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Toledana y Bruxa: del fervor a la duda

Así como Sonia Chocrón publica dos de sus libros de poesía en uno "Toledana y Bruxa",Fedosy Santaella en su reseña recoge esa dualidad, el contexto de cada una de ellas y los rasgos divergentes que las caracterizan.

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En una edición de libro reversible preparada por Kalathos Ediciones, Sonia Chocrón publica este año 2019 dos libros de poesía: el rescate de su magníficamente añejado Toledana, y uno nuevo, hermoso, terrible y oscuro, titulado Bruxa.

Toledana es un libro fundamental de la poesía venezolana. En 1991 quedó de primer finalista en el Premio Fundarte de Poesía, y por igual en 1996 en el Premio Internacional de Poesía José Antonio Pérez Bonalde. Es el primer libro de la poeta, tenía treinta años cuando lo dio a conocer.

Toledana es una suerte de gran canto en tres actos que nos habla del amor de Raquel, que resulta, tal como cuenta la antigua leyenda, un amor prohibido y al borde del escándalo. Raquel, judía de Toledo, es nada más y nada menos que la amante del rey Alfonso VIII de Castilla, rey cristiano, por supuesto.

Kalathos Ediciones rescata así este libro delicado y poderoso que no puede quedar borrado del acervo poético venezolano. También se agradece que se le haya puesto a dialogar con Bruxa, esta nueva entrega de Sonia Chocrón que se abre ante sus lectores veintisiete años después de Toledana.

Dos libros de poesía de Sonia Chocrón, publicados por Editorial Kalathos, Toledana de 1991 y Bruxa de 2019 Foto: Revista Venezolana

Toledana transcurre en un universo de campos, florestas y mieles donde el amor, a pesar de ser un secreto, una blasfemia y una tragedia final, se levanta digno como una mística y una sonrisa luminosas. El libro tiene quizás reminiscencias de Lorca, de San Juan de la Cruz, del Cantar de los cantares y de las cantigas de los trovadores y de Alfonso X el Sabio. Raquel celebra su amor y su muerte en la sensualidad de un mundo que brilla en la luz del deseo. Toledana tiene sí esa belleza; Bruxa, por su parte, lleva otra luz. Bruxa vive en una poesía más descarnada y libre en su estilo, cercana, podríamos especular, a Celan, a Rimbaud, Baudelaire, Anne Sexton, a la más desgarrada Piedad Bonnett, e incluso, llevándome a los extremos, al infernal Leopoldo María Panero.

«Toledana también es Bruxa», dice Santaella pero el contexto es otro, Bruxa está la Venezuela de hoy. Foto: la poeta  Sonia Chocrón en Twitter

En Bruxa, digamos, esa luz trasparente y suave ha mutado, y la mujer que era la voz de Toledana también. Y digo mutado, porque justamente, en Bruxa encontramos un poema que sirve de bisagra para todos estos años.  Así leemos en los primeros versos de «Mutaciones»: «No siempre fui yo / la infiel / Una vez fui otra / en un tiempo lejano / la blanda judía enamorada / y fervorosa».

Habla en este caso la bruja, desde la mutación, desde lo que ahora conforma su espíritu de derrumbes. Alguna vez fue una blanda judía enamorada (aquella chica lejana de Toledo) y tuvo fervor, que es lo mismo que decir que alguna vez creyó con los ojos cerrados. Pero ya esta mujer de años, o siglos después, ha dejado de creer. Ahora esta voz poética es la silueta de una mujer que duda. En «Duda metódica» afirma que ella es de la suspicacia: «Fui hecha para dudar / Otros para creer / No pidan mejor vileza / que los ojos / y la conciencia abiertos». Se ve: esta ya no es una joven que ama, sino una mujer cansada de la traición de los siglos y de los poderes y los intereses de los poderes a través de todos esos siglos.

Entre la joven amante de Toledana y la hechicera de la villa fantasma y los bosques de Bruxa está el país, la Venezuela de estos años, la locura del poder, la mentira llena de simulacros, la credulidad, la complicidad de muchos. Esta mujer ya no se doblega, no venera y no vive el fervor; se ha revelado, se ha negado a bajar la cabeza y se ha convertido en la bruja, en la peor. Y es esto, la peor, tan sólo porque no calla, porque ha dejado de creer fervientemente. Estos versos de «Yo, la peor» así lo expresan: «Bienaventurados los benévolos / que son verdugos de los que nada saben / Bienaventurados los crédulos / Pues de ellos será el reino de los cielos / Yo iré sin titubeos al Tártaro». La bruja es de otra casta, la bruja es de los descreídos. Y así dice en el mismo poema: «¿Pero quiénes son los descreídos? / Los dueños de rencores / semejantes a la exactitud / Aquellos que recuerdan a los muertos / inocentes / Quienes se debaten entre el asco y mucho más asco».

Bruxa es un libro urgente y necesario para estos tiempos, un libro espejo de muchas almas venezolanas, cargado de una poesía sobrecogedora que duele. Tan sólo lamento del conjunto de estos nuevos poemas su final, que se me antoja abrupto, como si los versos se le hubiesen acabado. O quizás no sea esto una falla, quizás tan sólo así es este libro, como estos años, como el dolor del país, que es brusco y cortante y calla porque, lo sabemos, llega cierto momento en que el horror ya no cabe en las palabras.

La edición de Toledana-Bruxa recibió muy buen cuidado de la gente de Kalathos Ediciones, y cuenta, inobjetable plusvalía, con las notables ilustraciones del artista Juan Vicente Gómez Landaeta. Toledana-Bruxa es una joya curiosa que acopia un libro de poesía del siglo XX que merece ser rescatado y releído (o leído por muchos por primera vez) y otro nuevo, ya se ha dicho, necesario y desgarrador.