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“The Night”: una novela negra que encuadra a la víctima

Explica Rodrigo Blanco Calderón que en la actualidad el escritor del género no se ocupa tanto del asesino sino de las razones que llevaron a la víctima a las manos del monstruo

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The Night es el título de la primera novela de Rodrigo Blanco Calderón. Se inspira en una canción interpretada por  Morphine que, según indica el escritor, es pertinente en lo obra porque capta el tema de la noche.

especial-caracas-gotica-parte-1Alfaguara Editores publicó la novela en España, en febrero de 2016; Madera Fina lo hizo en Venezuela, a mediados de año; Gallimard en Francia y pronto el libro tendrá ediciones en  holandés y checo. El autor explica que es una obra que tiene una marca contemporánea: la parodia de subgéneros. “Aquí hay novela policial, novela negra, gótica e intelectual y todos esos géneros están presentes de un modo auténtico, pero también paródico”, asegura.

Está claro que Blanco Calderón no es el único escritor que siente una fuerte atracción por la palabra, pero es uno de los pocos que la convierte en el tema de su novela…

–Tengo la impresión – comenta el escritor – de que a veces en el contexto venezolano el trabajo literario que hago se describe de esa manera, como si fuese una particularidad mía. Habría que ver en qué medida esto es cierto. Prefiero inscribirme en una corriente más amplia y  tradicional de la literatura que habla sobre la literatura, la literatura que habla del oficio del escritor, del oficio de la lectura y que, por supuesto, conlleva a una reflexión sobre el lenguaje.

–Autores como Roberto Bolaño, Ricardo Piglia y Fernando Vallejo, por mencionar tres escritores latinoamericanos contemporáneos – continúa el escritor – son ejemplos de que se trata de una tradición anterior. Pero primero tienes el caso de Borges, el caso de Cervantes, e incluso puedes remontarte hasta la Ilíada. Todas las obras que yo considero importantes no cuentan sólo una historia sino que tienen una cuota de autoreflexión; la reflexión que hace el autor sobre el propio acto de narrar y lo que implica en la sociedad. Esa es la tradición literaria que me ha marcado como lector y  ha sido natural que eso se haya filtrado en mi escritura.

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–Pero pareciera que el culto a la palabra y la rigurosidad de su empleo en la literatura por parte de algunos escritores se impone en nuestros días como una moda, o a lo mejor, es la respuesta que le dan los letrados al deterioro del lenguaje hablado. ¿No lo cree así?

–Me ha sorprendido encontrar, en ciertos periodistas culturales y también en ciertos críticos literarios, la idea de que la literatura autorreflexiva o la de metaficción sea una moda. Y  cuando yo oigo estas declaraciones me doy cuenta de que el universo de lectura de esas personas debe ser bastante limitado, en la medida en que no ha existido momento en el cual la literatura no hable de sí misma y sea metaficcional.

– Por otra parte – subraya Blanco Calderón –para mí la oralidad es un efecto de escritura. La oralidad es un efecto que se construye y en ningún momento es el calco de cómo se habla en la realidad. En mi caso trato de hacer un balance de la oralidad, relacionada con la extracción de mis personajes y de su lugar de su procedencia, por una cuestión de verosimilitud, pero eso siempre pasa por un cuidado del  lenguaje escrito. El cuidado en la escritura es una parte fundamental de mi trabajo porque la palabra es mi único medio de expresión. A diferencia del cine que tiene las imágenes, el sonido, la versatilidad de determinados actores, la única herramienta de la literatura es el lenguaje. Debe ser por eso que cada vez me vuelvo más consciente de los ruidos que puede haber en las cosas que escribo y eso lleva a una conciencia cada vez mayor y hace que la escritura se vuelve cada vez más problemática.

“Las princesas son mujeres que hieren, sin querer, a los demás. Hacen tanto daño con su belleza que con el tiempo se vuelven tímidas. Vuelcan hacia su interior la Gracia, como si así pudieran esconderla. Su personalidad es transparente y dócil como un celofán que apenas protege la rosa”.      

