Inicio»Fotografía»Vasco Szinetar: los bárbaros compraron la franquicia de los pobres y el paraíso

Vasco Szinetar: los bárbaros compraron la franquicia de los pobres y el paraíso

Autor de la exposición Caracas Postcards- últimos apuntes

7
Compartido
Pinterest URL Google+

De ser un retratista – creador de la selfie cómo lo nombrara un periodista argentino  – históricos son sus autorretratos frente al espejo o sus series Cheek to Cheek y Descoloridos, recientemente presentadas en Buenos Aires, ha devenido en ojo estremecido ante la devastación que desde hace 20 años vive Venezuela. El periodo de los bárbaros en carne propia, es temática que lo obsesiona y recoge en su reciente muestra Caracas Postcards  – últimos apuntes. Szinetar coordina el archivo de la fotografía urbana- que dirige Diana López- el tercer archivo que habita en su larga historia como investigador de la imagen.

Susan Sontag definió la fotografía como una forma de asesinato blando. Un arte que por la ausencia de lo retratado, genera un sentimiento de nostalgia inmediato. Quizá ese sea el gran impacto del espectador que recorre la muestra Caracas Postcards – últimos apuntes, del artista Vasco Szinetar. Un golpe seco, un mazazo que lo conecta a esa imagen deslavada de un caminante extraviado, marcado por la huella de la crueldad y el dolor en este proceso de destrucción y exterminio civilizatorio, con eco en otros tiempos de barbarie.

Ajuste de cuentas

–Esta exposición mía- Caracas Postcards últimos apuntes, es un ajuste de cuentas con mi trayectoria: enfoco de manera central el tema del totalitarismo, como experiencia ya no ideológica, si no como experiencia de padecimiento. Eso me permite abrirme en mi exploración de una manera mucho más asertiva. Yo no hablo de chavismo, porque el chavismo es una anécdota. Yo hablo de los bárbaros. Los bárbaros son los instrumentos de la ideología totalitaria, y vienen por el mundo arrasando con todas las argucias y armas y tienen en su haber un instrumento poderoso: su acción se soporta en la mentira, en la construcción de relatos, nunca están hablando de la realidad.  Y estos señores, a mi entender compraron una franquicia: los pobres y el paraíso.

El pan nuestro de cada día Foto: Vasco Szinetar

Lorena González Inieco, curadora de la muestra ,que concluyó recientemente en la Galería Spazio Zero, señala en el texto de presentación que el artista  ofrece “calles póstumas de una visión ulterior que todos somos. En estas Postcards, Szinetar susurra lo que ya sabemos y aún no hemos escuchado a plenitud. Mientras auscultamos las señales, la ciudad se abre, atiborrada y consumida por los destinos postergados, sumida en los estertores del fallecido y casi tapiado libro de la realidad venezolana”.

Revela Szinetar que  la exposición ha sido una experiencia única: ” Primero con mi mujer, mi esposa Kataliñ Alava, diseñadora gráfica  que ha sido fundamental en el desarrollo de este proyecto- y en general para el desarrollo de su obra; con Lorena González Inieco que es una curadora sumamente inteligente, y con un joven artista venezolano Manuel Eduardo González, que además de gran artista, es un estupendo museógrafo. En los momentos previos a la muestra evaluamos muchas posibilidades. Al principio uno quiere incluirlo todo y no es posible. En ese proceso se fue depurando, limpiando, hasta que llegamos  a la sala, la página en blanco. Allí se fue construyendo el cuerpo de trabajo en su totalidad. Uno hace las cosas y el libro o el espacio fotográfico te permiten estructurar el discurso. Yo había intervenido una pequeña postal de Robespierre, por ejemplo, y en paralelo en una conversación que sostuve con Lorena, le dije voy a hablar con fulano de tal que trabaja los temas de la pobreza, de repente tiene unos poemas. Y ella me dijo: escríbelos tú, eres poeta. Me fui a casa y escribí todos los textos esa misma noche. Esos textos ya estaban escritos. Uno no hace un texto de la noche a la mañana, eso se va cocinando y cuando te sientas en soledad y silencio, salen.

