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Yeats y la idea de lo civil

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Hablar de William Butler Yeats es complejo, pues él lo fue, en la vida que llevó y en las obras que escribió. Siento que es hijo de una tradición occidental que la Ilustración logró seguir vedando: la esotérica; y de otra que privilegió: la del poeta como gestor de los cambios en la sociedad. Hablo del poeta como señor no solo de la palabra, sino también del conocimiento que todo hombre debe escuchar y seguir. Ambas tradiciones se funden en ambos en otra, mucho más antigua y primigenia: la del canto. Desarrollar una obra desde lo pre-verbal, desde aquello que el hombre hizo antes de hablar, es desarrollar una obra desde lo que se escucha. Ese escuchar proviene de la calle y de adentro, proviene de escuchar los signos de los tiempos e intentar dar la hora con el canto; la propia y de la aquellos por quienes se vela.

Para hablar de la poesía escrita por William Butler Yeats en el período final de su vida, abordaré cinco poemas. Pero primero quisiera comentar cómo en Yeats, desde el principio de su obra, comienza a aparecer el elemento cívico, a manera de construcción verbal de una polis irlandesa con sus elementos particulares y como ese mismo elemento aparece fundido con la visión mítica, masculina, musical y llena de símbolos en esa misma poesía. En The Rose of the World, compuesto de quintetos en tres partes, por ejemplo:

El poema termina cada parte en un sexteto, con endecasílabos los primeros cuatro. La forma en Yeats generalmente es respetuosa de la métrica inglesa más exacta. En Ireland in the coming times, el poeta se asume su bardo más fiel. Hablamos apenas de finales del siglo XIX, siendo Yeats un muchacho. La visión patriótica y la visión profética, lo que está en el mundo y lo que no está en él va siempre unido en cada verso, en cada octeto:

En Yeats hay siempre una marca de trote de caballo, casi violenta en su acometida hacia el final del verso; sabe jugar con la métrica del idioma, y conjuga más que en palabras, en la música de las palabras: por eso el encabalgamiento es constante.Nos dice Seamus Heaney: …una autoridad ecuestre, derivada de la convicción de Yeats de que “todos los viejos escritores, los escritores masculinos del mundo, escribieron para que lo que escribían fuese dicho o cantado, y en época más tardía para que fuese leído en voz alta a un público que o lo comprendía rápidamente o no comprendía nada”. En Yeats, que se confesaba impaciente ante la “literatura poética, afeminada de tanto insistir en ciertos instantes de forzado lirismo”, buscó una música que resonase al oído con la desnudez y el eco del grito que retumba contra la columna de una iglesia vacía. En The Fascination of What´s Difficult, hacia 1910, empezamos a encontrarnos con cambios en su poesía, en donde la idea del caballo brioso sigue presente:

En la poesía de Yeats, en especial en este poema, se nota sobremanera la tensión en cada verso, cómo cada palabra se determina por el dictado del oído y cómo la gran labor del poeta es la dar con la palabra exacta que exprese la fuerza del canto. Pero también se empieza a notar la simbología de cada una de ellas: el caballo que busca romper el establo y salir es Irlanda buscando su independencia y el poeta buscando nuevas formas de expresión. Hablar de cambios estéticos en Yeats es también hablar de cambios en su condición de ciudadano, en su sentido de participación ciudadana. En An Irish airman foresees his death podemos ver esto más claramente:

La idea de conciencia patriótica está presente en el irlandés que no odia a sus enemigos ni ama a aquellos por quienes combate: su lucha es más interior, su cercanía a la muerte le otorga claridad y dignidad. El poeta trabaja los octetos constantemente, lleva un ritmo, un golpe de caballo: toc toc, toc toc, toc toc, toc toc. Ya vemos la huella de la independencia del país acercándose. A terrible beauty is born, nos dice Yeats en Easter 1916, y nos habla del encarcelamiento, de las condenas a fusilamiento de líderes irlandeses que combaten por la independencia. Tanto en Meditations in times of civil war como en  Ninteen hundred and nineteen se vislumbra mucho más ese cambio: Yeats se hace más amargo, irónico, más cercano a sus principios teosóficos y más alejado de las vicisitudes y falsedades de sus propios conciudadanos. En el primer texto juega con décimas y alterna las formas; en el segundo texto igual. La bilis negra se asoma luego de una guerra de independencia que terminó exacerbando los elementos más primitivos de sus conciudadanos hasta llevarlos a la división del país y una cruenta guerra civil. La forma reflexiva se suma a sus versos, así como la cercanía a Swift, a quien escribe un poema hacia principios de los años treinta:

Esta cercanía a Swift es importante sobremanera: él se destacó por criticar a tirios y a troyanos, por el uso de la sátira para la reprobación de los actos más inicuos y viles de los ingleses y los irlandeses. Yeats se identifica con él en los últimos años de su vida

Los versos de Yeats se reducen a cinco sílabas, lo que hace el golpe de los cascos mayor y más veloz, siendo el tema misterioso, como una adivinanza hecha canción. La sencillez aborda la poesía del bardo y nos señala brevemente el tema que quiere tratar de manera rápida y sinuosa. En High Talk, la ironía, la burla de los grandes temas, de la hipocresía de los hombres y mujeres en sociedad se remarca. Yeats hace hincapié en la soledad interior del exilio propio:

Processions that lack high stilts have nothing that catches the eye

Versos largos componen este poema, que termina así y que empariento con Jiménez:

En The circus animal´s desertion se hace más amarga la poesía de Yeats:

 

El poeta se repliega solo con la soledad que tiene. Yeats vivió sus últimos años amorosos agitadamente, y dolido por Irlanda.

La depresión en Yeats se hace mayor en The man and the Echo:

Uno lee estos versos y entiende el homenaje que Auden le hace a Yeats al momento de su muerte: words change nothing. La sensación frustrante de no haber logrado fundar aquello que deseaba para su país, el regreso a sus raíces paganas, la importancia del día a día más allá de las luchas internas, lo consumió. Entrañable es este último poema, llamado Politics que lleva un epígrafe de Thomas Mann:

El poeta intenta volver, con la nostalgia, a aquello que es para él más primordial: el amor, la juventud, la pureza de las cosas. Pienso que a Yeats la realidad lo desbordó y a pesar de sus creencias trascendentales, la paz no fue aquello con que lo recibió la muerte.

Su búsqueda fue siempre constante, a pesar de los dolores, las depresiones, los exilios. No hago juicios sobre su vida, la hago sobre su obra que se me presenta actual, firme, rebosante y llena de preguntas para nosotros sus lectores.

 

Nota 1: Todas las citas son tomadas de la edición de la Antología poética, de W.B. Yeats, publicada por Lumen en 2005. La selección y el prólogo son de Seamus Heaney. La versión rimada en español (las traducciones) de Daniel Aguirre.