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Venezuela estrenará en 2018 sus primeros largometrajes animados

Se espera que en 2018 “Kaporito, el guardián de la montaña” y “Mision H2O” se proyecten en las pantallas nacionales

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El alma de las imágenes comenzó a revelarse a través del taumatropo y el zoótropo, espacios donde lo inmóvil cobraba vida durante unos mágicos segundos. Así, la ilusión de las figuras en movimiento hizo del cine su hogar y encantó, con persistencia, la retina de cada espectador. Hablar del nacimiento del séptimo arte es hablar de los orígenes de la animación. Es mover, animar, darle alma a las cosas.

Esta área ha sido poco explorada dentro del cine venezolano en comparación con las obras interpretadas por actores y el formato más utilizado ha sido el del corto. Sin embargo, dos productoras llevan varios años trabajando en los primeros dos largometrajes de animación del país que esperan ser estrenados en 2018.

11954597_473221599544493_3527481194158333900_nMisión H2O es obra de Albatros y narra la historia de la aventura de Samuel un niño que desea recuperar el agua que la malvada “M” ha robado de Buenaventura. Así mismo, Zoótropo, asociada con Clic Productores, se traslada a la cordillera andina con Kaporito: el guardián de la montaña, film que pone de relieve la situación de riesgo que viven los osos frontinos debido a la caza furtiva.

Ambas películas abordan temas orientados hacia la conservación ambiental y encuentran su raíz en situaciones que ya se dan en el mundo: las guerras por el agua, la caza de especies en vía de extinción o la posición del hombre frente a la naturaleza. Las últimas dos sirvieron de motor para que Viveca Baíz tomara la decisión de dirigir una obra cuyo personaje principal es un oso frontino y, al compartir las mismas inquietudes, el productor Donald Myerston también se entusiasmó con la idea. De esta manera se embarcaron, hace siete años, en la aventura de hacer un largometraje animado.

Animación en pleno

La decisión de usar la animación para contar esta historia se tomó porque el protagonista es un animal que necesita conversar con el resto de los personajes para el desarrollo argumental. Las técnicas para trabajar de esta forma son muy diversas, puede ser stopmotion, en papel, cuadro a cuadro o digital (3D y 2D), como fue el caso de Kaporito. “Cada película animada, sea corta o larga, tiene una técnica particular. No hay una receta, cada equipo debe tomar sus decisiones según la presencia que aspira lograr”, explica la directora.

A pesar de esto, Myerston, aclara que se mantienen las etapas clásicas: se genera una idea, se hace un guión, se realiza la pre, la producción y la post. “Esa es una regla general. La diferencia está en que el cine de ficción retrata, fotografía, tiene un actor. Nosotros partimos de cero, hay que crearlo todo. En la animación todo lo que hagas durante la preparación de la película va a garantizar un buen resultado, por eso nuestra etapa de preproducción es larguísima”.

Hacer una película de este estilo va más allá de saber construir un personaje. El principio básico es mover la figura para que exprese la historia que se quiere contar. Una vez que la idea inicial esté clara se realiza con imágenes el storyboard, después, con el guión técnico se precisan los planos que van a conformar cada escena y cómo los personajes se van a mover en ellos.

Con los guiones listos comienza el proceso de animación. “Hay que poner en sucesión el stroyboard junto a sus características técnicas para convertirlo en un animatic. Ahí imaginamos cómo se mueve la película”, comenta Myerston. Para lograr un movimiento fluido los animadores requieren ser muy minuciosos y estudiar a fondo la anatomía, tanto humana como de cualquier criatura que deseen representar. Cada articulación se traduce en muchas horas de trabajo.

Durante este proceso los dibujos son fundamentales. “Llega un momento en que uno se olvida de las palabras del guión y trabaja en función de las imágenes con las que se desarrolla la historia a contar. Esa es la dramaturgia de la película”, complementa Baíz. Cada figura animada lleva una serie de capas antes de llegar al último acabado. Es necesario trabajar con las texturas, la movilidad, el fondo, la iluminación y la utilería de cualquier otro elemento que acompañe la escena. “Hay muchas cosas que tuvimos que eliminar para hacer la película más sencilla. Llega un momento en el que la razón se impone, hay que terminar, no se puede inventar más”, puntualiza.

Financiamiento y escuela

Donald Myerston y Viveca Baíz. Fotografía de Aureliano Alfonzo para ZonaCineCCS
Donald Myerston y Viveca Baíz. Fotografía de Aureliano Alfonzo para ZonaCineCCS

La Villa del Cine y el Centro Nacional de Cinematografía han apoyado a ambos largometrajes durante varias de sus etapas y, bajo el convenio Cuba-Venezuela, se realizaron intercambios con profesionales del Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográfica (ICAIC). Sin embargo, ante la escalada de la inflación los presupuestos han variado con bastante frecuencia. En palabras de Baíz, “ha sido más difícil el financiamiento que hacer la película en sí”.

Para Myerston, como productor, la elaboración del presupuesto se ha traducido en un reto enorme, sobre todo para calcular la tasa de inflación. La película inicialmente se había presupuestado en 37 millones, esa cifra ha escalado a un aproximado de 300 millones de bolívares. A pesar de la situación económica, el equipo no se ha detenido y se ha adaptado a todos los escenarios. “Nunca hemos parado la película. Kaporito nos deja la seguridad de que somos gente perseverante que ha logrado salvar muchos obstáculos, sobre todo en la parte económica”, precisa Baíz.

Durante estos 7 años de trabajo ininterrumpido muchos han pasado por la escuela que significó participar en un largometraje de animación. Kaporito, el guardián de la montaña se ha nutrido de gente con ansias de aprender y ha formado, a través de la práctica, a muchos jóvenes dibujantes. En Venezuela no existe una institución consolidada que profundice en estudios de animación, la Escuela de Cine y Televisión ofrece la carrera pero bajo una mirada muy básica. De esta manera, tanto Albatros como Zootropo, han recurrido a dar talleres para formar gente continuamente.

“Como ocurre siempre, dentro de la crisis encontramos algo beneficioso. Ante la dificultad en conseguir profesionales hemos creado una escuela dentro de la película que nos ha permitido iniciar a personas muy jóvenes en el mundo de la animación”, recalca Baíz. Otro punto a favor es que la alta rotación de personal no ha afectado la continuidad del film. La directora de arte Violeta Moreno y el diseñador Graciel Ávila se han cuidado de exigir el estilo preciso a cada ilustrador.

Por tratarse de la primera vez que se realizan largometrajes de animación en Venezuela, el proceso de aprendizaje y enseñanza ha sido continuo. Para Myerston esta ha sido la película más difícil que le ha tocado producir. “A lo largo de estos 7 años fuimos alumnos pero también maestros. No solo enseñamos a los que han trabajado en la película, sino al Estado venezolano que no sabía cómo juzgar el presupuesto de una película de animación. Hemos tenido mucho apoyo pero tuvimos que enseñarles. A partir de ahora ese camino ya está labrado y representa un salto adelante.”

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