Y el horror estaba tan cerca, reza uno de los textos tránsfugas que escribe Szinetar. Cuyo trabajo poético, está recogido en dos libros, uno editado por la Universidad Veracruzana, otro publicado en Venezuela: “En la poesía lo que  busco es el silencio. Poder expresar ese silencio. Mi experiencia es tratar de depurar al máximo la palabra hasta que no tenga que decir nada”. Giuseppe Ungaretti, Eugenio Montale, Eugenio Montejo, Pedro Salinas, Henry Michaux y Rafael Cadenas laten en esa voz que procura depurar

Y el horror estaba tan cerca…. Me di cuenta de que faltaba la postalita de Robespierre que yo había intervenido. Robespierre el maestro de la guillotina que terminó guillotinado. Y encontramos el lugar para ponerlo.

Una suerte de recodo, donde el espectador se topa de frente con el horror.

-Había otro texto Los bárbaros no serán olvidados que no tenía ubicación. Entonces entramos al baño y allí estaba el espejo, su sitio. Todo es una experiencia única y de creación.  Nada está hecho hasta que no se hace. Los proyectos tienen una complejidad que se va organizando de manera profunda. Y uno lo que tiene que hacer sabiamente, es permitir el silencio necesario para que eso que este allí se exprese de manera adecuada.

Vasco Szinetar:”Mi obra se sostiene en cuerpos de trabajo”,

Insistir en lo hallado

Vasco Szinetar talla la imagen que recoge su lente con la tenacidad de un escultor. No le basta convertirla en relato realista. Necesita conceptualizar, darle forma, hacerla discurso visual. Su trayectoria plástica está sostenida en cuerpos de trabajo que se revelan a lo largo de un proceso de un mirar reposado y atento.

Formado en la escuela de cine León Schiller de Lodz en Polonia y en la International Film School de Londres, la vida de Vasco Szinetar puede contarse desde la imagen que  ha venido persiguiendo desde hace unos treinta años desde el archivo de su abuelo embajador, el de una pasantía en el Ministerio de Sanidad y Asistencia Social, la insistencia en mirar lo ya mirado y una honda reflexión del totalitarismo. Aunque trabajó en varios proyectos cinematográficos, tanto largos como cortos, abandonaría el bullicio de un trabajo gregario como el cine, para refugiarse en la callada existencia del cuarto oscuro.

–¿En qué parte de la infancia queda tatuada la fotografía?

–Soy hijo de una pareja conformada por un judío transilvano que vino a América en el año 1938, y casa con una niña bien del campo: Esther Gabaldón Márquez, de la aristocracia agraria de Trujillo en Boconó.  Mi padre, Andrés Szinetar, húngaro rumano,  es uno de los fundadores del partido comunista en Venezuela y un agente viajero. Participa en las luchas y en la resistencia contra Pérez Jiménez.

La temprana pérdida del padre, avienta a la familia a Biscucuy y luego a Caracas , a la casa grande del abuelo en Caracas, ubicada en El Paraíso “De la noche a la mañana la autoridad de la casa es transferida a esa figura, a ese tótem histórico, un general decimonónico, que luchó contra la dictadura gomecista y fue embajador de Venezuela en Cuba, Brasil y Argentina en los años 40.  Todos pasamos a ser hijos, incluyendo mi madre.”

–En esa casa había una despensa con un baúl y allí había un  archivo que mi abuelo venía construyendo en su actividad como embajador. Alrededor de los diez años  tuve una de mis experiencias es ese archivo y de alguna manera eso me debe haber marcado

En aquella casa de trafico político e intelectual, crece un joven hiperquinético, que desde muy joven y siguiendo la huella familiar, se convierte en líder político: “Soy pionero de la juventud comunista. Al mismo tiempo comienzo a hacer fotografías con una camarita que me regala mi tío Edgar Gabaldón , escritor y periodista y llevo los artículos de mi abuelo al diario El Nacional y un diario de la izquierda  llamado El Clarín dirigido por Luis Miquilena. Eso me permite entrar al laboratorio y tener la experiencia de lo fotográfico allí.  Mi tío poseedor de una biblioteca maravillosa, se convierte en mi tutor y me incorpora a su espacio intelectual: desde muy joven tengo acceso a la literatura del más alto nivel. Los nombres de Rilke, Schopenhauer, Nietzsche, de Marx. con el filtro ideológico  con el que mi  tío ,comisario cultural, me hablaba de autores: ” esos son malos, ese es un pesimista”, decía.

