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Villa Teola reflorece a distancia de 31 años

Talleres de varios instrumentos musicales, de canto y práctica coral, dibujo y pintura, creación literaria, danza y fotografía son algunas de las actividades que se pueden realizar en el complejo cultural

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El complejo cultural y social Villa Teola, en el municipio Guaicaipuro del estado Miranda, es un espacio que permite a los visitantes, cansados del humo y el ruido de la urbe, recordar que hace más de cien años su entorno era un tranquilo paraíso de árboles, agua y montañas con algunas construcciones que se destinaban a las vacaciones y el descanso de la cotidianidad caraqueña.

Esta casa de campo colonial -entonces llamada Villa Amelia-  fue construida y diseñada, entre 1912 y 1913, por encargo de Arnoldo Morales Sumoza, reconocido médico y político de la época, hoy es un centro recreativo donde se dictan talleres de varios instrumentos musicales, de canto y práctica coral, dibujo y pintura, creación literaria, danza y fotografía. Además, posee una gran extensión de áreas verdes que son un importante pulmón vegetal en la zona.

Niñas que danzan en el anfiteatro
Niñas que danzan en el anfiteatro.

En los 7.340 metros cuadrados que tiene el recorrido, se pueden encontrar más de 20 especies de árboles provenientes de distintas zonas de América del Sur, Asia y África que superan hasta los 15 metros de altura. Algunas permanecen desde que se construyó la casa y otras han sido sembradas en los últimos años para diversificar el jardín. Hay  varias agrupaciones para niños, grupos, los Scouts por ejemplo, que siembran sus retoños para que crezcan en este espacio donde no se ha podido determinar con exactitud cuántas especies vegetales conviven.

De vacaciones

Villa Teola subiendo por Puente Castro en 1940
Villa Teola subiendo por Puente Castro en 1940.

La historia de Villa Teola data de cuando Juan Vicente Gómez era presidente de Venezuela. Mientras se conformaba el Estado moderno en la capital y en las principales ciudades del país,Los Teques, tomaba auge y florecía como centro de descanso.

Relata Ildefonso Leal, cronista de Los Teques, que su clima saludable y la facilidad de acceso desde Caracas, los Valles de Aragua y Valencia -a través del Gran Ferrocarril de Venezuela o Gran Ferrocarril Alemán- invitaba a las familias adineradas y a los políticos de la cúpula de “El Bagre” a construir en el lugar.

En 1917, el general Antonio Pimentel  compra la edificación por 110.000 bolívares y le cambia el nombre a Villa Teola en honor a su esposa Teolinda. Después, con el paso de los años y a causa del abandono del campo por la ciudad, cualquier espacio debía ser aprovechado para albergar a los nuevos trabajadores.

Patrimonio en decadencia
Patrimonio en decadencia

El 20 de agosto de 1982  se inició la demolición de la casa. Sin embargo, la desaparición fue parcial porque el presidente del Concejo Municipal ordenó suspenderla por considerar a Villa Teola  como un patrimonio histórico y cultural de Guaicaipuro con las características de Parque Regional. A pesar del reconocimiento la misma se convirtió en guarida de antisociales, perros callejeros y vertedero improvisado.

Durante 31 años

Es una estructura que une lo moderno y colonial
Es una estructura que une lo moderno y colonial.

Con la demolición, la quinta perdió la mitad de su área. Los bordes irregulares y las grietas que unen las paredes antiguas con las del recién inaugurado complejo cultural , son prueba de ello. Silvio Mencias, coordinador de las instalaciones, adscritas a Metro Los Teques, explica a Esfera Cultural que todos los muros pintados en amarillo de la fachada corresponden a la parte original de la casa patrimonial.

Leyendas y relatos sobre la casa colonial han pasado de generación en generación
Leyendas y relatos sobre la casa colonial han pasado de generación en generación.

Los techos originales con estructura de madera, cubiertos con tejas planas de cemento, fueron destruidos por completo. Lo mismo pasó con las inmensas puertas y ventanas. De ellas sólo quedaron algunos marcos. Mientras que del piso, hecho con mosaico cerámico de distintos colores, sólo se pudieron rescatar algunos fragmentos que hoy acompañan el cemento pulido de su galería de arte Benito Chapellín.

La balaustrada de concreto moldeado que soportaba el remate de la terraza, frontal y lateral, permaneció allí y se convirtió en el escenario perfecto para la mujer vestida de blanco que aparecía cuando los liceístas aprovechaban la soledad del abandono para hacer cosas “prohibidas”. Los santeros y los mendigos también eran visitantes recurrentes de las ruinas.

Otra historia que relata Carmen Mecías, tequeña y amante de la lectura, es que durante las noches de luna llena el espíritu de un joven que se ahorcó en el árbol que ahora da sombra a las mesitas del cafetín, puede verse balanceándose de un lado a otro.

Memoria y cultura

Pulmón vegetal de Los Teques
Pulmón vegetal de Los Teques.

Invasiones, luchas entre ambientalistas y empresas constructoras, y, litigios legales inconclusos también acompañan la historia de este monumento. Aunque durante la investigación se pudo confirmar que el 2 de mayo de 2013 el presidente, Nicolás Maduro, aprobó 56 millones de bolívares para su restauración y responsabilizó a la empresa Consorcio Linea II para esta actividad y para su mantenimiento; dos habitantes del sector que han seguido muy de cerca a la Villa Teola ,Keiver  Contreras y una joven que prefirió no revelar su nombre, coinciden en que un bien nacional no debe terminar en las manos de una constructora.

Últimos preparativos antes de la inauguración en 2015
Últimos preparativos antes de la inauguración en 2015.

“Hay que determinar cuál es el objetivo de este complejo cultural para trabajar con el personal especializado que sepa dar respuesta a las necesidades más reales de la gente”, destaca Contreras.

Sin embargo, no hay duda, que desde su inauguración a finales de 2015, la casa ha sido un espacio donde la memoria mirandina y el hecho cultural se vuelven cotidianos. “Entre 800 y mil personas visitan mensualmente Villa Teola”, asegura Mecías. Ahora, queda la esperanza que el anfiteatro, el salón de usos múltiples, el parque, la biblioteca, las caminerías, las áreas para la contemplación e información de las especies botánicas y otros, perduren en el tiempo sin correr el riesgo de convertirse en ruinas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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