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Yéiber Román: Los Futuros Náufragos

Este es el primer artículo de Armando Rojas Guardia para esferacultural.com. El escritor nos honra con un texto diáfano,explicativo y conmovedor sobre el poemario de Yérber Román, uno de los cinco libros publicados en diciembre por La Poeteca.

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Sorprende y asombra que alguien tan joven como Yéiber Román se asimile a un pesimismo filosófico cuyos grandes exponentes son poetas y pensadores como Lucrecio, Leopardi y Schopenhauer. Pareciera, en primera instancia, que la visión trágica de la realidad y la melancolía que se desprende de ella constituyen un patrimonio espiritual de la madurez y aun de la senectud. La alegría y el entusiasmo suelen caracterizar al ímpetu existencial de la juventud. “Los futuros náufragos” es un poemario que desmiente ese aserto: en él nos topamos de bruces con la tragedia químicamente pura. Se trata de una apuesta lírica asaz desolada, sin grietas o fisuras a través de las cuales logre colarse un destello de júbilo o de gozo.

Tal percepción trágica obedece –todo el libro de Román lo proclama- a la situación social de la colectividad a la que pertenece el poeta. Una situación cruel e irredenta ante la cual no se vislumbran salidas. Es, pues, ésta, una poesía de la historia vivida y experimentada como pesadilla. Recorriendo estos versos uno recuerda aquellas páginas, hoy casi olvidadas, de Juan Liscano sobre lo que él llamaba el “horror por la historia”. Lo que Yéiber Román describe y retrata es un trozo de historia calamitoso, doliente, casi insufrible. Y digo “casi” no de manera casual ni azarienta; porque en medio del desastre histórico, del sufrimiento generalizado que el poemario resume, hay el atisbo de una salvación posible: el mismo acto de nombrarlos, el hecho mismo de convertirlos en materia poética, la inextinguible voluntad de canto que se celebra a sí misma pese a la negatividad real que la desafía pero que, a pesar de todo, la inspira. Decía Goethe: “El premio cabal para el que canta es el canto que canta la garganta”.

Así, este sobrecogedor naufragio experimentado por el poeta, quien otorga voz a todos los que comparten con él su horror y su desmesura y que no pueden, como él, experimentar la precaria redención del canto, consiste en una aproximación a la muerte pero que no significa morirse. Mientras dure la melodía visceral, atormentada pero verdadera, del canto encarnado en la poesía  hay y habrá un átomo de esperanza y la muerte es y será conjurada.

“Al marcharse / llevaron consigo nuestro aliento / además de una muda de ropa. / Los primeros partieron en botes sin remo; / los últimos se lanzaron por la borda. / Continuaron a nado. / Todos huyeron de noche, / con oleaje fuerte, / sin importar si había, / guiados por un faro con poca luz, / con riesgo de morir ahogados. / Fuimos raptados por la sensación de abandono. / El barco gana más peso. / En cámara lenta / nos hundimos ./  Pronto seremos náufragos aletargados / sin alguna isla cercana”.

Es la descripción imaginativa de una especie de épica doliente plasmada en la imagen del naufragio. El poeta nos dice que hoy y aquí, en nuestra sociedad –nada impide que la llamemos, a las claras, Venezuela- todos, absolutamente todos, somos náufragos. Ninguna isla redentora nos espera. Es sabido que, a diferencia del viaje aludido estéticamente por la literatura antigua, el viaje moderno y contemporáneo se caracteriza por ser un desplazamiento sin retorno al origen, sin Itaca final y acogedora. Se trata de una errancia sin norte y  sin destino cierto. Su plasmación poética, y en verdad paradigmática, es la emprendida por el “Barco ebrio” de Rimbaud. Ello hace más trágica la incertidumbre de ese movimiento “borracho” a merced del vaivén azariento de las olas. Y algo de esa imagen tutelar está sedimentada en el poema de Yèiber Román que acabo de citar. La única certeza en mitad del naufragio histórico –y también ontológico y existencial- que este libro relata y describe es la poesía que da cuenta de él

A mi edad y con cuarenta y cinco años de actividad poética ininterrumpida, yo celebro calurosamente el advenimiento al panorama literario venezolano de este poeta singular, ya muy diestro en la confección, la hechura y el acabamiento de sus textos. Su pesimismo me desafía; y su implícita fe en la poesía, como única salvación posible, la hago definitivamente mía.

Ley : El 14 de diciembre se celebró en el bautizo de los cinco libros de jóvenes poetas venezolanos publicados por La Poeteca. Los versos que Yéiber  Román leyó ante la audiencia desde su poemario ” Los Futuros Naúfragos”, causaron empatía y turbulencia en una audiencia que se identificó con los versos de Román. La foto es de Harold Nieles.