El ojo plástico:

Hermano de la pintora Martha Szinetar, Vasco toma contacto  con el mundo de las artes plásticas y se acerca  a nombres como Víctor Hugo Irazábal, a Oscar Vásquez, Octavio Russo . Comienza un largo romance con el dibujo y el cine. Estudia cine en Polonia y luego en Londres y  se gesta en él,  “un largo camino de lucidez hacia la disidencia frente a la ideología marxista. “Este ha sido un proceso de construcción de una lucidez para vivir. Es un proceso silencioso en el que uno va estructurando  información – ya había ocurrido el caso del escritor Heberto Padilla en Cuba, la invasión a Checoslovaquia- depurándose hasta que llega al corazón de las cosas. Recuerdo que compré en Amsterdam la historia de la revolución rusa por Trotski y me llevé ese libro a Polonia, para como dicen los españoles “ joder”  Me fui a Polonia, siendo ya un disidente.

–¿Cuándo  empezaste a construir tu discurso visual?

–Comencé a hacer retratos en el año 78 y 79 pero en los 80 tengo mi laboratorio. He sido siempre un experimentador. Un explorador de la forma. En los 80 en un pequeño laboratorio que tenía en el baño de mi casa,  veo cómo se transforman las copias, se manchan. Aprendí es sistematizar el error. El arte se construye con atención, con escucha. Ver en silencio las cosas  que pasan y de ahí sacar en consecuencia una experiencia. Cuando uno descubre algo y se convierte en obsesión empieza a producirse la obra. Yo descubrí que se caía un papel, se manchaba y la convertía en un sistema. Ya sabía: la tiro al suelo, la piso y empiezo a hacer una obra. Ese mecanismo me ha permitido trabajar e ir modificando lo que hago. Eso tiene que ver con una reflexión de Paul Valéry sobre la construcción ad infinitum de un poema. Darle la vuelta, la realidad se transforma todos los días. He estructurado una metodología a partir de lo que voy haciendo, reflexiono, vuelvo, lo modifico y hago otra cosa. Hice una exposición en la Sala Mendoza,unos trípticos acerca de la reflexión sobre la mirada en los artistas visuales, estaba pegada a la pared, la desmonté, la intervine. La convertí como en basura y la retraté. Esos retratos se hicieron otros: golpeados, manipulados terminaron expresando la caída en el abismo, la muerte y esa obra se llama Deconstrucción Salvaje. Puedo seguir trabajando sobre eso ad infinitum. Al final los seres humanos somos variaciones sobre un mismo tema, lo que pasa es que hay gente que no descubre su tema y está perdida por el mundo.

El espejo. ¿qué buscas allí?

— Todo ser humano que tiene una cámara se retrata a sí mismo. Los primeros autorretratos que yo hice, me los hice en el año 1968 con una réflex que me regaló mi tío Edgardo. Yo trabaja en el Ministerio de Sanidad y Asistencia Social en el Archivo de Administración, haciendo una pasantía y  mi mamá también trabajaba en el Centro Simón Bolívar.  Puse la cámara y me retraté con mi mama e hice unos autorretratos. Años después en Londres estudiando cine, me hice un autorretrato con mi prima Carmen, que era mi novia. En el año 79  estaba en Nueva York, enamorado de una amiga judía fotógrafa Lidia Fisher, me hice una foto con ella en un espejo a la salida de un restaurante.  Quería un testimonio visual porque uno como buen fotógrafo es un fetichista. Empecé a hacer los primeros retratos en el espejo en los 80, a escritores, porque los admiraba. Retraté a Jorge Luis Borges cuando vino a Caracas y en esa misma época fui a París, visité a mi amigo Ben Ami Fihman y le hice unos retratos a Emil Cioran en el espejo, y luego a Gabriel García Márquez. Esos tres autorretratos me hicieron entender que estaba en un proyecto de largo aliento, un proyecto de vida, porque esa performance me permitía explorarme a lo largo del tiempo. Al final son retratos míos: yo establezco una coartada que de una manera luminosa y divertida me permitan verme a través del tiempo. Luego comenzó la serie Cheek to Cheek , como un proyecto conceptual, porque soy un conceptualista no descubierto como tal porque la gente tiene una mirada muy reducida de las cosas y poca curiosidad.