En The Night  hay  párrafos muy bellos, sugestivos, como el que antecede estas líneas. Con él se inicia el capítulo de “La Princesa y el circo”. Invitamos a Rodrigo Blanco a evocar su fragmento preferido, sobre el cual señaló: “Le tengo mucho cariño al primer párrafo de la novela. Las veces que me ha tocado releer el libro, el primer párrafo me sigue gustando porque lo encuentro efectivo para el comienzo de la historia y es lo que normalmente busco como lector de novela: un primer párrafo que suene bien, que enganche y que, de alguna manera, anticipe el curso de la novela”.

“Al principio fue un largo, inesperado, apagón de cinco horas. Caracas parecía un hormiguero destapado. Más allá de las citas canceladas, los cheques sin cobrar, la comida descompuesta y el colapso del metro, Miguel Ardiles recuerda ese día con una ternura casi paternal; la ciudad sintió el estupor de ser cueva y laberinto”. 

–¿Podría resumir las diferentes tramas que se entrecruzan en  The Night?

–Primero el contexto. La Venezuela del año 2010, cuando se hace oficial el sistema de apagones implementado por el Gobierno, que desde mi óptica hace que la ciudad y la vida de sus habitantes caiga en una especie de noche impuesta o noche obligatoria. Esto da paso a una serie de experiencias, llamadas por uno de los personajes, experiencias góticas o de un realismo gótico

–Con la extensión que permite la novela –prosigue Blanco Calderón– desarrollo dos grandes temas que  he trabajado antes. Uno es la violencia, tal y como está representada en la novela en esta serie de asesinatos de mujeres, en estos personajes monstruosos inspirados en el Monstruo de Los Palos Grandes o en el doctor Chirinos. El otro es la propia literatura, que en este caso viene representada por la obsesión  de los juegos de palabras de tres personajes y, sobre todo, en una especie biografía ficcional sobre la vida de Darío Lancini que yo hago.

Sobre Lancini el escritor afirma: “Es una figura importantísima de la literatura venezolana aunque haya publicado un solo libro en su vida. Fue una figura de referencia para la gente del Grupo Sardio, El Techo de la Ballena, Tabla Redonda; era un gran amigo de Manuel Caballero,  Rafael Cadenas y Oswaldo Barreto y fue una especie de autor  de culto que llegó a recibir elogios de gente como Augusto Monterroso, Sergio Pitol o Julio Cortázar. Cuando muere en 2010 y se publicaron informaciones sobre él,  inmediatamente supe que quería investigar más sobre su vida  pero no sabía aún cómo meterla dentro del libro”.

–¿Qué significó para Usted investigar a fondo los crímenes más terribles que ocurrieron en Venezuela en los últimos años?

–Para mí significó adentrarme en el horror de la sociedad venezolana. Una sociedad que está marcada por los feminicidios, por la misoginia, y sobre todo por la impunidad. Venezuela se ha convertido en un país donde  no solo los criminales están en el Poder sino que detentan  y dominan cada una de las Instituciones que deberían salvaguardar la vida y los derechos de los venezolanos.portada-de-the-night

– Este trabajo – dice el autor – me permitió entrar en contacto con la que llamaría, cierta tradición del horror y de la impunidad en Venezuela, que nos obliga a revisarnos como sociedad  desde una etapa anterior al chavismo. En el caso del doctor Chirinos se trata de un caso ejemplar, porque era una figura emblemática de esa mal llamada Cuarta República, una figura de referencia  a quién se le permitió cometer una serie de delitos y de crímenes que solo salieron a la luz cuando ocurrió el asesinato de Roxana Vargas. Parte de la novela es  ahondar en esa sociedad venezolana que aupó y ocultó ciertos crímenes horrendos simplemente porque quienes los cometieron estaban ligados a distintas esferas de Poder.

–¿Por qué en su novela no indaga las posibles causas que llevaron a los asesinos a cometer tantas atrocidades?

