunstancias del país, para los bailarines encontrar trabajo se ha vuelto cuesta arriba. Danzantes profesionales se ven obligados a emigrar debido a que los espacios para el ballet han menguado. De seis compañías profesionales que se crearon, hoy día solo queda una: el Ballet Teresa Carreño. Jóvenes, muy bien formados, con grandes capacidades y habilidades para destacar, buscan los teatros de otros países para brillar.

Este ha sido el caso de importantes figuras, cuyo talento los ha hecho merecedores de excelentes críticas nacionales e internacionales. Francesca Dugarte, caraqueña, le ha dado la vuelta al mundo sobre sus zapatillas y actualmente forma parte del  Washington Ballet. Karina González hace lo propio en el Houston Ballet, y en los teatros suramericanos la presencia criolla también se hace presente: Anthony Vivas y Yosmer Mejía mueven su cuerpo en el Ballet Iñaki Urlezaga de Argentina, Ethana Escalona y Mariselva Silva en el Ballet de Santiago de Chile y Careliz Povea, Alejandra Martínez, Liliana González lo hacen en el Ballet Nacional Sodre de Uruguay.

El debilitamiento económico, el control cambiario, las reformas en las políticas culturales como el cierre del Consejo Nacional de la Cultura (Conac) en 2008, son las razones principales por las cuales se han cerrado las puertas  del ballet profesional de acuerdo con los maestros de danza: Laura Fiorucci y Luis Penso. Se suma, además, la polarización política que disuade a las empresas de patrocinar a las compañías, y los cambios en materia de impuestos que ha hecho el actual Gobierno, según indica Fiorucci, quien ha sido maestra de la compañía del Teresa Carreño.

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Vicente Nebrada (1976) Foto: Ricardo Armas

De seis compañías profesionales que se desempeñaron en la capital, en 2017 solo resta una a flote: precisamente, el Ballet del Teresa Carreño (BTC). Los demás, el Ballet Internacional de Caracas (1974-1980), Ballet Nuevo Mundo de Caracas (1981-2015), Ballet Contemporáneo de Caracas (1992-2010), Ballet Metropolitano de Caracas (1968-2014) y Ballet Nacional de Caracas (1990 y 1991), desaparecieron. A excepción del Internacional de Caracas, que acabó por disputas entre sus directores, Vicente Nebrada y Zhandra Rodríguez, todos los demás cerraron por falta de presupuesto.

“¿Qué implica una compañía profesional? Tener una sede, tener un subsidio con el que pagar a los trabajadores, no tercerizados sino con salarios, bono alimenticio, fideicomiso, antigüedad, aguinaldo, prestaciones, todo. Además, la compañía se encarga de conseguir y producir los vestuarios, pagar los teatros, hacer las giras y de tenerle el botellón de agua a los bailarines  para que no tengan sed. Es una empresa que le da trabajo a un montón de personas”, aclara Laura Fiorucci, que actualmente de clases en el Taller de Danza de Caracas.

Única plaza, fuga apresurada de talentos

"Chopiniana" Laura Fiorucci y Christian Pérez
“Chopiniana” Laura Fiorucci y Christian Pérez

“Antes, los bailarines se rotaban de una compañía a otra y como cada una tenía una línea diferente ellos podían aprender cosas distintas en cada ocasión”, refiere la profesora y asegura: “Venezuela tiene un talento enorme y hay muchas escuelas a nivel nacional que siguen produciendo bailarines, pero ¿cuál es el campo laboral que tienen? Ninguno. Sólo el BTC, que no puede absorber a toda la población dancística del país: maestros, ensayadores, bailarines, etc”.

Esto origina dos fenómenos: el primero es que los bailarines opten por abandonar sus carreras y se dediquen a otra cosa, y el segundo, que decidan probar suerte en tierras extranjeras.

“Ha ocurrido en Venezuela desde hace mucho tiempo. Por ejemplo, en la década de los 50, Vicente Nebreda, Graciela Henríquez e Irma Contreras fueron a Francia a buscar nuevos horizontes. Quizás en esa época no había tanto manejo de información como lo hay ahorita, pero es algo que ha sido la naturaleza del bailarín en Venezuela y el mundo: buscar otras fronteras”, considera Luis Penso, actual coordinador del Ballet del Teresa Carreño.

Esta apreciación también la comparte Fiorucci, quien define al bailarín como un ser nómada que, al obtener todo el conocimiento que puede ofrecerle un lugar, se va. “No es así con todos, sino con los inquietos. El problema en Venezuela es que están siendo casi todos. Todo el que tiene la posibilidad, se va”, reflexiona por su parte.