Cruz – Diez 1982; “el espejo me permite seguir mi proceso en el tiempo

Cuerpos de trabajo

–Hay una foto de registro que tomó el fotógrafo Oswaldo Tejada donde yo le hago un Cheek to Cheek a Miguel Otero Silva:  yo agarro la cámara pero quien dispara es Miguel. La idea era un autorretrato compartido, pero se me hacía muy lento el proceso. Empecé a hacerlo yo solo y comencé a hacer mis selfies. Esa experiencia la convertí en un sistema. Se que cuando hago retratos: tiene que haber un cheek to cheek, el plano medio, close up, plano general, plano medio. Yo entendí que para ser respetado –puedo decirlo ahora- uno tiene que concentrarse en cuerpos de trabajo. Tengo infinidad de cuerpos de trabajo. Yo por ejemplo tengo un trabajo mi queridísima Kataliñ, diseñadora  investigadora y es mi mujer. Desde la primera noche que estuvimos juntos y le hice unos retratos , ese  proyecto fue un proyecto de vida. He asentado ese viaje amoroso y familiar con ella. Tengo otro proyecto que se llama El Viaje, de nuestros viajes a Mérida en la camioneta Caribe y es el registro de mis hijos en la parte de atrás dormidos, desde pequeños hasta adolescentes, el nacimiento de ellos en el agua, la primera noche. Tengo un trabajo sumamente importante sobre los transformistas de la avenida Libertador en el año 79.  Otro que se llama como mi apartamento, Rocar 2c: la vida cotidiana allí; tengo otro sobre mi hijo Mikel porque él duerme y su cuerpo se entrega con una sensualidad increíble. Eso conforma un libro que estamos haciendo y que es el sueño. Mi obra está conformada por cuerpos de trabajo. Voy a dejarle un patrimonio a mis hijos enorme, van a ser multimillonarios.

–¿Por qué ocuparte de la temática totalitaria y de esos personajes fantasmas en Caracas Postcards en este momento? ¿Por qué te dedicas a retomar lo urbano?

–Las cosas no surgen de la nada. Para mí fue muy importante conocer a Robert Frank, cuando vino Ricardo Gómez Pérez a quien le hice su primera exposición individual en la galería Daguerrotipo. A través de él, conocí a Robert Frank que tenía un libro de fotos desde el autobús. Yo intenté lo propio. En Colombia hice unas fotos desde el autobús en el 2010. Regresé e hice otras desde mi carro de personajes en la calle. Y a finales del 2017 tomé unas fotos desde esa perspectiva y me sorprendió: vi unos personajes totalmente desprovistos, totalmente perdidos, en una ciudad sumamente deteriorada y todo ese acumulado me permitió decir ‘aquí tengo un proyecto’ Los Caminantes. Empecé de manera obsesiva a recorrer la ciudad en la parte de atrás de la camioneta mientras mi mujer manejaba, retratando a esos personajes y lo convertí en un proyecto específico. Todo el trabajo de intervención de los iconos referenciales del totalitarismo y los bárbaros se venía construyendo en paralelo desde 1980, cuando hago dos obras donde esos iconos tenían los ojos abiertos.  Son fotos intervenidas: fotocopias que intervengo con color. Salen Lenin, Stalin y yo. En  2017 entendí que había que borrarlos en la foto y así lo hice. Eso abre otro camino. En mi proceso de exploración, lo nuevo surge de lo viejo. De volver atrás. Desde pequeño, estoy vinculado al archivo, a buscar, a revisar, está el archivo de mi abuelo. Después trabajé con mi mama en el Archivo de Sanidad, esa es mi experiencia.

–Después de estos 20 años y la exposición Caracas postcards.. una imagen que explique al país:

–Un ciudadano perdido en un país que está perdiendo sus formas, su estructura, y un país sumamente triste y arrecho y frustrado.