–Porque no lo consideré parte de mi labor. Fíjate, en la  literatura sobre el crimen y sobre el horror hay distintas tendencias. Desde los 60, y por algunos años, la literatura sobre crimen se enfocaba en el papel del asesino. Recordemos el caso emblemático de A sangre fría.  Allí el interés se dirigía al asesino y su psicología, una tradición que llega por lo menos hasta 1999 con  El Adversario de Emmanuel Carrére. Ahora  hay una tendencia reciente que  se ocupa más de la víctima y de qué pudo llevarla a las manos de estos monstruos, o  qué debilidad, tanto individual como de su entorno, la condujeron a esta emboscada. Fue lo que yo hice en el caso de Linda Loaiza, de Roxana Vargas así como de esta madre y esta hija que murieron incendiadas en Parque Caiza.

Sobre otros casos muy dolorosos que el escritor aborda en su novela, destaca: “A medida que yo escribía la novela (2010-2013) ésta se me  fue transformando en una especie de imán del horror al cual se le iban pegando, por asociaciones,  muchos de los casos que hemos visto en los últimos años.

–Crímenes espantosos suceden en todo el mundo. No sólo en Venezuela. ¿Cuál su reflexión sobre este drama?

–Efectivamente todos los países tienen sus problemas pero yo soy venezolano y  me ha tocado vivir  esta realidad. Esta es la realidad que me afecta  y me duele. Probablemente si  yo fuese francés estaría, como están todos los escritores franceses ahorita, reflexionando y tratando de  asimilar el problema del terrorismo y el problema de una integración entre las distintas religiones. Pero me ha tocado vivir en un país que tiene unas cifras de mortalidad inéditas en nuestra historia y que sólo son asimilables a  las de países en guerra. La cantidad de asesinatos que ha habido en Venezuela en los últimos años son una cifra que sólo puede ser equiparada con la arrojada por la guerra contra el narcotráfico que trató de llevar Felipe Calderón en Méjico, o los enfrentamientos bélicos que ocurren en los  Balcanes y en Siria, pero sin la guerra. Entonces, el caso particular de Venezuela es el que yo conozco, que me toca profundamente por razones evidentes, que tiene unas connotaciones que me interesan y todo mi trabajo se  convierte en mi aporte personal a ese retablo global del horror que está pasando.

La trama de The Night es intrincada y los personajes numerosos y complejos. Interrogamos a su autor sobre algunos tópicos. El primero: ¿Por qué en medio de la historia se detiene a narrar con tanta minuciosidad la fuga del Hospital Militar de Teodoro Petkoff  en sus años de lucha clandestina?

–Porque en mi investigación sobre la vida de Darío Lancini descubrí que él tuvo una participación tangencial en esa fuga que me parece maravillosa. Además,  investigando descubrí que Petkoff se escapa del Hospital Militar con la cédula de Darío Lancini porque se parecen mucho físicamente y eso me permitió reconstruir una escena muy bonita, una suerte de desdoblamiento entre el artista y el luchador social en una breve conversación que sostuvieron.

–La novela refleja la vida bohemia y diplomática de algunos venezolanos en Europa en la década de los 60. Una forma de vida que luce decadente ; ¿Era así?

–Bohemios eran y siguen siendo esos círculos. Quizás en Venezuela ahorita, por la crisis que vivimos, parece que la bohemia se ha reducido a una cosa muy privada y muy personal. No hay  dinero, ni tiempo, ni seguridad para darnos esos lujos que nos podíamos dar antes. Efectivamente puede haber algunos rasgos de lo que llamaríamos la decadencia, que para mí  es una forma de belleza también. Te pongo un ejemplo, el metro de París. Es una de las cosas más feas y  desagradables desde muchos puntos de vista, por lo que se puede ver  y por los olores, pero me encanta. Es como la negación o el inconsciente de esa ciudad tan hermosa que hay arriba.

Pudimos conocer al término de esta entrevista que el escritor actualmente residenciado en París, está haciendo un doctorado, escribe dos libros de cuento y comenzó una novela donde recoge algunos cabos sueltos que intencionalmente dejó en The Night.

Fotos: Iván Reyes