Bailarina: Beatriz Márquez (BTC). Foto: Alejandro De La Barra
Bailarina: Beatriz Márquez (BTC). Foto: Alejandro De La Barra

“Desde mediados de 2015 comenzaron a irse. El año pasado estuve contratada por el Teresa Carreño para proyectos específicos y comenzando el año se fueron diez bailarines. A principios de este 2017 se fueron cinco, y unos seis tienen planes de hacerlo”, repasa Fiorucci. “Las compañías afuera están muy agradecidas con el país porque los estamos dotando de un personal altamente calificado, hermosos además, trabajadores, cumplidos, gente que ama y siente pasión por su área”, destaca.

El BTC puede ofrecer beneficios a los artistas sin embargo “¿cómo compites desde el punto de vista salarial? Una persona que empezando gane sueldo mínimo integral y de repente su primer sueldo en el exterior sean 300 dólares semanales. No solamente ocurre con el bailarín, sino con cualquier otro profesional”, señala el coordinador Penso.

“Es una decisión de cada quien, y si la acomete, le deseo el mejor de los éxitos. Lo único  que siempre les pido cuando algunos de ellos me han pedido alguna sugerencia es que el trabajo técnico y artístico sea su bandera, su bastión, no otra cosa”, precisa el docente, y agrega: “Si el bailarín consigue la plaza afuera quiere decir que aquí se formó bien, a pesar de lo que digan, aquí se le dio las herramientas que están siendo reconocidas en cualquier otra parte. Entonces, tan mal no se está haciendo”.

Elevados costos, nuevas oportunidades

“Las zapatillas de punta están ahorita entre 80 y 120 dólares y no hay dólar preferencial para esto. Se compran a dólar libre y saca la cuenta: unas zapatillas de punta a una bailarina le puede durar 15 días. Estamos hablando de una suma muy fuerte que las compañías no han podido asumir”, dice Fiorucci. El costo de una obra internacional también se catapulta: “Una pieza de un coreógrafo reconocido cuesta por encima de los diez mil dólares, sin contar pasaje, hotel, viáticos”.

Ante esto, el BTC cuenta con la investigación de Richard Linares, jefe de zapatería, quien trabaja en la producción de zapatillas de punta venezolanas. Además, un Laboratorio Coreográfico que permite a los bailarines investigar y crear coreografías y hasta presentarlas al público.

Karina Gonzalez, bailarina venezolana, Principal del Ballet de Houston. Foto: Todd Selby
Karina Gonzalez, bailarina venezolana, Principal del Ballet de Houston. Foto: Todd Selby

“Antes, todo era traído de afuera. La situación nos ha llevado a revisar lo que tenemos aquí, porque no podemos pararnos. Estamos pensando hacer repertorio contemporáneo en media punta, que es algo que se está haciendo a nivel mundial pues no toda compañía tiene para comprar mil puntas anuales“, apunta Penso. “Se busca esa mixtura de repertorio y ese balance. Se baila en media punta, en medias o descalzos”

Juventud, divino tesoro

Carolina Wolf, Luis Penso y Yuliana Bello Rojas en El Cascanueces (2016). Foto: Luis Colina
Carolina Wolf, Luis Penso y Yuliana Bello Rojas en El Cascanueces (2016). Foto: Luis Colina

Actualmente el BTC es una mezcla de bailarines de amplia trayectoria con jóvenes talentos. “El colchón del medio se ha ido. Nos queda trabajar con la gente que está, angustiante sería que no hubiese nadie”, puntualiza Penso. En su opinión, los jóvenes le inyectan una adrenalina y energía particular a los espectáculos, mientras los veteranos brindan esa esencia de profesionalismo y madurez artística.

“Los jóvenes tienen que pasar por ese proceso. ¿Que parece una compañía juvenil? Bueno, en el 86 nosotros estábamos en el Teresa Carreño y esa era la característica del ballet, que todos eramos jovencitos. Entonces, ¿por qué ahorita no puede pasar?”, pregunta. “Es un proceso natural, la compañía se está depurando sola. Hay gente por quien seguir trabajando actualmente. Con dificultades, fortalezas, debilidades, pero hay que hacerlo”.

Recuerda el maestro para finalizar que todas las profesiones tienen sus dificultades. En el caso del ballet, hay limitaciones económicas y sociales, especialmente de índole sexual. “Trabaje, luche por su sueño. Impóngase con su trabajo y la perseverancia, que eso sea lo que hable de usted”, concluye.