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El Taller de Danza de Caracas pule el talento de 60 bailarines (Parte II)

La investigación y estudio de la danza no se detienen ante las dificultades

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viene de la Parte I.

El Taller de Danza de Caracas se ha caracterizado por la perseverancia e insistencia. La gran cantidad de artistas que se han formado en estos espacios es una muestra de ello. Muchos, incluso, han encontrado su lugar en escenarios fuera del país. “Eso nos da la certeza de que lo estamos haciendo bien. La idea no es formarlos para que se mantengan en el Taller, sino darle las mejores herramientas para que puedan hacer lo que deseen con eso”, expresa la maestra, Yuri Cavalieri.

El pensum de estudio se adapta fácilmente a jóvenes desde los 15 años de edad, aunque son los mayores de 18 años quienes se motivan a experimentar. Uno de los motivos, es la complejidad de la danza contemporánea. “No es algo fácil de entender o fácil de aprehender”, refiere Cavalieri. Actualmente, son 60 alumnos matriculados en la escuela, en su mayoría universitarios y estudiantes de danza, quienes pagan un costo mensual muy por debajo de lo esperado y, en casos especiales, son exonerados del pago.

TDC. Foto: Edisson Urgiles
TDC. Foto: Edisson Urgiles

A raíz de la disminución de los espacios de investigación, el cierre de compañías, el éxodo de artistas, el abandono de la danza como forma de vida, este año el Taller ha venido ofreciendo a los bailarines de la ciudad clases matutinas de danza contemporánea, improvisación y acrobacia en telas. Se ha presentado un fenómeno interesante que consiste en que cierta población “quiere hacer danza sin mayor compromiso”, dice la directora. Es decir, no existe una gran exigencia o una disciplina tan férrea como en años atrás. El taller se ha adaptado y ha hecho esta apertura para que los interesados puedan venir, pagar por clase y bailar, cuando puedan.

 “Cada uno pica un poquito de cada lado y arma un todo”, explica la profesora de danza.  Tanto los alumnos como los profesores deben dividir su tiempo entre bailar en el Taller e ir a sus trabajos para poder mantenerse. “Mi generación se preocupaba por sacar una carrera universitaria y se dedicaba de lleno a la danza. Ahora es muy complicado: tienes que trabajar, ayudar a la familia, si vas a hacer danza tienes que pagarla con tus ingresos, la situación económica es muy fuerte”, recuerda.

Esta misma realidad ha derivado en una flexibilización en cuanto a la asistencia a clases. “Estamos trabajando con un mínimo de tres días para que ellos puedan realmente tener algún conocimiento porque de lo contrario no tienen nada”, considera Cavalieri, consciente de que lo ideal para la formación de un artista del movimiento es el entrenamiento diario.

TDC. Foto: Edisson Urgiles
TDC. Foto: Edisson Urgiles

A pesar de las dificultades, el espacio en el penthouse del edificio Tajamar sigue abierto después de cuatro décadas para los deseosos de bailar. “Aquí estamos. Tenemos nuestra escuela, tenemos la compañía, que ahora somos tres integrantes pues recién se acaba de ir uno fuera del país, a quien hemos apoyado para que alcance lo que desee. Seguimos formando gente, seguimos en la difusión, no hemos parado de bailar y seguiremos haciendo lo que sabemos hacer”, sentencia.

Para ella, formar bailarines, motivar a las nuevas generaciones y apoyar los jóvenes que quieren dar clases, es esencial para que la danza permanezca, pues lo importante no es sólo la parte creativa, sino también la pedagogía y la enseñanza de la misma.

Estudiar la danza

La escuela funciona durante las tardes. Allí se maneja el pénsum de cinco años creado por José “El Negro” Ledezma, quien en sus comienzos en el mundo de la danza viajó a Nueva York, ciudad oriunda del transformador artista Merce Cunningham. Fue él quien lo convenció de que la danza sería su vida. Al regresar a Venezuela, El Negro se dedicó a investigar y crear junto a sus bailarines del TDC, y poco a poco fue ideó la metodología que hoy en día sigue dando buenos resultados.

El pensum goza de la aprobación del Ministerio del Poder Popular para la Educación y tiene derechos de autor, sin embargo, la escuela no está registrada pues exigen una sede propia y una serie de requerimientos particulares que aunque el Taller considera tenerlos, las autoridades lo consideran “improvisaciones”.

TDC. Foto: Edisson Urgiles
TDC. Foto: Edisson Urgiles

Las clases incluyen danza contemporánea, danza clásica, talleres de otras vertientes de la danza como improvisación y contacto, danza tradicional venezolana, entre otros, y la cátedra de montaje coreográfico, de donde surgen las muestras escolares que hacen en junio y en diciembre, cuando se cierra cada ciclo de formación. Para su graduación, los avanzados tradicionalmente remontan piezas del repertorio del Taller que van desde los 80 a comienzos de los 2000, sobre todo las creadas entre los 80 y 90, cuando hubo el mayor despliegue técnico. Los egresados reciben una constancia que indica los años de estudio, las materia y una pequeña calificación cualitativa, lo cual les sirve para presentarse ante compañías profesionales.

El año pasado egresaron cuatro jóvenes como Intérpretes de Danza Contemporánea, Carmen Sumoza, bailarina de Espina Bífida Project, Viermaris Acosta Anthony Noguera y Paula Rodríguez, quien es parte del profesorado del Taller.

La ética, la disciplina y el pensum de estudio, se mantiene del Negro. Sin embargo, a nivel creativo y coreográfico cada uno de nosotros se ha ido alimentando de otras cosas y, de alguna manera, vamos renovando el trabajo creativo”, afirma Cavalieri, quien lleva las riendas del Taller de Danza de Caracas desde hace dos décadas. Los estudiantes reciben la formación propuesta por Ledezma y trabajan con su formato de clases, independientemente de las modificaciones que, desde su propio conocimiento y experiencia, cada profesor haya realizado.

Ledezma se retiró de los escenarios en 1999. Hoy en día vive ermitaño en su apartamento tipo estudio y pocas veces se acerca al Taller de Danza Caracas. Aún así, es muy apreciado por los conocedores y es considerado un valioso consejero. Cada vez que aparece en la escuela trae buenas historias y las palabras justas para seguir impulsándola hacia adelante.

 

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